compartir en:

A la interpretación radical de algo se le conoce como fundamentalismo, es la sumisión supina a una versión, teoría, doctrina o práctica establecida, que promueve la definición literal de textos, es la aplicación intransigente que considera a un contenido como autoridad máxima a veces errónea, ante la cual nada puede invocarse, que incluso deberá imponerse a toda costa. El fundamentalismo es análogo de necedad, porque lo verdaderamente difícil no es aprender, lo difícil; es desaprender falsedades.
Un fundamentalista surge desde su educación primaria y familiar, con el estudiante que aprende macheteando con la única finalidad de aprobar sus exámenes sin razonar el contenido de lo escrito, porque no cuenta, se le impide, o se le castra su capacidad de análisis -si es que la tuvo- y como infancia es destino, queda marcado de por vida.  
Se dice que los islamitas son fundamentalistas, ya que desde niños aprenden el Corán como la máxima autoridad; para ellos los occidentales somos irredentos, no hay otra religión que valga, y nada los hace cambiar de idea, según su punto de vista, somos más que pecadores porque no acatamos el Corán.
En el fundamentalismo político, están algunos ejemplos que se contradicen plasmados en libros como “Mi lucha” de Adolfo Hitler contra el “Libro Rojo de Mao”; por otro lado están las maquiavélicas teorías del poder absoluto de Maquiavelo contra la causa de la democracia dentro de la ley de Montesquieu -el cronista de la ilustración- que para mejor entender, habrá que leer “Diálogo en el infierno…” del abogado parisino Maurice Joly, que trata de un supuesto dialogo entre esos dos personajes que vivieron en épocas distintas
El fundamentalismo también se da entre los historiadores o lectores que no aceptan nuevas propuestas; pero se debe entender que los más destacados, lo fueron por tener la libertad de decir cosas distintas al estar alejados de las frustrantes técnicas del academicismo, que no permiten asomarse a nuevos planteamientos, se encierran en una versión tradicional de algún tema –muchas veces malinterpretado- sin la menor disposición de admitir algo nuevo, como se dice, pasan sin ver, y consciente, o inconscientemente ignoran lo que contraviene a “su verdad” que ni siquiera es de ellos, así la aprendieron, pero tendrán que aceptar que hay quienes ven más allá, y el tiempo los coloca en el espacio del ridículo. Los fundamentalistas son de alguna manera terroristas, que también se dan en los espacios de la cultura, porque desacreditan y no reconocen planteamientos distintos a los tradicionales. Dicen que nadie experimenta en cabeza ajena y que nadie entiende nada que no quiere entender, muchas veces solo por llevar la contra pero también para engancharse negando nuevas propuestas con la finalidad de destacar sin aceptar más allá de lo que han leído de la historia oficial, que aunque es sabido fue escrita con intereses o por encargo, y no admiten opinión contraria, eso, es, precisamente fundamentalismo, es la razón de la cerrazón.
La verdad no es cosa de democracia, regionalismos, pareceres personales, simpatías o antipatías que hoy por hoy son las que rigen a los fundamentalistas por encima del juicio, decía Gandhi que la verdad aunque sea de uno solo, es la verdad. Para encontrarla es necesario descargarse de conocimientos que se arrastran para poder dar espacio a otro bagaje. Pero no basta decir solamente la verdad, para hacerla más válida también hay que decir la causa de la falsedad, del porque se ha ocultado algo o descifrar la intención de lo dicho, como lo expresaba el maestro Reyes Heroles “La forma es fondo”, pero no solo en política como él decía, sino en todos los espacios.
La crítica de los fundamentalistas, va desde la más bestial y ofensiva a la más burlona, pero también la hay estúpida que es la peor. Y es que el sujeto fundamentalista no sabe muy bien quién es, porque se pierde en criticar basado en teorías ajenas y no propias.
Los fundamentalistas, atacan descalificando a las personas y no a sus razones, he ahí la falta de capacidad y fundamentos, muchas veces son solo por resentimientos y porque su conciencia no les permite callar en honor a su verdad adoptada; para ellos, solo su razón –ajena- es perfecta y los demás viven en el error.
Hay que leer, pero leer, no es solo enlazar letras, palabras, frases y párrafos, sino comprender lo que se dice, hasta alcanzar el fondo de lo que se dice, aún más allá de lo que se dice, y lo que no se dice pero se da a entender o se entiende.
Si la humanidad se apegara a lo antes dicho no hubiese tenido progresos, lo mismo pasa con las ciencias entre ellas la historia donde las falsedades seguirían reinando como verdades. Cuantas falsas teorías se aceptaron como verdades por siglos, hasta que surgió la verdad fundamentada y que obviamente no tenía fuentes escritas.  
Decía Mark Twain que es más fácil engañar que convencer de que han sido engañados, y Einstein decía que la mente es como un paracaídas, funciona mejor si se abre.
La estupidez se muestra cuando no se está abierto a otra posibilidad.
P.D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa /  [email protected]