1.Este miércoles 14 de junio se conmemora el centenario del natalicio del pintor Manuel González Serrano, quien vivió y produjo la mayor parte de su obra en la Ciudad de México, en donde murió debido a un paro cardiaco, a los 43 años de edad. Su cuerpo fue encontrado en el quicio de la puerta de una casa ubicada en la calle Topacio, en La Candelaria de los Patos y fue enterrado días después, en el Panteón Español. Desde entonces no se ha dejado de hacer notar que el artista vivió como murió: tocado por la negrura de la melancolía y el mito que envuelve a sus congéneres, los llamados Poetas Malditos.  
González Serrano creó más de 500 obras, divididas entre lo que los especialistas denominan malamente “obra mayor y obra menor”, porque se refieren a la técnica empleada (dibujo es menor que pintura), sin tomar en cuenta que un estupendo gouache salido de lo más profundo del alma humana puede ser infinitamente más conmovedor -que al final es lo que cuenta, el efecto estético- que un óleo elaborado sin la misma inspiración. 
Manuel ha sido muy apreciado por el periodismo especializado y tomado en cuenta para exposiciones colectivas de primer nivel dentro y fuera del país. Hoy se considera dentro de lo que la crítica de arte Teresa del Conde denominó “Otra Cara de la Escuela Mexicana de Pintura” y el también académico Jorge Alberto Manrique llamó “La Contracorriente”, ambos haciendo alusión al hecho de que el pintor no se sujetó al discurso comunista en boga, sino al de su experiencia vital, con todo lo que la minuciosa auto-observación implica.   
2.Cuento esta historia hoy, en mi columna semanal de DDM, porque el aludido fue el hermano mayor de mi padre, Lic. Alfonso González Serrano y al artista he dedicado buena parte de mi vida profesional como historiadora del arte. Sin embargo, ni este ni otros artículos, programas de TV y radio, además de un librito y el texto curatorial del catálogo de la muestra titulada “La Naturaleza Herida” (ambos publicados por CONACULTA) dan cuenta de la pasión generada por su obra en mí desde niña. 
Normalmente estas cosas no se dicen en los textos académicos ni en los periodísticos porque el tono, salvo en contados casos, se pide nazca de la objetividad. Quienes nos dedicamos al comentario profesional de las artes plásticas acostumbramos a discurrir partiendo de análisis formales, implicaciones teóricas y señalamientos del orden de lo simbólico. Pero como este próximo miércoles estaremos en Lagos de Moreno, en “El Montecristo”, que fuera la casa natal del pintor, inaugurando una muestra de su obra montada por el coleccionista y anticuario Don Alfonso Escobar Manrique y luego fomentaremos la charla partiendo de una mesa redonda en la Casa de Cultura Manuel González Serrano, ubicada a unos cuantos metros, me permito compartir con ustedes parte de esta historia que tiene que ver con mi destino y mis amores.
3.“Lo que se hace por el padre” es un tema del ámbito psicoanalítico que en mi caso se manifiesta porque al mío le tocó en suerte cuidar del hermano mayor y heredar piezas suyas que de niña yo veía emocionada en su oficina. En esa época comencé la investigación que incluye no pocos dolores-memoria de mi padre, la nana Tata, mis tíos y tías y varios amigos del artista. A todos de alguna manera consciente o inconsciente nos ha conmovido la capacidad humana para expresar las paradojas de la vida. Entiéndase con ello la noción de deseo contrapuesta con la imposibilidad de lograr su feliz realización y el conflicto que conllevan la idea del pecado y el amor en pareja, entre otras cositas que ese día diremos, porque su propuesta da para muchas reflexiones.

Además proyectaremos sus composiciones frutales y florales cargadas de erotismo, sus paisajes de cielos a punto de romper en tormenta que incluyen las ruinas vinculadas con la iconografía local, algunos retratos psicológicos realizados a personajes como Silvestre Revueltas y los divinos rostros que con pasión realizó casi a manera de autorretratos. 

4.Como se dará cuenta, querido lector y lectora, voy hilvanando este texto con lo general, que es la historia del arte (aquí entran el surrealismo bretoniano y la pintura metafísica) y con lo propio, que a veces duele. También se dará cuenta de que decidí firmarlo diferente, con mi nombre de soltera, debido en gran medida a la lealtad que debo a mis antepasados. Pero eso no es lo importante, lo importante es que se reconoce la obra de este gran artista mexicano difundido masivamente por obra y gracia del internet (la información de Wikipedia contiene varios errores).
Termino invitándolos a ver “Melancolía”, una muestra colectiva expuesta hasta el 9 de julio en el Museo Nacional de Arte, en la que se exhiben 5 piezas del jalisciense y los invito también a que me acompañen el próximo 22 de junio, a las 7 PM, a Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes en la CDMX, a participar en la mesa redonda en la que el crítico de arte Luis Rius, el periodista Javier Aranda Luna y yo insistiremos en la magnificencia de la obra de este jamás olvidado pintor mexicano. FIN.

Por María helena gonzález
 

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