La barranca San Antón tiene diversos nombres, aguas arriba se llama rio Tetela y de Atzingo.
La presencia de ésta y otras barrancas que se formaron en la misma época y en la misma forma, aunado a las corrientes de agua que llevan en su mayoría casi todo el año y a la vegetación que ahí se desarrolla, provoca el mundialmente famoso agradable clima de la ciudad de Cuernavaca. Funcionan como un gran radiador que reduce la temperatura ya que además por su angostura y profundidad les da el sol solo unos momentos al día, por lo que dentro de ellas todo el tiempo existe un clima frío, por otra parte, distribuyen la humedad en todo su recorrido.
Por esta acción se considera que el sistema de barrancas favorece la estabilidad del clima de Cuernavaca, ya que dentro de ellas existe un permanente clima frio.

En el municipio de Cuernavaca se encuentran más de 200 barrancas, barrancos y barranquillas en orden de mayores a menores, la mayoría están al poniente de la zona conurbada, las principales son: Amanalco al oriente y Analco al poniente. Al norponiente comienza un abanico de barranquillas, que se unen al rio Tetela que baja de los manantiales del Tepeite para formar la de Atzingo, le siguen al poniente las del Tecolote, la Tilapeña, la Colorada, los Sabinos y Tembembe, todas confluyen. Muchos tramos de barrancas han desaparecido o han sido invadidas por construcciones particulares y públicas, con consentimiento del Ayuntamiento, lo que deteriora el clima de la ciudad, entre otros aspectos.

Estas barrancas mantienen una grande extensión de bosques endémicos que son hábitat de una gran diversidad de especies de flora y fauna silvestres. La fauna de estas barrancas tiene 650 especies. De invertebrados tenemos 292 especies de mariposas, tarántulas y otros arácnidos. Un pequeño cangrejo llamado barranqueño que todavía subsiste, un pez amenazado con desaparecer; 263 aves, entre ellas existe, particularmente en El Salto, una rara variedad de aves llamada apódidas porque se creía que no tenían patas; conocida vulgarmente como vencejos de cascada, que atraviesan volando la caída de agua característicos también de las Cascadas de Iguazú. Por su similitud se cree popularmente que son golondrinas, con las cuales no guardan ninguna relación, tienen un vuelo similar a éstas ya que cazan insectos volando en acrobacia, pero pertenecen a otro orden. Están estrechamente relacionadas con los colibríes,  duermen colgadas de sus frágiles patas en los riscos de esta barranca igual que los murciélagos, deambulan por toda Cuernavaca y en las tardes bajan a dormir por bandadas a las paredes acantiladas del Salto, en un espectáculo único en determinadas épocas del año. Las golondrinas se posan en los alambres de la luz eléctrica y edificios, los vencejos no lo pueden hacer, si llegan a caer ya pueden levantar el vuelo, duermen colgados y han desarrollado formas de ecolocalización como los murciélagos para orientarse en las oscuras barrancas donde pernoctan, todo lo hacen volando incluso sus nidos y tomar agua de la cascada, son migratorios y vienen a  invernar, también hay gavilanes, palomas, tórtolas, gorriones, calandrias, primaveras, cuervos, urracas y zanates.. También hay 9 reptiles como diversas víboras, iguanas, lagartijas, camaleones, tortugas. 16 anfibios, gran diversidad de sapos, ranas, salamandras y 69 mamíferos como son conejos, cacomiztles, mapaches, tejones, zorrillos, tlacuaches, ardillas, ratas de campo, ratones. Todas estas especies conviven con nosotros dentro de la ciudad de Cuernavaca, la mayor parte del tiempo están en las barrancas que es su hábitat natural. Todavía en el primer cuarto del siglo pasado, a lo largo de estas cuencas y en las ubicadas en casi todo el Estado se encontraban nutrias de rio conocidas como perros de agua que median hasta un metro y medio de largo, sus pieles servían de tapetes de cama o en los quicios de las entradas de las casas cuernavacenses. También había almejas de rio, que vivían en las aguas frías y claras bien oxigenadas, además hacían un trabajo de filtración continua al tomar del agua el alimento que requerían, así se ocupaban de limpiar individualmente cientos de litros de agua; apenas alcanzaban los dos centímetros y tenían un alto grado de reproducción, más al sur había langostinos llamados camarones. La contaminación las extinguió.
Dentro de la ciudad han quedado ocultas múltiples barranquillas, una de ellas la llamada de “Leyva” en el Boulevard Juárez y otra más en el barrio de Tepetates, esta última desde la época colonial.
De seguir tapando o construyendo en las barrancas, el clima de Cuernavaca sufrirá cambios irreversibles, con lo que se perderían estos pulmones, su flora y su fauna.
P.D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa /  [email protected]

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