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La magia de la geometría, del rectángulo áureo, de los rectángulos armónicos, del pentágono pitagórico y de la serie de cuadrados de San Benito, se encuentran insertos en cada una de las plantas y espléndidas portadas de los 16 conventos y parroquias del siglo XVI en Morelos, todas ellas cabeceras de doctrina en la labor de evangelización en Morelos, pero solamente 11 de 22 fueron elevadas por la UNESCO a Patrimonio de la Humanidad”, dice Agustín Moro Viveros, doctor en Arquitectura especialista en templos y monasterios del siglo XVI. 
“Todo esto con el sustento teórico conceptual de los tratadistas clásicos y académicos, desde Pitágoras y Euclides, pasando por Vitruvio hasta Vignola y su regla de los cinco órdenes de la Arquitectura, obra publicada en 1562, en la que explica la estrecha relación entre matemáticas, música y arquitectura. Esta información la he realizado con la profundidad y el rigor científico y académico, llegando a la conclusión de que todos estos trazos guardan una estrecha relación geométrica y bidimensional entre los diversos espacios de portadas y atrios.
“Mi ‘Catálogo Gráfico de 16 Monasterios del S. XVI en Morelos’ fue sólo el inicio, pero con él, formé el cuarto capítulo de mi tesis doctoral, obviamente mejor sustentada y trabajada. Esto que te comento en esta entrevista, constituye el 5º. Capítulo e incluyen mis conclusiones. Ahora bien, se sabe que los templos del XVI fueron edificados por los mendicantes bajo el convencimiento propio de la existencia de ‘un plan divino’ de carácter providencial, y que, llegados a Mesoamérica, traían ‘bajo el brazo’ la formación filosófica de la antigüedad, el compartir con almorávides, (especie de sabios ermitaños musulmanes y monjes soldados salidos de grupos nómadas provenientes del Sahara, que con el tiempo formaron un imperio a caballo entre los siglos XI y XII que se extendió por las actuales Mauritania, Argelia, Marruecos y la mitad sur de la península ibérica).
“Traían también los libros y reglas de Marco Vitruvio, el tratado analítico de formas estrelladas del conde Villard de Honnencourt, la regla de San Donato, dirigente Agustino que tuvo interrelación con monjes templarios, la geometría de la Cruz de San Benito, generadora de cuadrados sucesivos, y los trazos de planos benedictinos de Montecassino y de San Gallen, incluyendo los tratados de los primeros humanistas cristianos renacentistas, Desiderio Erasmo y Tomás Moro, aparte del sustento espiritual de su Biblia.

‘SECRETÍSSIMA SCIENCIA’
“Entre los estudios de profundo análisis sobre geometría ligados al esoterismo y la numerología, un estudio realizado por la Dra. Margarita Martínez del Sobral, autora de ‘Numerología astronómica mesoamericana en la arquitectura y el arte’, refiere que los frailes de las órdenes mendicantes conocían y fundamentaban el trazo de edificios en los misterios de la geometría del cuadrado, del triángulo, el rectángulo, en la ´Cruz de San Benito de Nursia´, en triángulos egipcios, equiláteros y pentágonos, con lo que se demuestra que los conocimientos de los monjes eran parte de la ‘Secretíssima Sciencia’, que obedecía al hábil manejo de ambas disciplinas imbricadas en la Nueva España con la cosmovisión o visión indígena y sus conceptos de espacio, tiempo y de trazo para dar lugar a la arquitectura monacal del siglo XVI.
“En ese mismo tenor, el Mtro. Claudio Favier Orendáin asevera que mientras los frailes conceptualizaron los trazos en brazas, varas castellanas, pies, cuartas y pulgadas, en el mismo sentido, el arquitecto indígena, el ‘Tlayoltehuani’ (el que diviniza las cosas con el corazón’) conceptualizaba el espacio y el tiempo de manera geométrica, pues interpretó y adoptó los nuevos ‘tlamachihualtepetl’ a sus medidas como eran el ‘Octacatl’, el ‘Yolotl’ y el ‘Omitl’.
“Ahora bien, dentro del universo de estudio, se tienen 16 inmuebles de valor histórico-arquitectónico en los que se mezcla lo mágico del trazo con el ancestral conocimiento de la geometría euclidiana y pitagórica. De éstos, existen tres en Morelos cuyos frontispicios son netamente platerescos, ellos son los conjuntos agustinos de San Juan Bautista, Tlayacapan; San Juan Bautista, Yecapixtla, y el tercero es el dominico templo de La Natividad, en Tepoztlán. Sólo dos templos obedecen a estrictos cánones académicos: el de Santiago Apóstol, Ocuituco; y el de Nuestra Señora de la Concepción, en Zacualpan de Amilpas.
“En tal sentido, los dos templos franciscanos existentes, a pesar de su marcada austeridad, no son por eso menos bellos y armónicos. La Catedral de la Asunción, en Cuernavaca, cuenta además con marcada influencia indígena, sobre todo en la portada poniente; es pertinente indicar que los cuerpos de sus torres de campanario, elaborados entre los siglos XVII y XVIII, son marcadamente barroco/indígena. Sin embargo, su integración espacial con su entorno atrial se logra de manera sorprendente para conformar, sin contrastar, parte importante del conjunto atrial. 
“El otro es el de Santiago Apóstol, de Jiutepec, que es más híbrido, con acabados más elaborados al estilo renacentista, y el resto de las 11 portadas, o sea Jiutepec, Yautepec, Oaxtepec, Tetela del Volcán, Tlaltizapán, Totolapan, Atlatlahucan, Ocuituco, Jantetelco, Jonacatepec y Zacualpan de Amilpas, cuentan con portadas más pequeñas, sin perder por ello de vista que sus dimensiones menores están en proporción a las mayores, como éstas lo están al todo, esto es en media y extrema razón.
REVELA TECNOLOGÍA LA
MAGIA Y LA ARMONÍA
“Dentro de la labor de investigación que realicé, cada templo fue dimensionado con medidas láser, incluyendo las portadas de acceso al templo y dibujadas en distintas escalas; conté para ello con el soporte fotográfico de todas las piezas que componen cada uno. Así, al hacerlo, encontré que es notable comprobar que ‘mágicamente’ empalman unos con otros y cuentan con sorprendentes similitudes espaciales sin llegar a ser jamás, nunca, dos iguales.
“Dentro de esta investigación del pasado, hubo nuevas aportaciones al demostrar en forma concluyente que el cuadrado básico fue y es la figura geométrica fundamental utilizada para bidimensionar, trazar, comparar y edificar templos y monasterios. De ahí que esta tesis demuestra gráficamente que en la edificación de los templos y conventos del siglo XVI se utilizó el rectángulo áureo y el rectángulo armónico, incluyendo el cuadrado de San Benito. Finalmente, se concluyó en la tesis doctoral que la planta de la nave del templo representa el cuerpo del Cristo inerte, mientras que el presbiterio simboliza la cabeza.
“En la plateresca portada dominica del templo de la Natividad, en Tepoztlán, se realizaron trazos geométricos del armónico Pentágono. Ese es uno de los tres templos de puro estilo plateresco en Morelos. Ahí es notorio el fino trabajo elaborado por los indígenas, donde se vertieron elementos mudéjar, góticos y renacentistas, tanto en la portada, planta y demás espacios del templo y monasterio dominico, dando lugar a esa ‘secreta lectura geométrica’, realizada por los frailes mendicantes. En el dimensionamiento que se hizo de las portadas de los templos en Morelos se tomaron en cuenta las tres medidas primordiales del mundo mesoamericano: el Octacatl, el Yolotl y el Omitl”. 

CONOCIMIENTO, HERENCIA
DE MORO VIVEROS
Sobre el motivo por el que ha dedicao su vida a buscar estos trazos, Moro Viveros responde: “Lo hago en vista de la escasa interpretación teórica arquitectónica existente sobre la lectura geométrica de trazos gráficos inscritos en nuestro patrimonio. Lo he hecho para salvaguardar toda esa información acerca de nuestro patrimonio monacal y catedralicio. Por desgracia, la producción de teorías en portadas de templos y monasterios se ha perdido y casi se desconoce.
“Lo hago para los estudiantes, no sólo universitarios de las carreras de Arquitectura e Historia, sino también para aportar conocimiento humanístico a los estudiosos apasionados y preocupados sobre el descubrimiento y conservación de nuestro rescate tangible durante el controversial siglo XVI, a través del cual es importante comprender todas esas corrientes llegadas desde siglos atrás para cimentarlas en las plazas ceremoniales indígenas cristianizadas o atrios, espacios donde lo hispánico, junto con la creativa mano de obra indígena, dio como resultado la arquitectura de monasterios que marcan y distinguen al siglo XVI como un siglo fundamental en la historia y la cultura de México, y en lo particular de Morelos”, concluye. i