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Los túneles bajo el Centro Histórico Cuernavaca eran una leyenda que se contaba en tertulias y sobremesas, y todavía la relatan miembros de antiguas familias oriundas, pero ahí están, este tema lo he investigado, verificado por décadas, y publicado en varios artículos incluyendo planos con los dos ejes principales y algunos de sus ramales. Atestiguo que dentro de una propiedad todavía existe un acceso abierto con dirección precisa al Palacio de Cortés, así como también docenas de testimonios vivos de cuernavacenses vivos –valga- que ya he mencionado en otras ocasiones y otros datos que llevarían a descubrir toda una red de pasadizos subterráneos bajo la ciudad. Y ante tanta evidencia no se hace nada por acrecentar nuestro patrimonio histórico para explorarlos turísticamente. Existen en muchas ciudades del mundo y de México, he publicado de los de Culiacán, Cholula, Saltillo y Teotihuacán, se cuenta que los hay en Tlaquiltenango y otros lugares de Morelos. Aquí les narro de los de Puebla, que en los años ’70 aseguraba de su existencia el entonces cronista de esa ciudad Héctor Silva Andraca, no le creyeron, pero ya no le toco ver ese descubrimiento.

Bajo la ciudad de Puebla existen túneles de la época colonial que conectaban iglesias con edificios, en la Revolución se habían utilizado para escabullirse. Pero no había rastro de ellos. Son una red de 10 kilómetros de caminos subterráneos construidos en los siglos XVI, XVII y XVIII han sido hallados en el corazón de la ciudad y son rehabilitados el gobierno del estado con fines turísticos.

Los primeros indicios de su existencia los dio una serie de mapas del siglo XIX en manos de una familia de la región, pero la prueba definitiva de que no se trataba de un mito fue el hallazgo accidental de un tramo durante una remodelación urbana en 2014. “Nunca nos imaginamos que eran así, yo en toda mi carrera nunca había visto nada así”, dice Sergio Vergara, gerente del Centro Histórico de Puebla.
Las investigaciones revelan que fueron construidos después de la fundación de la ciudad en 1531. Puebla fue una de las primeras ciudades de la colonia española y era un importante centro del clero novohispano. Los subterráneos se construyeron en los siguientes dos siglos a la par que la mayoría de las iglesias, monasterios y los edificios más representativos como el Ayuntamiento y la Catedral. Los caminos ocultos habrían servido, en un principio, para trasladar con discreción las riquezas de la iglesia Católica.
Los pasadizos tienen 15 diferentes tipos de arcos que por siglos han soportado encima la construcción de edificios, sistemas hidráulicos, la introducción del asfaltado y el tráfico de los automóviles.

La entrada a uno de los túneles, llamado Puerta de Zaragoza, estará abierta a los visitantes el próximo febrero. Sus bóvedas alcanzaron una altura considerable, este tramo recorría 4 kilómetros desde el río San Francisco hasta el Fuerte de Guadalupe para proteger la urbe de ataques. Estos detalles respaldan la hipótesis de que el subterráneo sirvió para el transporte de armas, municiones, e incluso de soldados durante la batalla del 5 de mayo de 1862. Los túneles habrían sido clave para derrotar a los franceses en un ataque simultáneo por diferentes frentes.

Cuenta Antonio Gali Fayad, alcalde de Puebla 2014-2016: “Estas historias me las contaba mi abuelo, que había visto personalmente algunos túneles” y decía: ‘Yo vi a Porfirio Díaz que los cruzaba a caballo y pasaban las carretas por esas bóvedas de la ciudad’”. Su abuelo Rafael Gali, un emigrante libanés dedicado a la industria textil, presenció a principios del siglo XX los traslados que algunas personas con una buena posición social hacían a través de las entonces llamadas “calles de abajo”. Tras la Revolución mexicana no se volvió a saber más sobre los pasadizos y se convirtieron en leyenda. “No me imagino tantos años de historia y sin que nadie tuviera el interés de encontrarlos”, dice Gali. Y en Morelos sigue sin interesar su descubrimiento.
Durante el rescate de estos pasadizos fue hallado el antiguo Puente de Bubas, una estructura de piedra del siglo XVII que sirvió para cruzar el río San Francisco, los restos del puente permanecieron enterrados debajo de una casa antigua, y fue llamado así porque conducía a un hospital atendido por la orden de los franciscanos donde se atendían a los enfermos de la peste bubónica. El trayecto también mostraba una distinción de clases, ya que aquellos que vivían en el centro de la ciudad pertenecían a las familias acaudaladas y quienes cruzaban el puente eran parte de las clases bajas.
En el sitio fue encontrado un antiguo escudo de Puebla de 1790 tallado en piedra. El puente y algunos tramos ya están abiertos para los visitantes.
La experiencia de Puebla que publicita el mismo gobernador de esa entidad, puede aprovecharse en Morelos para descubrir los túneles subterráneos de Cuernavaca, unos de origen es prehispánico mucho más antiguos que los de Puebla, y otros coloniales conectados entre sí formando toda una red oculta bajo tierra.
P.D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa / [email protected]