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Como es costumbre finsemanera fui a almorzar a los Acorazados y dar un recorrido por el centro de Cuernavaca. Después de este cuernavacense taco, pasé al quiosco del Jardín Juárez donde pedí una escamocha compuesta de frutas variadas, y finalmente a “darme bola” con mi lustrador de calzado, tres tradiciones que algunos oriundos aun conservamos. A media boleada, me abordaron varios entrevistadores y me preguntaron qué edificios y lugares de importancia histórica se deben rescatar en Cuernavaca.   
Y expliqué que hay muchas cosas por salvar, que lo hemos denunciado continuamente, como las milenarias pinturas rupestres ubicadas en la entrada de una cueva a la ribera izquierda de la Barranca del Chiflón al sur de la ciudad, un kilómetro al norte del Puente de la Muerte, casi no son conocidas, están en abandono y han sido grafiteadas, es el vestigio humano más antiguo de Cuernavaca, cueva que no se ha explorado y que está siendo usada como habitación.
La escultura ecuestre de Hernán Cortés -única en México- que estaba en la glorieta de Avenida Teopanzolco, fue embodegada y sustituida por la de Cuauhtémoc en una especie de revanchismo enfermizo como queriendo borrar parte de la historia nacional y local, esta escultura debe colocarse en la que fue su casona llamada palacio.
Con peligro de derrumbarse está el primer acueducto de la entonces Villa de Cuernavaca -que ordenó Hernán Cortés- mismo que se encuentra al final de la calle de Guerrero a unos metros al lado norte del otro más elevado que mando a construir de la Borda para sus jardines y que abastecían a la colonial población.
Del ex Hotel Moctezuma que construyó don Ramón Oliveros, que después de cerrado durante la Revolución -cuando la evacuación de Cuernavaca- sería reabierto por su nuevo propietario don Carlos Lavin Aranda, ubicado en la esquina de Matamoros y Degollado, había sido cuartel general de Emiliano Zapata, donde le tomaron la fotografía conocida mundialmente a nuestro paisano morelense con su 30-30 en la mano; también merece ser rescatado para museo de las revoluciones.

Otro edificio de suma importancia histórica para Cuernavaca es la Estación del Ferrocarril que fue parcialmente incendiado y que ante tanta insistencia, está ya en etapa de limpieza y liberación de espacios que estaban hasta el tope de porquería, y el proyecto para su restauración en breve será aprobado por el INAH -ojala que la obra no se deje a medias- este edificio dejó historia por cien años, se construyó en la época del indiscutible florecimiento de nuestro país, cuando Porfirio Díaz unió a México con el ferrocarril y con ello se inicio el desarrollo económico de la nación que había estado en detrimento desde su independencia, al norte, se había perdido más de la mitad del territorio nacional -entre otras razones por estar incomunicado- había anarquía y guerras. Este edificio, también vio pasar la Revolución, porque los ferrocarriles fueron parte importante del desplazamiento de tropas carrancistas y zapatistas, cuando Cuernavaca era una plaza muy peleada. Es un edificio que aporta identidad y pertenencia a la ciudad y sus pobladores. Ojala sirva para museo de la historia del ferrocarril.

Pero se le da más importancia a un millonario Museo de Juan Soriano, que nada tiene que ver ni con la ciudad ni con su historia, que nada aporta a nuestra identidad ni a nuestra pertenencia. Hemos logrado que se le anteponga a ese nombre el de “Museo de Arte Contemporáneo” para que artistas morelenses también puedan exponer ahí su obra.
Y ahí está el edificio de la antigua planta de luz El Águila y su acueducto, que dio nombre a esa colonia, localizado al sur de los manantiales de Chapultepec, acueducto que su caudal activaba el dinamo para proporcionar luz y electricidad a la ciudad a principios del siglo pasado, está en abandono usándose clandestinamente como casa habitación. Este se puede habilitar como museo de la electricidad y alumbrado público.  
Y hay otros más que deben preservarse, aquellos cuyas fachadas nos recuerdan épocas y vivencias pasadas, que se han ido destruyendo uno a uno para dar paso a la modernidad, los nuevos edificios deben construirse fuera del Centro Histórico como se hace en el mundo civilizado.
Y ahí, bajo el centro de la ciudad se encuentran los prehispánicos y otros coloniales túneles subterráneos que van de Catedral al Palacio de Cortés hasta el puente de la Barranca de Amanalco y hasta la de Analco con ramales a otros puntos, donde muchos cuernavacenses hemos incursionado por distintos accesos dando testimonio de su existencia. Bajo la vieja ciudad también se encuentran milenarias minas de arena y piedra, verdaderas cavernas prehispánicas que sirvieron para construir las pirámides y las casas de los tlahuica de Cuauhnahuac, y después las casonas al modo europeo de la ya Villa de Cuernavaca. Tanto los túneles como estas minas, bien pueden habilitarse para recorridos turísticos.
Y sigue una larga lista de lugares que bien merecen ser rescatados porque son parte del patrimonio histórico, cultural y natural de los cuernavacenses, tanto oriundos, como también de adopción.

P.D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa / [email protected]