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Ha sido Darío Oscos Coria, el abogado de la familia de Juan Mena López y Juan Mena Romero –el padre y el hijo que cayeron en el socavón del Paso Exprés y murieron–, quien puso el acento: legalmente, los decesos de estas dos personas deben considerarse un homicidio culposo por acción u omisión. Y se infiere que entre los presuntos responsables el todavía titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza, y el delegado de la misma dependencia federal, José Luis Alarcón Ezeta. Pero acaso simplón el discernimiento, lo es también la deducción de que el brazo corto de la justicia no los alcanzará en un país de impunidades como el nuestro donde ley se rinde ante el poder político. ¿Cuánto vale la vida de dos seres humanos? La mañana que se abrió el socavón, el secretario Ruiz se apersonó en el sitio de la tragedia, generoso” calculó quinientos mil pesos del “seguro carretero” más otro tanto por parte de la empresa Aldesa. O sea, dos millones por los dos. Un insulto, de modo que a través de su abogado los deudos de las víctimas demandarán más. Y la gente común no lo ve mal, lo juzga muy bien. Cuatro, cuarenta, cuatrocientos millones de pesos será como quitarle un pelo al gato, pero cualquiera que sea la suma no devolverá la vida al padre y al hijo que la perdieron. Menos mal que el gran José Alfredo no era de acá. Dejado fuera del tema del pozo enorme en el carril sur-norte del libramiento de la autopista, Capufe recauda millones de pesos por minuto en las casetas de peaje que tiene en todo el país; el presupuesto de la SCT es archimillonario y Aldesa es una empresa constructora riquísima, así que el problema no es el dinero sino el ejemplo que cunda en casos similares. Por ejemplo, el del joven de 28 años de edad Omar Martínez Valdez que el viernes se precipitó seis metros, cayó desde un andador del Paso Exprés hasta el piso del carril, milagrosamente no lo apachurraron los vehículos que en ese momento circulaban pero sí sufrió un golpe en la cabeza que el lunes le costaría la vida. De acuerdo a las ubicaciones de las notas, el andador está a la altura de Tabachines o de Chipitlán, pero para el caso la misma desgracia pudo suceder en el puente de la avenida Palmira pues en sus cuatro costados no hay protección alguna, un muro o barandal que eventualmente frene caídas al carril norte-sur del Paso Mortal. En términos mediáticos, el del socavón le puso una chinga monumental a Morelos; precisamente en el arranque de las vacaciones de verano ahuyentó miles de turistas. Los chavitos están de asueto y desde el primer día sin clases se ponen casi histéricos. Quieren y necesitan que los lleven a la playa, o mínimo al balneario. De éstos tenemos en Morelos para dar y prestar, desde el balneario rústico para los que gustan del turismo ecológico (¿qué tal el agua azufrada  de Las Huertas, en la ribera del río tibio surcando el verde de la selva medio baja caducifolia del municipio de Tlaquiltenango?), hasta los juegos acuáticos para los masoquistas que disfrutan de la adrenalina, lanzados  desde  lo alto del tobogán largo y sinuoso donde viven la emoción fugaz de sentir que se les botan las canicas de los ojos, en medio del griterío de las muchedumbres hacinadas de semi encuerados en El Rollo o la ex hacienda de Temixco. Cosas de las vacaciones, cuando todo se pone caro y endiabladamente complicado. Gente, mucha gente por doquier, de noche y de día. Los “supers” atestados de clientes frenéticos, haciendo compras de pánico para la despensa extraordinaria, pues hay que llevar los trajes de baño para los chicos, y para los grandulones la botana, los pomos y las chelas. Igual las plazas comerciales: repletas de mirones, cinéfilos y comensales desesperados, como si el mundo se fuera a acabar. El campo ideal para el picnic, donde a los despistados cualquier arroyo se les hace bueno y se dan un chapuzón, ignorantes de que está contaminado porque río arriba recibe las aguas negras de la comunidad cercana. O las carreteras, de sur a norte y de este a oeste, circulando a paso de tortuga carros, camionetas, autobuses, tráileres y camiones cargueros porque entre todos suman cientos de miles, o por los atorones en los retenes policíacos de los operativos de seguridad. Y las autopistas, que debiendo ser rápidas y fluidas resultan tan lentas como caras, estrecho el tramo tepozteco de La Pera-Cuautla y en eterna reparación la Del Sol, mal hecha desde su inicio y más onerosa que hacer una nueva luego de tres décadas de reparaciones sin fin. De cualquier manera, a quienes este fin de semana puedan tomarlas, ¡felices vacaciones!.. ME LEEN MAÑANA. 
 

Por José Manuel Pérez Durán

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