El diccionario de la Real Academia de la Lengua, no es el universo del idioma como muchos creen, es solo un catálogo limitado de palabras; unas propias que dan plena sustentabilidad a lo que se dice y lo que significan. Otras apropiadas en el sentido de raptadas para uso distinto al original, y otras más, impropias o erróneas que en ambos casos se dice para que son usadas. La Academia no tiene autoridad para determinar cuestiones de la ciencia histórica, esto es asunto de la enciclopedia.
Ni los lingüistas ni la Academia son los dueños de la Lengua, los únicos dueños son sus hablantes, son los que van introduciendo nuevos vocablos y usos, su diccionario es como un directorio telefónico, que va aceptando palabras aportando sus significados; pero su cometido es únicamente para que podamos entender lo que leemos y hasta las barbaridades que escuchamos, y registra vocablos solo cuando su uso es ya popular y habitual.  
Son los hablantes los que evolucionan el idioma. Del año 2000 a la fecha, los vocablos que la Academia ha introducido, es muchísimo mayor que en todo el último siglo, esto hace un idioma vivo y no una lengua muerta como el arameo. Pero el diccionario no aguanta millones de palabras, por ello las va seleccionando según su uso, actualmente tiene 93 mil, unas 5000 más que en 2001 y tiene más del doble que el primer diccionario de la RAE publicado en 1780, unas surgen y otras se van relegando que no desapareciendo porque quedan en la tradición de los pueblos.
Apenas en 1990 se estaba en desconexión entre los hablantes de las distintas regiones y países de habla hispana, pero también entre el padre con la manera de hablar de sus hijos y viceversa. La Lengua española es de todos los hispanohablantes, por tal, se pueden expresar como mejor les plazca y los lingüistas-lingüistas, están de acuerdo en ello, es absurdo ir en contra de la realidad. Y si a alguien no le gusta un vocablo, pues que se joda, y me refiero a los ridículos puristas y puritanos del idioma.

Los tradicionalistas dicen que no fue bueno quitar el acento a la palabra “solo”, los progresistas que sí, pero lo que importa es que lo acepte la generalidad, no es para la satisfacer a una minoría, pienso que es el inicio de la desaparición de los innecesarios acentos gráficos o tildes, y de la para muchos fastidiosa ortografía “terror del ser humano desde la cuna” decía García Marques. Todo evoluciona. Lo que busca la Academia y su Diccionario es que todos nos podamos entender. Pero no podemos decirle a nadie como lo tiene que decir o escribir, como tampoco podemos decirle a nadie cómo se tiene que vestir, y eso es difícil de entender para los que están anclados neciamente en una gramática tradicional.

En eso de la revolución del lenguaje, tiene mucho que ver la penetración de nuevas tecnologías y las redes sociales, junto a la globalización de la cultura, el comercio y la política.  En la política española se está introduciendo la palabra “buenismo” para significar algo que aparenta ser bueno pero que no lo es, o no lo es tanto como se pretende.
Hay que saber jugar con las palabras, en esto del hablar hay un juego que muchas veces se brinca la gramática tradicional, lo importante es darse a entender, discutir, jugar, pero los conservadores no lo aceptan ni lo entienden, lo ven como error, pero no hay que tener miedo a ser criticado ni a destrozar la lengua, lo que sí, hay que tener originalidad.
Muchísimos términos que creemos españoles son préstamos de otras lenguas, las lenguas tienden que contaminarse como dirían los puristas, a enriquecerse, como dirían los progresistas, pero si surge una palabra en inglés o es de ese origen que describa una nueva realidad, no pasa nada, hay que aceptarla. Las lenguas ya no son puras –ninguna- tienden a globalizarse, y no pierden por contaminarse o enriquecerse. No hemos perdido por incluir tantas palabras del árabe, del náhuatl, del inglés, del francés, del italiano, africanas, orientales, por el contrario, hemos ganado, ahora no sabemos ni de dónde vienen, como “añorar”, del idioma catalán y “túnel” del inglés, que entran al español apenas hasta finales del siglo XIX y ahora son imprescindibles. Pero también el idioma español ha aportado palabras que ahora son universales en todos los idiomas como siesta, paella, bodega, patriota.
En lo personal me parece que está bien introducir nuevas palabras o términos en tanto no existan en el español, pero lo veo innecesario si existe su sinónimo o traducción en nuestro idioma; aunque por otro lado hay términos qué aun teniendo traducción al español son aceptados también de manera universal para unificar expresiones, como “fan page” –página de fans- en “Facebook” que a algunos les parece ridícula y ególatra y solo para estrellas de cine o música, cuando el término “fan page” es universal y para cualquier persona pública.
El tradicionalismo, implica miedo a perder la identidad, pero para parecer más moderno, más “col”, se usan palabras extranjeras, pero hay que saber moderar, ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.
P.D. Hasta el otro sábado

 

Por: Carlos Lavín Figueroa /  [email protected]