Mucho agradezco a los murmuradores sus críticas, porque han servido para dejar más en claro mis trabajos, y son, quienes no dan crédito que un coterráneo pueda investigar y escribir de historia porque el león cree que todos son de su condición. Quien niega algo solo por desconocerlo, esta asumiendo que todo lo sabe, porque a una nueva propuesta se le debe dar por lo menos el beneficio de la duda, y deben conocer el tema antes de criticar, pero no al autor, sino a sus fuentes, a sus pruebas, a sus argumentos, y no conformarse con fundamentalismos escritos en la historia oficial, que aun sabiéndola llena de falsedades, eso sí, la dan por buena cuando se trata de denostar a quien plantea nuevas versiones, y son los mismos que se dicen cronistas o historiadores pero que nada escriben y acaso fusilan; luego entonces esa crítica surge de la avidez de hacerse notar buscando mejorar su nivel intelectual, y a ellos les pregunto que han aportado para la historia que no haya sido escrito ya.  
Aunque en menor grado también escribo crónica de lo que me ha tocado vivir, la crónica es lo que a uno le consta, lo que uno vivió o que le contó un testigo presencial y debe ser digna de preservarse; hoy, la crónica diaria la teclea el compañero periodista que se ha convertido en cronista de los hechos cotidianos. Don Valentín López González, q.e.p.d., primer cronista oficial de Cuernavaca escribió más de historia y casi nada de crónica, y sigue teniendo detractores académicos que no le reconocen lo que no se ajusta a la mecánica que les da una fábrica de historiadores en serie, que no son natos, de estos, los hay muy destacados por aportar con la libertad que les da estar alejados del academicismo.
De verdad me causa risa cuando me “aclaran” que “Olindo” la casa de Maximiliano en Acapantzingo significa en portugués “La hermosa”, o cuando me dicen que el Palacio de Cortes no es palacio sino una casona, siendo que el autor de esas investigaciones es quien esto les escribe.
Y que los túneles bajo Cuernavaca, en los he incursionado y probado, también con otros testimonios; haya todavía quienes niegan su existencia solo porque no los conocen o en todo caso dicen que eran canales subterráneos para agua, cuando con sentido común –que entiendo que hoy es el menos común de los sentidos- es notorio, que no eran necesarios para pasar agua de un lado a otro.
Todavía hay quien niega que el Plan de Ayala, un documento con espíritu jurídico y de un alto contenido cultural y social, ajustado a las idas y el espíritu zapatista fue redactado por un abogado -dicho todo lo anterior por las más altas autoridades filosóficas de México- y que he sustentado con pruebas, hechos, fuentes y testimonios de calidad historiográfica que su autor fue el jurista, poeta y antiporfirista Salustio Carrasco, y todavía hay quien sige insistiendo que fue Otilio Montaño un modesto maestro rural de primaria que escribía con faltas de ortografía y que no pudo redactar ni su propio testamento político -se lo escribieron- donde no menciona ser el autor del Plan de Ayala, esto, cuando Zapata aceptó que aun siendo su muy querido compadre y maestro, fuera juzgado por traicionarlo. Tampoco he negado que Montaño lo haya reproducido -de ahí esa confusión y los graves errores gramaticales- pero solo para hacerle cambios superficiales y para actualizarlo ya que se proclamó tres meses después de que Carrasco se lo envió, porque fue Montaño quien se lo había solicitado.
Y cuando alguien me reclama que yo no soy el autor del gentilicio cuernavacense, y eso si es verdad, porque yo solo lo rescaté con fundamentos lingüísticos e históricos cuando por décadas ya se empezaban a usar barbaridades.
Lo que no me han podido negar es que el Palacio de Cortés tomó su modelo de la villa italiana Chigi delle Volte ubicada en Siena, obra de Baldassare Peruzzi quien terminó de construir la vaticana Basílica de San Pedro, y no del alcázar de los Colón en Santo Domingo dicho por historiadores que han fusilado una y otra vez esa ocurrencia.
Tampoco me han podido negar que el modelo almenado de la catedral de Cuernavaca se tomó del único fuerte musulmán que fue convertido en la iglesia católica de Caravaca, único en España, y que ese tipo de almenas son solo en recuerdo de aquel célebre lugar santo y no para defensa militar como se asegura; y que el perfil de su torre se tomó de la famosa Giralda de Sevilla, entonces el edificio más alto y más hermoso de Europa.          

Hay quienes siguen anclados en que el origen de la palabra Cuernavaca viene del muy diferente nombre Cuauhnáhuac, porque así se le ocurrió decirlo a alguien argumentando “que es el nombre más distorsionado de la lengua náhuatl” lo que se ha dicho solo tradicionalmente sin ningún sustento lingüístico. Rrecientemente en una reunión de filólogos especialistas del idioma español “en” México, y otros de nombres nahuas, y las más altas autoridades en la materia, han asegurado de manera contundente que el nombre de nuestra ciudad tiene su origen y raíces hispanas y que viene de un lugar en España. Lo anterior, fue escrito y dicho décadas después de que realicé esta investigación donde si concluyo y aporto que el nombre de Cuernavaca proviene del de Caravaca, por las múltiples similitudes entre ambas poblaciones.

P.D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa /  [email protected]

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