Entre los espectáculos profanos están los carnavales, destacan el de Veracruz y Mazatlán, en Morelos está el de Yautepec. Pero en el de Rio de Janeiro los cariocas viven todo el año preparando el suyo, cuyo origen se remonta al Medioevo. Las emociones que despierta en vivo son incomparables, y más desde un camarote (palco) al pie del sambodromo y a la altura de los carros alegóricos. Los sentidos se alteran a la salida de cada escuela –grupo- con su estruendoso y rítmico retumbar de cientos de tambores, se estremece el corazón, se desgarra la caja pectoral, las sienes laten a explotar, excita al máximo. Sin lograr articular palabra, los neófitos están a bordo de lágrimas de emoción, voltean incrédulos a ver a los demás y esto es solo el inicio, el furor crece, atrás de los tambores viene la sambera estrella y después las comparsas, los cómicos, la gran orquesta, de tres a cuatro mil participantes por cada escuela, todas con diferentes y estrambóticas vestimentas temáticas, remata en el más amplio sentido la siempre sensual, voluptuosa y erótica reina de cada escuela sobre un gigantesco e insuperable carro alegórico, y ante la suma de revelaciones afloran sentires que estaban perdidos y que uno ignoraba tener. E inicia otra escuela y otra más hasta llegar a la ganadora del año. Quienes han perdido la capacidad de asombro, es aquí donde la pueden recuperar.
La entrada a un camarote especial es en reventa -no se consigue de otra manera- es más costosa que llegar desde México, incluye las mejores bebidas y viandas, todo hasta el amanecer, hasta que el sol derrota la noche.
El Carnaval y las escuelas de samba son financiados por las mafias, que recuperan los gastos con grandes ganancias acaparando la reventa y todos los ingresos. Son siete las familias cabezas de las mafias de Rio, que se dividen su largo territorio, controlan el juego clandestino, prostitución, robo, drogas, y no hay delincuente que se meta en otro territorio, si lo hace es liquidado y nadie reclama ni se desatan guerras, en un pacto de independencia territorial. No (al) final tudo termina em samba.
Cada participante de escuela paga por su vestimenta. Pero existe el otro Rio, el de las favelas, el de los barrios marginados. Después del carnaval, estando en la playa de Ipanema, de la nada surgió una gran ola, pero de gente, fue como un tsunami de unos quinientos o más maleantes de esos barrios, corriendo a lo largo y gran ancho de la playa, arrebatando bolsos, relojes y todo lo de valor a los turistas, tsunami que como llegó se desvaneció… fue un espectáculo adicional. 
Y para bajar el susto a dos cuadras llegamos al bar-rest La Garota (Chica) de Ipanema, donde compuso esa bossa nova Vinícius de Moraes con el músico Antônio Carlos Jobim.
En Sao Paulo el carnaval es similar pero menor, en el resto de Brasil como los de Recife y Salvador Bahía, también patrocinados por mafias rivales, son “de rúa” –de calle- donde lo mismo participan ricos y pobres sin diferencias, aquí no hay carros alegóricos sino los llamados tríos eléctricos son carros de música en vivo, cada uno con un cantante famoso que provocan euforias sin medida y espectáculos sexuales en plena calle. Al término del carnaval, al otro día se empieza a preparar el del siguiente año.
Y entre los religiosos, los eventos más vistosos son los de Semana Santa en Iztapalapa y Taxco. En Cuernavaca ayer Viernes Santo, encabezó la procesión el señor obispo don Ramón Castro y Castro con el padre Luis Millán. Pero en Sevilla se representa de manera insuperable la Pasión de Cristo que recrea las últimas doce horas en la vida de Jesús de Nazaret, todo un espectáculo interpretado en procesiones efectuadas por cofradías que vienen también desde la época medieval, cuyos miembros cargan pesadas plataformas con las imágenes de Cristo y la Virgen. Sevilla también vive preparándose todo el año para esta conmemoración. La bulla, le llaman a la descomunal aglomeración que hombro con hombro y pecho con espalda se mece a un lado a otro, de la nada se forma e igual desaparece. En los típicos balcones andaluces cargados de flores, y al paso de las santas imágenes se pueden ver y escuchar a los mejores cantantes cantando sevillanas y rocieras de temas religiosos al puro estilo andaluz con influencias gitanas. Todo Sevilla es fiesta. La pasión es tal que con gran emoción y al borde del llanto algunos sevillanos increpan a las imágenes de la Virgen y del mismo Cristo con palabras soeces, pero al mismo tiempo con adoración y respeto, tradición que desconcierta al visitante. Semana Santa en Sevilla es indescriptible, la vibración religiosa pega fuerte.  
Del otro lado del puente de Triana esta una tradicional freiduría donde se degustan los famosos y crujientes pescaitos, toda una tradición callejera casi perdida, son pequeños boquerones, tiras de merluza, chipirones, anillas de calamar, gambas, ostras y otros mariscos bien aderezados, enharinados y fritos, también los hay de verduras y hortalizas, siempre servidos en un cono de papel de estraza, acompañados de un tintorro o clarete de barrica algo único y a punto de desaparecer por la invasiva hamburguesa y el pollo frito. Después se requiere ir por un aromático carajillo tomado a pie de barra al bar frente a la Giralda. 
P.D. Hasta el otro sábado   
 

Por:  Carlos Lavín Figueroa  / [email protected]

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