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En los años sesenta, mi padre, Carlos Lavín Oliveros, fue el contratista y constructor de las obras hidráulicas y puentes del entonces llamado “Libramiento de Cuernavaca” desde el de Chamilpa, hasta el del Polvorín que todavía está en servicio. Ahí trabajé los sábados como pagador de peones, albañiles, camioneros, materialistas, topógrafos, cadeneros, operadores, barreteros, moneros, cimbradores y chalanes, y recorrí la obra desde el inicio hasta su conclusión en innumerables ocasiones; la conocí al detalle. El Libramiento era solo de dos carriles uno al sur y otro al norte, sin divisiones. Antes de esta obra, el transito carretero que venía de la Ciudad de México bajaba por las Avenidas Emiliano Zapata y Álvaro Obregón y al norte era por la Avenida Morelos.
Fui testigo de la colocación del tubo metálico que sirvió por más de cuarenta años que daba paso a las aguas de la barranca de Santo Cristo de poniente a oriente en ese Libramiento, nunca, en casi cinco décadas, se presentó ningún problema de taponamientos. Con los años el Libramiento se amplió a cuatro carriles; unos puentes se ampliaron, otros se hicieron nuevos.
En la construcción de ahora llamado Paso Exprés, ese tubo no se tocó como ciertamente dicen los técnicos, ingenieros y autoridades de la Secretaria de Comunicaciones y Transportes, y no se cambió porque no era necesario ya que daba abasto de sobra a las aguas que lleva esa barranca.
Ese tubo dio servicio sin problemas, pero a solo unas semanas de inaugurado el Paso Exprés, con la llegada de las lluvias y el primer aguacero, se ocasionó un taponamiento, y el agua estancada buscó salida por fisuras a muy altas presiones porque se había formado un lago de aproximadamente ocho metros de profundidad en su entrada; esa presión fuera del tubo fue erosionando el terreno bajo la carretera provocando el inmenso socavón. Todos estamos de acuerdo que el taponamiento fue lo que dio inicio al desastre; la causa es lo que se oculta, y fue precisamente por el arrastre -por lluvia- de material -tierra- suelta y sobrante dejada al lado de la entrada del tubo, es así como lo declaré desde el momento del percance y semanas después fue la conclusión de los peritos expertos. Pero el taponamiento nunca fue debido a la basura que acarreaba esa barranca desde mucho tiempo antes, ni por las lluvias atípicas como declaró el Secretario de Comunicaciones en un intento de deslindarse de responsabilidades lo mismo que a las constructoras.
Fueron las constructoras las que irresponsablemente dejaron material -tierra- suelto en grandes proporciones con una pendiente sumamente inclinada a las orillas de la entrada del tubo que con las lluvias se empezó a erosionar embutiendo tierra en abundancia al interior taponándolo, tan es así que de inmediato llevaron maquinaria para retirar la tierra erosionada en la entrada del dicho tubo.
Para colmo, una vez sucedido el evento, los “expertos” de la SCT y la constructora ordenaron inyectar diez “ollas” de concreto dentro del tubo para que no colapsara y evitar se les pudiera venir abajo lo quedaba de ese tramo carretero, esto, sin importarles terminar de taponarlo e intentando bombear el agua por arriba del Paso Exprés sin lograrlo y que incluso las grandes bombas que trabajaban a toda máquina intentando sacar el agua les ganó otro aguacero y quedaron inundadas. Después ordenaron retirar ese concreto ya fraguado con martillos de percusión turnando peligrosamente a trabajadores dentro del tubo; un error tras otro.
Es el caso que el director de carreteras de la SCT, ni con una maqueta del socavón pudo explicar de manera convincente las causas, arguyendo otra vez -y tartamudeando- a la basura y a las “lluvias atípicas”.
Con ese incidente, el muro de contención del lado oriente de alrededor de 15 metros de altura en la salida del agua, se agrietó y daño, a grado tal que esta vencido de manera alarmante, teniendo que evacuar a los ocupantes de las casas aledañas, colocándose tensores en forma de cables de acero bajo la cinta asfáltica desde el lado opuesto para sostenerlo temporalmente en tanto se construye el puente que se debió hacer en lugar del pesado relleno sobre el tubo.
Para colmo, del lado de la entrada del tubo se sigue inundando en cada lluvia y el muro de ese lado también se está agrietando, presenta ya fisuras con salidas de agua, lo que alarmó a los “expertos” que llegaron al lugar después de media noche para ver que sucedía; y no dieron diagnóstico.
Siempre se dijo que ese paso serviría para beneficiar a los vecinos capitalinos para llegar a Acapulco en menos tiempo, esa fue la razón fundamental de la obra, pero no tomaron en cuenta la afectación a los ciudadanos locales por tanto defecto de la obra en toda su extensión, haciéndolo peligroso para todos los que lo transitan. Ha causado docenas de muertes, pero el colmo fueron las dos últimas, donde por las negligencias antes dichas, un padre y su hijo murieron juntos asfixiándose lentamente, noticia que dio la vuelta al mundo.
P. D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa /  [email protected]