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Este pasado martes, otra vez, en 19 de septiembre, unos treinta minutos antes del temblor, caminaba por calle Guerrero en el centro de Cuernavaca, cuando percibí ligeros movimientos del piso que atribuí a leves y extraños mareos y que el suelo estaba disparejo, volteé a verlo, pero no era tal cosa, seguí caminando y más adelante otra vez, y hubo un tercero, o sea.
Eran las 13 horas con 14 minutos, estando ya en Plaza de Armas, percibí como el piso se movía ondulante, los grandes árboles se sacudían de manera violenta. El tráfico se paralizó por media hora, la gente, salió de sus trabajos y negocios llenando plazas y calles. Los estacionamientos se vaciaban de manera continua.
De boca en boca empanzó a circular lo sucedido, la gente rodeaba a los informantes; que se dañó la cúpula del campanario de la recién restaurada torre de Catedral; que el Palacio de Cortés sufrió daños en la torre, que las carátulas del reloj se votaron, que su fachada posterior está afectada; que se derrumbó La Latino; que hubo daños en el mercado y en el Puente del Dragón y corrían los comentarios.
No había paso en Avenida Morelos -la más transitada de la ciudad- por el derrumbe parcial de “La Latino” edificio emblemático de la Cuernavaca moderna, el tráfico bajaba en sentido contrario por Lerdo de Tejada.
Señoras en llanto hablaban por celular, había confusión, angustia.
Llegue a casa y como muchas, había cosas derribadas en las habitaciones. Se fue la energía eléctrica, en el radio del auto se escuchaban rezos continuos en varias estaciones, el miedo a las réplicas estaba presente.
Este temblor de 7.1 causó más daños que el anterior de 8.4 del día siete, entre otros por su cercanía. En Morelos -que no es zona sísmica- nuestro patrimonio histórico tangible de 500 años de antigüedad casi desaparece, iglesias, sus torres y conventos derruidos, lo que indica que por lo menos en cinco siglos no se había presentado un temblor con ese poder destructivo, bardas y casas desplomadas, el día siguiente amanece con un fuerte aguacero en la zona poniente, y siguen las lluvias, familias acogidas por familiares y amigos. En Tetecala el hospital esta rebasado, camas prestadas en los pasillos, llagan heridos de otros pueblos, la población se muestra solidaria, ayuda con medicamentos, alimentos y despensas, la urgencia continuará por semanas y meses, ya se requieren láminas de asbesto para cubrir lo que quedo de sus casas o para construir un cuarto.
Pero hubo escépticos que no creyeron que percibí esos temblores previos, con ironía me llamaron pitoniso, otros que porqué no les avisé. Pero esos temblores previos existen, son los llamados “temblores precursores” que pocos pueden percibir, y que anuncian grandes terremotos.
En la literatura antigua se han mencionado anomalías magnéticas y cambios en el comportamiento de animales mamíferos y aves antes de grandes temblores.
Deformaciones o ligeros abultamientos momentáneos de la superficie periférica al epicentro.
Cambios en los niveles del agua.
Formación de niebla y nubes.
Presencia de luces en las crestas y cimas de las montañas.
Anomalías en los campos magnéticos y brujulas.
Cambios de temperatura de varios grados en el área.
Pero los cambios en el comportamiento animal, incluyen al ser humano, esos movimientos previos, no son perceptibles para la mayoría. Las deformaciones o abultamientos de la superficie han sido constatados, pueden ser momentáneos o permanentes, de solo algunos centímetros antes del evento.
La formación de niebla y nubes es un fenómeno que ha sido observado desde de la antigüedad por los chinos como una manifestación previa a un gran sismo.
Un estudio de las anomalías atmosféricas observadas durante el sismo de 7.8 ocurrido en Colima en 2003, arroja que el origen de las nubes tiene ver con cuestiones naturales causadas por la radioactividad de la tierra, que provoca que la atmosfera se ionice derivando en cambios de su conductividad, generada por la acumulación de aerosoles en la atmosfera, este proceso cambia la electricidad de la atmosfera, la temperatura y la humedad, con una gran cantidad de repercusiones.
Los cambios en la electricidad de la atmosfera, la temperatura y la humedad tienen una estrecha relación con la actividad previa que se desarrolla cercana a un sismo.
Las luces observadas en las cimas de las montañas antes y después de los temblores han sido discutidas con frecuencia, se caracterizan por ser frías y quietas, coloreadas de blanco, azul o rojo, usualmente opacas pero algunas veces son más brillantes que la luz de la luna. Durante el sismo del 15 de agosto del 2007 al sur de Perú, testigos presenciales de origen extranjero apreciaron la manifestación de una gran luminosidad nunca antes vista en Lima, que ascendía de la superficie hacia las partes altas, la explicación que se dio fue asociada a los fuertes movimientos de las fallas locales que liberó gran cantidad de energía estática descargada desde el suelo, tal aseveración fue considerada como especulación ya que merecía una investigación más precisa, o acaso los terremotos están relacionados con las acciones del hombre; lo mencionaré en mi próximo artículo.
P.D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa /  [email protected]