La libertad de expresión es un derecho cultural necesario para que cada ciudadano tenga claras sus expectativas electorales.
Ni López Obrador, ni el Cuauh en Morelos tienen a las mayorías de su lado, claramente las mayorías están en su contra.
Hace tiempo que el sistema mexicano inventó los partidos chiquitos, y fue surgiendo un arcoíris, partidos que se convirtieron en negocios particulares, que cuestan miles de millones cuando hay urgentes prioridades, y todo fue por conservar el poder que se les escapaba. De esa manera el gobierno fragmentó el voto en su contra para continuar gobernando por medio siglo más.
Y desde entonces un candidato puede ganar hasta con menos de una tercera parte de la votación, que para nada representa a una “mayoría absoluta” -la mitad más uno- sino a “una mayoría muy relativa”. Pero esta vez se le volteó al sistema, López y el Cuauh van arriba, con un porcentaje muy menor al total de los votantes y su triunfo nos lleva a un futuro incierto. Es así como surge una “mayoría” minoritaria que decide por las mayorías fraccionadas, a las que arrastra. Parte de los votantes, se suben al carro del triunfo anticipado solo por estar del lado ganador en espera de futuras dádivas, pero debemos votar con inteligencia y tranquilidad, porque se dice, y bien dicho, que no hay que tomar decisiones con enojo.
En democracias avanzadas, cuando un candidato no alcanza el cincuenta por ciento mas uno, no se da por ganador y viene una segunda vuelta; en esta, solo participan los dos candidatos que obtuvieron mayor votación, y surgen las alianzas con partidos descartados, eso, es lo más cercano a la democracia, y no relativa como la mexicana, que requiere de ya, una segunda vuelta.
O acaso Obrador y sus partidarios todos ex miembros de los partidos que han gobernado, representan el lado oscuro de la continuidad del sistema para gobernar otros cincuenta años atrayendo a las masas inconformes, acaso hay un arreglo político al estilo del gran fraude.
En estos tiempos, los enemigos pernoctan juntos y los amigos se apuñalan por la espalda dentro de una intrincada red de traiciones y pactos ocultos, entre unos, con otros y los otros. En los próximos días habrá los últimos intentos de cambiar el rumbo de las preferencias, alentado por la nueva democracia digital en las hoy determinantes redes sociales.
A López Obrador -salvo coaliciones de última hora- ni quien lo alcance, siendo así, por lo menos no darle la mayoría en el congreso federal ejerciendo el voto diferenciado dándolo a otros partidos, balanceando así el poder absoluto que ejerce como candidato y pide como presidente. Los partidos chiquitos son innecesarios porque siempre están en coalición con los tres grandes; para que desaparezcan y dejen de ser una carga sin motivo, se requiere no cruzarlos y votar en una sola casilla del partido que se elija y no en tres por el mismo.
Estamos conscientes, y es lo que se promete; un urgente cambio de políticas públicas; la falta del trinomio cultura-educación-empleo genera delincuencia, y eso es generacional, difícil de terminar de tajo, salvo medidas extremas. Acaso es sabio dar nuestro voto a cambio de promesas, aunque nos pueda ir peor. Es ahí, donde, radica el riesgo, políticas, que, en todo caso, ojo; cúmplanse o no se cumplan, serían desastrosas porque nos llevarían -llevarían- dicho por expertos a una crisis; porque ni en los debates, Obrador, ha podido decir a cabalidad de donde sacará todas esas mega cantidades para cumplir sus compromisos sin lesionar otros rubros vitales; únicamente con lo ahorrado por la corrupción como “dice”, no alcanza ni para una fracción de lo prometido. “Hay que tener esperanza, aunque también nos chinguen”, es el último argumento de sus seguidores.  
La gente no cambia por cambiar de partido o por ser ungidos con mano mesiánica; pero un presidente si puede hundir a su país con políticas ambiguas, y más cuando es autoritario; lo complejo es llevarlo a un progreso sostenido.
Algo similar pasa en el estado de Morelos con el Cuauh; ni quien lo alcance, salvo alianzas de última hora entre partidos opositores, y para que haya pluralidad, evitar darle mayoría en el Congreso local con el voto diferenciado.
Con el voto de castigo salimos de un mal, para entrar a otro peor, ya lo vivimos, y aunque en algunas áreas haya buenos resultados, solo nos fijamos en los malos.    
Tienen los partidos secuestrado al país, porque los ciudadanos no escogemos a los candidatos, son ellos los que pactan hasta para perder-ganando, dándonos a elegir a los futuros gobernantes.
La política es pasión, es emoción, pero turba las mentes carentes de cultura, les causa odios, rencores, celos, envidias, burlas, angustias, ofensas y venganzas.
Votemos sin enojo este 1o de Julio
P.D. Hasta la próxima

Por: Carlos Lavín Figueroa / [email protected]

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