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El nombre popular de zócalo se le dio primero a la Plaza Mayor de la Ciudad de México y viene de la época cuando en ese lugar se colocó -en el año de 1843- una base llamada arquitecturalmente zócalo para erigir sobre ella un monumento a la Independencia mismo que nunca se realizó en ese sitio debido a la inestable situación del país, y quedó así por décadas. Por ese basamento a la hoy Plaza de la Constitución de Ciudad de México se le conoce como el Zócalo. Posteriormente en ese mismo punto, en 1875, se colocó un quiosco.

Por esta razón el coloquial nombre de zócalo pasó al hoy Jardín Juárez de Cuernavaca, el del quiosco, cuando éste se colocó en 1890, nombre que pasó también a otras plazas de ciudades mexicanas. Se dice que este quiosco fue construido en los talleres de Gustavo Eiffel en Paris, pero la realidad es que fue comprado en Inglaterra por órdenes del gobernador Jesús H. Preciado.

Ese jardín en la época de la colonia se le llamo de La Cruz, por una Cruz de piedra que ahí estaba, plaza que después fue conocida como Santa Catalina por una capilla llamada así que estuvo enfrente, ubicada en la esquina con la calle de Guerrero junto al Hotel La Bella Vista. Posteriormente durante la época del segundo imperio esta plaza se llamó Paseo de Maximiliano y al triunfo de la Reforma con la República restaurada tomó el actual nombre de Jardín Juárez. Enfrente, en calle Galeana estaba el Hotel San Pedro donde después se construyó el cine, ahora Teatro Ocampo.

La costumbre de dar la vuelta al zócalo es del siglo XIX poco antes de la época porfirista pero tiene antecedentes más remotos que vienen de la época Colonial y aún prehispánicos, desde la Cuauhnáhuac tlahuica cuando se reunían solo los hombres en el tianguis o plaza pública a conversar por las tardes después de sus labores, en esos remotos tiempos a las mujeres no les era permitido. 

Desde el último tercio del siglo XIX en los inicios de la Liberación Femenina organizada -surgida en Inglaterra en 1870, que toma fuerza en 1920-, las mujeres ya daban vueltas en grupos los días domingos por la tarde-noche en esta plaza de Cuernavaca y los hombres en ese sentido contrario para encontrarse cada media vuelta y relacionarse unos con otras, costumbre que se conocía como “dar la vuelta jardín”. 

Para la década de 1950, cuando el jardín del quiosco era ya insuficiente para “dar la vuelta”, esta costumbre se pasó al Jardín Morelos hoy Plaza de Armas por ser de mayor tamaño y a partir de entonces a este jardín también se le llamo zócalo. Con el crecimiento de la población, al hacerse insuficiente el interior del Jardín Morelos, en los años sesenta fue usada también por las clases más acomodadas la parte externa del Jardín, entonces se daba la vuelta también en el arroyo vehicular ya que el reducido el tráfico de automóviles lo permitía. Así las jóvenes pasaban más cerca de quienes quedaban vueltas en auto. En esos tiempos los automóviles podían circular alrededor de esta Plaza en sentido inverso a las manecillas del reloj época en que los jóvenes ya iban con sus autos a ligar con las chicas y dar la vuelta.

En los años cincuenta, en la Plaza de Armas había unos triciclos blancos que se rentaban, su dueño los traía y llevaba enganchados uno tras otro, como un tren; llagaba en las mañanas por la calle de Matamoros y por ahí mismo desaparecía en las tardes. Ir de un lado a otro de ese jardín entre las esculturas de los héroes, y en triciclo era una aventura.

Todos los cuernavacenses de esa época nos acordamos de las hoy famosas fotografías que nos tomaban en ese jardín montados en un caballo de madera de tamaño natural, nos colocaban sombrero, zarape y pistola. Se ha escrito mucho sobre estas estampas, pero pocos nos acordamos de los fotógrafos que se ubicaban estratégicamente en el paso que une el Jardín Juárez y el entonces llamado Jardín Morelos -los dos Zócalos- y sin darnos cuenta nos tomaban una fotografía cuando pasábamos por ese lugar y a nuestro regreso ya la tenían lista, nos reconocían y la entregaban por una módica cantidad. No se les escapaba una sola persona, y si no cazaban al retratado en el mismo día lo esperaban hasta que regresara, así fueran meses.

Después se llamó Jardín de los Héroes porque en él se situaron numerosas esculturas a los héroes nacionales y luego cambio a Plaza de Armas, nombre que viene de la España Medieval debido a que en ellas se atrincheraban con sus armas los aldeanos para defenderse de los ataques enemigos y después ahí también hacían sus prácticas y exhibiciones militares, esto cuando cada ciudad era autónoma. Este nombre genérico pasó a todas las plazas de las posesiones españolas en América desde el siglo XVI y hasta la actualidad.

Desde su inauguración en 1946, la monumental y emblemática escultura de piedra volcánica de José Ma. Morelos conocida popularmente como el Morelotes estuvo al centro de la Plaza Morelos ubicada al costado sur del Palacio de Cortés, ambas diseñadas y construidas por el escultor Juan Olaguivel. En 1993 se cambió al oriente de la Plaza de Armas para dignificarla por haber quedado en medio de los puestos de plata. En julio del 2010 por acuerdo ciudadano -del que formé parte- se resuelve reubicarla al costado derecho del Palacio de Cortés donde ahora se encuentra. 

P.D. Hasta el otro sábado

 

Por: Carlos Lavín Figueroa