La corrupción que existe en México desde hace muchos años se ha venido recrudeciendo en los últimos tiempos; desde que se inició la alternancia en nuestro país ha sido más fácil detectarla, y ahora que ya no hay un partido hegemónico, las cosas son más fáciles.
Con virtuales “virreinatos”, los gobernadores se cubrieron cuando el priismo perdió la presidencia, inventando la Conago para poder negociar en conjunto las participaciones federales, que han aumentado de manera desmedida a los estados, para que la Federación sólo a través de ellos inyecte el dinero federal en los estados.
Entonces, lo que ha pasado es que se han convertido en “virreyes” demasiado poderosos, los que pueden hacer uso de los recursos de manera discrecional y han tomado un control que lo único que ha alentado es la corrupción y la impunidad de la manera que lo estamos viendo en el país.
Todos hemos sido conscientes de que los gobernadores, a través de la historia, han hecho negocios importantes, han tenido preferidos dentro de los constructores y entre los propios funcionarios de su gabinete, pero nunca se había llegado a la corrupción que hemos visto en los diferentes estados del país en los últimos años.
Nunca se había tenido a punto de ser encarcelados a tantos gobernadores, y nunca había habido tantos detenidos; además, desde luego, de tantos candidatos a seguirles los pasos.
Si bien es cierto que en el arca abierta hasta el más justo peca, aquí, al dejarles todo el poder a los “virreyes” estatales, en lugar de hacerles bien les han hecho un daño irreversible, porque el problema de la política es que los que llegan a esos cargos normalmente pierden el piso y creen que ellos son verdaderamente los dadores de vida; creen que a través de la mafia que han creado con su asociación tienen derecho a ordenar y no voltear a ver a los ciudadanos; y piensan que además los ciudadanos deberíamos de estar agradecidos con ellos porque nos gobiernen.
La verdad, mi verdad, es que la corrupción ha llegado a niveles de “excelencia”, de manera que donde le busques la vas a encontrar, y que no hay uno que se salve de una verdadera auditoría, pues es tanta la concentración del binomio poder y dinero de los gobernadores que se vuelven locos.
Ahí se equivocaron al determinar que el dinero sólo bajara a los estados a través de los gobernadores, así como se equivocaron en dar también un exceso de recursos a los presidentes municipales, siempre a través de los gobernadores, lo que ha desatado una corrupción que primero se hizo muy visible en Tabasco, luego en Sonora, y ahora en Veracruz, donde llegan los ejecutivos a engolosinarse tanto con el dinero y el poder que pierden el sentido de la realidad; la verdad es que los ejemplos los tenemos todos los días y en todos los estados.
Todo ello con este binomio de poder–dinero que está acabando con el sistema político mexicano, ya que el mismo ha permitido que los gobernadores compren de manera descarada y clara a los congresos de los estados, el control en las obras publicas les correspondan o no, y que hagan dentro del “virreinato” lo que quieran, tengan o no razón, pasándose a las leyes por debajo del arco del triunfo, debido a que al tener a los poderes legislativo y judicial comprados pueden modificar las cosas de manera autoritaria y sin la manera en que se hacía antaño.
Anteriormente, los gobiernos proponían las obras públicas, las socializaban de manera clara y dejaban que los ciudadanos opinaran. El éxito de Lauro Ortega en Morelos fue no sólo su habilidad política, sino la manera en que supo negociar con los ciudadanos sobre las obras que ellos querían, y no las que a él se le ocurrían.
Ahora pasa lo contrario, las obras que se hacen nos las imponen sin ningún recato y llegan a extremos como el de ayer, en que el Ejecutivo no le contesta a los medios de comunicación; eso es algo inaudito, pero lo pueden hacer por el exceso que se les ha dado, pues todos sabemos que el Congreso del Estado está formado por una bola de serviles empleados del Ejecutivo, que si les dice que cambien tal ley lo hacen de manera inmediata, sin siquiera pensarlo, y sin darse cuenta de lo que los ciudadanos opinan de ellos; nada más hay que entrar un rato a las redes sociales y ver qué opinan los ciudadanos. En verdad que dan vergüenza.
Y de esa misma manera, los poderes judiciales se ponen al servicio de esos “virreyes”. Por ello, la corrupción crece y el poder con el dinero no es una buena combinación. ¿Cuándo volveremos a ver gobernadores como don Emilio Riva Palacio, que después de dejar el cargo andaba vendiendo productos para sobrevivir, porque no tenía para comer? En este momento es imposible. ¿No cree usted?

El próximo sábado 22 a las 12:00 horas, la ópera Eugene Onegin, de Tchaikovsky. Presenta Amigos de la Música en vivo desde el Met de New York, en pantalla de alta definición, en el auditorio del IMTA con el director musical Robin Ticciati y un extraordinario elenco, con la preferida del público: Anna Netrebko (Tatiana), Elena Maximova (Olga), Alexey Dolgov (Lenski), Dmitri Hvorostovsky (Onegin), Štefan Kocán (Gremin).

Por: Teodoro Lavín León / [email protected] / Twitter: @teolavin

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