Amigos lectores, el pasado miércoles 16 mis compañeros cronistas asociados me nombraron Presidente del Consejo de Cronistas de Cuernavaca A.C., lo que por este medio lo agradezco. 
Y respecto al tema, he observado que hay una especie de recelo del historiador académico hacia el cronista; solo que los cronistas también son historiadores. Y por el contrario no conozco ningún historiador que también sea cronista.  
Según los historiadores académicos, los cronistas estamos impedidos para opinar y escribir de historia, como si por serlo se anulara su capacidad para hacerlo. Cualquier persona interesada y documentada en algún tema de historia puede opinar y escribir de historia probando lo que dice, porque además se puede lograr, también desde el punto de vista de la percepción humana y no atado a rígidos y fríos tecnicismos, de escuelas que pretenden hacer historiadores a quienes no lo son por naturaleza, resultando historiadores sin esencia.
Por tal, el historiador es descarnado, frio, seco y por lo mismo aburrido y el cronista es humanista y ameno -unos más y otros menos.
El historiador académico investiga apegándose a lo ya dicho en viejos libros, mecánicamente saca fichas de ellos, las ordena como barajas, las copia, y nace “su obra”, su tecnicismo le impide ir más allá; no percibe, o su formación no le permite tomar en cuenta lo que no está escrito pero que consta en un documento. Pero esto último se logra con la capacidad para relacionar las cosas, y esta sensibilidad no se adquiere, se trae.   
Primero fueron los cronistas porque con la aparición de la escritura fueron los primeros en dar testimonio escrito de lo que veían, y así nace la historia porque fueron los historiadores los que se basaron en esas crónicas y así sigue siendo. Apenas el siglo pasado la historia se convirtió en materia de estudios; Así surgen los historiadores académicos, pero debemos dejar en claro que también hay historiadores natos, no fabricados. Los historiadores no nacen a partir de la academia, los hay dese siempre, ahí está Heródoto, considerado el padre de la Historia desde siglos antes de Cristo. 
Asegura el lingüista e impar historiador académico don Antonio García de León, investigador emérito adscrito a la Delegación del INAH Morelos, Premio Nacional de Ciencias y Artes: “La historia no es una ciencia pura sino un género literario, desde el siglo XX la historia entro en un túnel muy feo que es el de la ciencia, cuando no puede ser ciencia pura, está a medio camino entre la literatura, la escritura, el texto, y la interpretación; es un género literario apoyado en esquemas teóricos y científicos. Solo que a los actuales historiadores les da vergüenza reconocerlo. Agrega- que las mejores historias no las han escrito los historiadores sino los literatos. Termina- Para un historiador es importante captar el mundo, y no lo va a captar con marcos teóricos. El marco teórico no sirve más que para castrar la mirada. La historia tiene que hacerse con una visión holística –concepción distinta- general, amplia, si no, no se percibe”. 
Lo anterior apoya mi tesis que ya he publicado; que los historiadores académicos en lo general nada nuevo aportan porque se basan fría, estricta y técnicamente en documentos ya antes escritos y que solo repiten lo mismo que ya se ha dicho solo que en otro formato –si acaso-, su gélido trabajo no es tan depreciable pero solo porque esas reediciones llegan a nuevos lectores y generaciones, pero en lo general ni cautiva ni dice nada nuevo.
El cronista investiga en archivos, en testimonios, restos arqueológicos, escribe, graba, fotografía y publica sus hallazgos, viaja –si puede- para tener una visión distinta. Promociona la historia, lucha por la conservación del patrimonio histórico, lo hace por vocación, amor a su tierra y a su gente y no espera ninguna remuneración y hasta tiene que pagar por ello, su pago es el reconocimiento de sus compañeros y coterráneos, así, los cronistas se van ganando el respeto de los historiadores. Sólo los historiadores de escritorio son capaces de hablar con desprecio de los cronistas.
Los estilos de los cronistas natos, a deferencia de los historiadores horneados, son distintos, el egresado se siente obligado a respetar el método científico, y escribe encasillado a las normas académicas que aprendió en la escuela. Es por eso que los escritores académicos pecan de aburridos, por lo que casi no se leen sus publicaciones, y todavía se quejan de no ser leídos. Es por eso que a últimas fechas algunos historiadores han decidido experimentar entre lo académico y lo ameno, porque se han dado cuenta que han sido la mejor receta para el sueño; mis mejores siestas son cuando expone un aburrido historiador, ese cabeceo, eso sí que es una delicia. 
La calidad de las publicaciones además de su amenidad, está determinada por el talento personal de cada quien, y no por el grado o tipo de estudios historiográficos, hay cronistas literatos que escriben historia cubriendo todos los requisitos académicos sin perder su amenidad. 
Los cronistas son los que hacen la historia, los historiadores académicos son los que la descomponen.
P.D. Hasta el otro sábado.

Por:  Carlos Lavín Figueroa / [email protected]

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