compartir en:

Hasta hace unas décadas Cuernavaca gozaba un distinto tono de vida, era segura, apacible y provinciana, con empleos suficientes, gran actividad turística y comercial, el Mercado López Mateos era inaugurado en el año ‘64, que excedía en locales y lugares para estacionarse. Especializado en productos alimentarios; cárnicos, futas, legumbres y hortalizas, perecederos e imperecederos, yerbas; alimentos típicos en fondas y taquerías; enseres de cocina prehispánicos y modernos, flores y ropa. Cuando se requería otro tipo de compras era en la calle de Guerrero, donde el cliente podía estacionarse frente al negocio que se elegía, los automovilistas daban el paso al peatón, la gente se saludaba. Para la diversión estaba el Casino de la Selva; los domingos por la mañana los oriundos nos saludábamos en Catedral, la matiné era en el cine Ocampo o en el Morelos; por la tarde la imprescindible Vuelta al Jardín -hoy Plaza de Armas. Muchas calles del centro eran de doble sentido, los embotellamientos no existían. En aquellos años se cerró la calle de Guerrero, que aun con escaso tráfico, se tuvo que reabrir. Hoy, la gente se saluda en los centros comerciales, y tiene algo de fantástico encontrarnos con oriundos.
La ciudad se empezó a agitar en el año ‘66 con la creación de CIVAC, entonces, la población creció, y más a partir del terremoto del ‘85 cuando muchas familias y empresas llegaron a instalarse porque tenemos una ciudad segura, en cuanto a temblores.
Son contadas las familias que siguen viviendo en el centro, viejas casas dieron lugar a estacionamientos, los departamentos son ahora oficinas y comercios, y es tardado llegar a ellos. Al respecto los ciudadanos hemos hecho propuestas accesibles, solo que no se atienden porque no son negocio.
El mercado está apretujado, es una convulsionada central de abastos de enredado y lento tráfico vehicular, faltan lugares para estacionarse. Es notorio que al cerrar otra vez la calle de Guerrero se conflictuaron aún más las aledañas. Se dice que las familias caminan ahí tranquilamente respirando aire puro, sin mencionar que las calles por las que llegan y se van están peor de contaminadas.
Se recomienda no hacer uso del automóvil para ir al centro, pero no hay un servicio eficiente, se habla de subir el precio de los estacionamientos del primer cuadro para desalentar el uso del carro. Cuando no es por manifestaciones es porque a las autoridades se les ocurre obstruir el centro para cualquier evento, sin considerar el conflicto vehicular que se provoca. La nueva y hermosa Plaza de Armas ya tiene suficiente espacio para ese tipo de cosas, lo mismo que el Jardín Borda igual que se hace en los días de muertos. Se puede pensar que existe una campaña para desalentar el uso del automóvil hacia al centro, lo que sería ideal si antes se resolviera la problemática vehicular causada en gran medida por el exceso taxis y de autobuses que casi siempre van vacíos jugando carreras para ganar pasaje. Muchos de los manifestantes ni enterados están porque protestan, es difícil de creer que sea una tras otra, parecen cierres organizados y alternados. Todo indica que se pretende hacer del centro una zona exclusiva.

Hay quienes quedan atravesados con su auto en las esquinas impidiendo el flujo vehicular, no se respeta el uno y uno promovido por Luis Anguiano, campaña, que en un acto oficial se la pirateó el Ayuntamiento, pero no la ejecuta. Sí de manera decente un automovilista le hace ver su erro a otrro, este puede que sea un satán, así que hay que estar alertas, por lo menos agrede con su auto, y la mujer que lo acompaña se suma a la agresión verbal. Son otros tiempos.

Nuestra ciudad debe merece mejor vida. Por eso es importante dar a conocer su historia y como era en el pasado reciente, porque su futuro está en manos de oriundos y allegados.
Se habla de nuevas leyes y reglamentos para poner orden en esto y aquello, pero para lograrlo bastaría que la municipalidad hiciera cumplir los actuales, por el contrario, no da soluciones y con ello fomenta conflictos entre vecinos, entre grupos, y esto se multiplica día con día, tampoco reconoce, y menos apoya la labor de los ciudadanos comprometidos, porque está sumergida en demandas y pleitos personales que derivan en controversias legales y políticas.

Los cuernavacenses, recién unidos en un Consejo Cívico Ciudadano hemos hecho propuestas, como reabrir la calle de Guerrero, ordenar el transporte público. En otros temas, reubicar la escultura del Pacheco dejando libre la vista del edificio icónico de la ciudad; reubicar a los mal llamados plateros; colocar la embodegada escultura de Cortés en su casona; colocar la escultura de Zapata; y habrá más acciones en busca de una mejor ciudad recuperando lo nuestro a través de la identidad y la cultura.

Cuernavaca es un paraíso ancestral, por su clima, por su cielo, por su agua, sin embargo el tono de vida ha cambiado. Vamos a recuperarlo, vamos a respetar a nuestra gente, y a su entorno.
Vamos a contagiar lo bueno.
P.D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa / [email protected]