compartir en:

Para algunos, hay cosas que no tienen lógica ni sentido, para otros si lo tienen; es común que escuchemos pedir una cadena de oración o de energía para sanar a un cercano o para salvar una dificultad incluso generalizada como estos graves temblores; y muchos se suman a la causa aportando energía, que acumulada tiene fuerza y efecto.
También existe la energía negativa, afecta la salud que viene de una baja en las defensas, que a su vez son atribuidas a pensamientos tóxicos, estrés, malas vibras, angustia, envidia, venganza, ira, depresión, represión, agresión, todo eso es energía que actúa negativamente en las personas y su entorno.
En filosofía se plantea que la mala energía generada por las masas humanas, se acumula como una nube negra y estimula un efecto sobre los pueblos. Pongo de ejemplo a La Española, exuberante y pródiga isla que comparten Haití y República Dominicana, con una diferencia abismal; en Haití domina la desolación y la pobreza extrema; en la Dominicana impera la prosperidad; contraste atribuido de manera especial a la práctica del vudú entre los haitianos.
Otros, van más allá; sostienen que las energías negativas desatan la furia de la naturaleza; solo en los últimos años -que yo recuerde- se han visto hasta seis huracanes simultáneos que han afectado a México, tres el Atlántico y otros tres en el Pacifico seguidos de otros, lluvias, inundaciones y también sequias nunca vistas, temblores cada vez más devastadores, erupciones volcánicas, es un efecto de limpieza, porque ninguna energía se pierde solo se transforma.
Hay que recordar al Diluvio; a Sodoma y Gomorra; a Pompeya y Herculano, que históricamente se ha dicho fueron sucesos de limpieza.  
Toda acción tiene su reacción, todo, bueno o malo, se revierte. Toda causa tiene su efecto, toda elección y actividad tiene su consecuencia y resultados, pero nos quejamos de lo que nosotros mismo elegimos.
Aunque los desastres, son también asunto del Universo como las explosiones solares; la naturaleza nos hace más y más llamados a la unión, a la solidaridad, a la conciencia, y tal parece que no lo entendemos, porque no se trata de ser solidarios solo en las catástrofes, se trata de que sea permanente, todos vivimos en la misma casa, que está en un delicado equilibrio, no provoquemos más a la madre naturaleza.
La vida que llevamos, es el conjunto de consecuencias de nuestras acciones pasadas. Para otros, no es más que la casualidad o el destino. Pero no hay casualidades sino causalidades o atracciones de lo semejante. Ello no quiere decir que, si obramos de buena fe, no estemos expuestos a la posibilidad de percances. La ley de causa y efecto no es una ciencia exacta, ni un principio matemático ni estricto, y menos mecánico. Se trata de aceptar que mucho de lo que sucede, intencional o no, ha sido provocado por nosotros mismos.
Antes de reclamar a Dios y a la suerte, hay que tener en cuenta esas otras cosas.
En lo general, el ser humano no se gobierna con acierto, requiere de normas y busca como violarlas, anda perdido, deambula con recelo, ve con odio, oye sin escuchar, toca sin sentir, juzga sin saber, decide sin pensar, quiere sin amar, opta por lo material a lo moral, va sin ir, se busca en cosas y no en su ser, y solo reacciona de manera pasajera ante calamidades.
Pero los desastres también se atribuyen al cambio climático, a las detonaciones nucleares, a la extracción de las cuencas petrolíferas que finalmente son actos del hombre.
Por otra parte, los eléctricos centelleos azules que han aparecido en los últimos años antes y después de grandes temblores, son imputados al sistema HAARP -Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia- ideado en base a la tecnología de Nikola Tesla de 1907 y desarrollada por los EEUU, que consiste en radiar energía electromagnética hacia la ionosfera rebotando en el mar, evaporando grandes cantidades de agua para formar huracanes, o modificar y controlar el clima llevando lluvias a zonas áridas. También se le puede dar uso militar. Todavía experimental, HAARP, con instalaciones en Gakona Alaska, pudo generar los huracanes nunca padecidos afectando a los mismos Estados Unidos.
En conclusión, las catástrofes, son causas y efectos atribuidos el hombre.
Para entenderlo mejor, hay que asistir a la exposición “Nikola Tesla” –traída desde España- en el Parque Chapultepec de Cuernavaca, donde de manera gráfica y con pruebas físicas se explica que este invento “absurdo” de Tesla, y otros, son ya una realidad; estará hasta enero.  

P. D. Hasta el otro sábado