El Palacio de Cortés nunca fue tal, nunca tuvo lujos de un palacio, y menos castillo como se pretende actualmente etiquetarlo desde la Ciudad de México. Por ser un edificio civil con arcadas abiertas, no puede ser una fortaleza, sus almenas separadas son para denotar jerarquía a la usanza posmedieval, de lo que hay muchos ejemplos como la almenada Casa de Contratación en Sevilla ya desaparecida.
Fue, si, la casona de Hernán Cortés, así se le menciona en documentos de la época. Inicialmente debió existir una torre de planta rectangular, con carácter de vigilancia y defensa de la zona. Esa torre se construiría entre 1522 y 1524 cuando Cortés fue nombrado Gobernador y Capitán General por Carlos 1º de España. Diego Altamirano el primo y administrador de Cortés edificó la capilla de los franciscanos en la esquina sur poniente, con objeto de que la Audiencia de México –que rivalizaba con el conquistador- no le confiscara el lugar mientras viajaba por las Hibueras como había sucedido con otras de sus propiedades que siempre recuperó el conquistador. La tercera etapa significaría la transformación de aquella torre en mansión pero no palacio. La última fase, en la década de los años quinientos treinta, convierte a esta gran casona en la sede de su inmenso marquesado concedido por el emperador en 1529. Estas cuatro fases del desarrollo de la mansión cortesiana nos conducen a la forma actual que tendría ya hacia 1540, con el gran patio o plaza de armas al frente –donde hoy se ubica la escultura del general Carlos Pacheco- cercada toda la propiedad por un muro almenado similar al de la catedral. Es ya el edificio más cuernavacense, e icono de la ciudad.
El edificio empezó siendo estratégico y de recolección de tributos, localizado con vista a los grandiosos volcanes. Por investigaciones de campo que inicié en Europa; su modelo se fue adaptando al diseño de la aun hoy existente villa campestre Chigi delle Volte, construida por Baldassare Peruzzi en Siena Italia que desde el siglo XVI perteneció al gobierno italiano, concretamente al Primer Ministerio, se caracteriza por su sencillez esencial que armoniza muy bien con el medio rural, por su importancia, hoy pertenece a la Universidad de Siena. Esos planos llegarían de Europa con otros más a petición de Cortés al rey Carlos, que este le envió por intermediación del artista del renacimiento alemán Alberto Durero, quien los recolectó de los arquitectos más famosos del Renacimiento en toda Europa, para con ellos reconstruir al modo europeo – a petición de Cortés- la Gran Ciudad de México, hoy Ciudad de los Palacios. Este diseño de Peruzzi con arcadas abiertas incluso en su planta baja, denota un edificio civil -no una fortaleza- y no era adecuado para una casa citadina, sino para una campestre rodeada de un muro como era en el caso de la de Siena y después en la Cuernavaca colonial. A Peruzzi, que fue maestro en perspectiva, y solo a él, se debe el estilo de planta en “U” formado con sus arcadas profundas como el de Cortés, lo que no tiene el Alcázar de los Colon en Santo Domingo en la hoy República Dominicana que además presenta diferente número de arcos, al que a alguien se le ocurrió -y se ha repetido erróneamente- que fue el que sirvió de modelo para el de Cuernavaca.  

Peruzzi fue uno de los más destacados pintores y arquitectos del Renacimiento Italiano, nada más y nada menos, fue él quien terminó de construir la Basílica de San Pedro en el Vaticano, iniciada por Bramante continuado por Miguel Ángel. Al igual que Rafael de Sancio, Peruzzi, fue arquitecto de los Ghigi, destacada familia que desplazó a los Médici como papas y banqueros del Vaticano, fueron también mecenas, y cardenales, en ese momento la familia más poderosa de Europa

Así se sustenta, que el modelo del “Palacio de Cortés”, no fue, ni se inspiró en el Alcázar de los Colón en Santo Domingo como se ha dicho, sino que su modelo se basó en la villa italiana antes mencionada.
 La de Cuernavaca fue usada como casona por los descendientes de Cortés hasta el siglo XVII. Después estuvo abandonada; en el siglo XVIII y hasta la independencia fue cárcel. Nunca fue un palacio habitación, se le empezó a llamar palacio cuando fue usado como palacio municipal de la alcaldía de Cuernavaca, cuando esta ciudad pertenecía al Estado de México; en 1855 fue sede del Gobierno de la Republica de Juan N. Álvarez; fue despacho de Maximiliano, y en 1872 fue palacio de gobierno del recién surgido estado de Morelos en 1869.

Además de que se construía el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, junto con el ya antiguo Palacio de Cortés y por haber sido capital del señorío tlahuica, fueron las principales razones para que Cuernavaca fuera la capital del nuevo estado y se instalaran ahí los tres podres. Hoy por tradición a esta casona se le conoce como Palacio de Cortés, y es el edificio civil aun conservado más antiguo de la América Continental que alberga al Museo Cuauhnahuac.

P.D. Hasta el otro sábado