Cuernavaca, Morelos.- Del año 2012 al 2017, el número de cremaciones en el estado de Morelos ha aumentado de forma paulatina, pero sostenida.

De acuerdo con la estadística de la Dirección General del Registro Civil, en 2012 el número total de defunciones fue de 10 mil 172, de cuyos cadáveres, el 85.9 por ciento tuvo como destino final la inhumación, y el 14.1 por ciento, la cremación.

La relación entre el número de inhumaciones y de cremaciones se ha mantenido en los últimos cinco años, con un aumento acentuado en los primeros ocho meses del año en curso.

Durante este periodo, el número de decesos fue de 8 mil 991, de los cuales, al 82.6 por ciento de los restos se les dio “cristiana sepultura”, y al 17.4 por ciento, se los cremó.

La práctica de cremar el cuerpo de un ser querido está determinada por diferentes factores, entre ellos la reducción de espacios en los campos santos y el alto costo que puede representar la adquisición de una cripta en un cementerio moderno privado, que señaló la directora del Registro Civil, Paulina Couret.

Una cripta en la capital morelense puede llegar a costar hasta 50 mil pesos.

Aunque la incineración en la entidad es una práctica común con números que van en crecimiento, su comportamiento ha sido reservado.

La mayoría de cremaciones tiene lugar en la capital, mientras que en el interior, las familias siguen dando prioridad al entierro tradicional de sus muertos.

En las principales ciudades del país, como Guadalajara (Jalisco), Ciudad de México y Monterrey (Nuevo León), la cremación de restos humanos ha tenido un aumento considerable en los últimos años.

De acuerdo con los datos de la Asociación Necrológica Mexicana (Anemex), en 2012, de cada nueve servicios funerarios en la Ciudad de México, cuatro terminaron en cremación, en tanto que la ciudad con el mayor número de incineraciones fue Guadalajara, con el 80 por ciento.

En el año de 1983, el Concilio Vaticano quitó la prohibición a la cremación de cadáveres, aunque ahora, hace apenas un par de meses, la Iglesia prohibió a las familias católicas conservar las cenizas de sus muertos en sus viviendas, así como esparcirlas en espacios abiertos, como se acostumbra en algunos lugares.

Por: ANTONIETA SÁNCHEZ
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