Continúa la narración de Jorge Wulfrad.
El Cine-Teatro Ocampo, siempre fue imponente desde su construcción entre los años 1942-1946. Su propietario don Leobardo S. Ocampo se distinguió en ser una persona de negocios. En la época de esta aventura, fue la Compañía Operadora de Teatros con su administrador el Sr. Rafael Laue –padre- la que establece realizar en el Cine Ocampo que sea punta de lanza en tecnología a nivel nacional y con ello ocurre que fue la primer sala, que cuando la 20 Century Fox operó en sus películas el Cinemascope que consistía en tener una pantalla más ancha y grande, se le implementó de inmediato su adecuación y se adquirieron dos proyectores de películas con sus respectivos embobinadores. Por cierto operados por Elfego Silva quién empezó de auxiliar “para aprender a trabajar” como propagandista haciendo reparto de volantes y pegando con engrudo posters publicitarios en las principales calles del centro -impresos realizados por la Imprenta América de don Fructuoso Quinto Acevedo “Don Toto”- quien con el paso del tiempo realizó su sueño de llegar a ser el “Cácaro” principal; amén de consolidarse como destacado luchador profesional enmascarado conocido como “Círculo Rojo”.
Cuando el Sonido empezó a ser estéreo se oían ruidos y voces al mismo tiempo que provenían de diferentes lados, también fue este lugar la primera sala a nivel nacional que tuvo este honor.
El sistema automático de boletaje que mencionamos con anterioridad fue el primer lugar en donde se implementó. En muchas cosas había innovaciones como la que se realizó en los baños de este recinto y que consistía tener una mayor sanidad, se acondicionó que los mingitorios y excusados tuvieran su palanca que se activaba con el pie, para realizar la gran descarga de agua en ellos y dejarlos perfectamente limpios. Su sistema automático de aire acondicionado también fue muy especial, brindando confort al público asistente a través de unos aspersores de aire de forma circular que estaban colocados en el techo aparentando formar parte del mismo como un adorno más y que provocaban una temperatura ambiente muy fresca y agradable.
Sus enormes dulcerías se destacaban por sus vitrinas que exhibían su deliciosa mercancía teniendo productos exclusivos y de gran demanda como las tabletas enormes de chocolate presidente, los chocolates con chicloso “Pon Pons” de Sanborns, los dulces y chocolates “Laposse”, los helados “Cornetto”, y también como novedad se importó de Estados Unidos de Norte América los despachadores de palomitas de producción a gran escala, así como los despachadores de Hot Dogs que eran unos calentadores con vapor para el pan y las salchichas, divididos estos productos por una lámina de aluminio pulido. Ahí fue la primera vez que vi en México una máquina despachadora de refresco con hielo.
Muchos recordamos que en la planta alta, debajo de algunos asientos habían colocadas en línea, unas como campanas que usan en el box y que estaban sujetas fuertemente al piso con un tornillo muy largo, mismas que fueron aspersores de agua para casos de incendio.
Las cortinas de la pantalla eran majestuosas, la principal –llamada telón, que era más gruesa- subía y bajaba, era de color dorado brillante y las de atrás abrían hacia los lados, estas últimas de gasa transparente y blanca, su movimiento era espactacular. Cuestión que copió su más fuerte competidor, el dueño de un cine de apellido Montes en el Estado de Veracruz.
No olvidemos que en el frente a los costados de la pantalla existieron dos esculturas gigantes en forma de mujer, La primera soportando un pebetero con antorcha en las manos y la otra figura cargando un libro. Arriba al centro del techo de la sala, sobresalía una moldura decorativa de estilo Jónico.
La majestuosidad y el gran lujo estaba en todas partes del cine, En el vestíbulo sus paredes estaban forradas de mármol blanco. En el mezzanine del segundo piso entre las paredes y techos, existió una decoración que el artista que la realizó, plasmó unos bisontes y otras figuras haciendo una réplica de las pinturas rupestres encontradas en una cueva de Altamira, España.
P.D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa /  [email protected]

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