-En Monte Alban Oaxaca, existen figuras talladas en piedra por los zapotecas, conocidas como Los Danzantes, son personajes sagrados -que se dice prisioneros- eran enanos, jorobados, o con otros defectos; bocas y narices anchas, ojos oblicuos, a quienes se les tenía veneración y un edificio principal dedicado a ellos-
Pues caso similar resultaron ser las colosales cabezas olmecas, localizadas en Tabasco y Veracruz, que han sido un misterio, centro de especulaciones y controversias en cuanto a su creación y función; se ha insistido que tienen rasgos negroides por sus gruesos labios y nariz ancha, características del África Subsahariana, esto, sin haberse esclarecido como pudo haber llegado esta influencia a América siglos antes de la era cristiana y del mismo descubrimiento y además sin dejar descendencia con esos rasgos. Esas características son ya comunes en esa región, pero solo a partir de la presencia de esclavos negros que fueron traídos hasta principios de la época colonial, muchos siglos después de haberse elaborado esas colosales cabezas. También se ha dicho que por su tocado representaban a diferentes gobernantes; otros aseguran que son guerreros destacados y que esos tocados son cascos de guerra.

Examiné varias cabezas olmecas y desde el primer momento me parecieron ser de enanos, o de adultos jóvenes con mongolismo o Síndrome de Down. Me apliqué a investigar, y llegué a la conclusión de que esas cabezas efectivamente corresponden a jóvenes con ese síndrome, ya que hay información que la cultura olmeca consideraba como “dioses de amor” a los niños con ese síndrome por ser muy afectuosos.

Un caso documentado se da en La Venta en Tabasco, con el legendario ‘Garra de Jaguar” un guerrero, sacerdote y gobernador supremo, que no era el ser más importante, sino un adolescente “cara de niño”, que ya había presenciado diecinueve cambios de estación -años de vida- al que daban todas las comodidades en un área separada de la comunidad habitada también por Garra de Jaguar. La mayoría de esos niños morían en la infancia. A los que llegaban a una edad adulta, se les honraba con una figura colosal de su cabeza en piedra, las más antiguas datan desde principios del 1500 al 1000 a. C. y algunas del 1000 al 400 a. C., más de mil cien años de ser elaboradas. Pesan alrededor de 6 toneladas, las más son de 25, mientras que la mayor está entre 40 a 50 toneladas, aunque esta fue abandonada sin terminar.
Observé con detalle que estas cabezas muestran rostros de jóvenes indígenas masculinos, con características propias del Síndrome de Down como; cara redonda y relajada con nula expresión muscular, cuello corto, mejillas carnosas que ocultan pómulos, narices anchas y chatas, orejas pequeñas y deformes; y lo que más destaca son sus ojos oblicuos almendrados claramente mongoloides ligeramente entrecerrados con mirada perdida representada en todos los casos por la carencia de pupilas. Esos seres, representan específicamente jóvenes con Síndrome de Down o mongolismo, o con enanismo que eran personajes sagrados entre los olmecas porque la propia naturaleza los escogía y los hacía únicos entre los demás individuos.
Y encuentro también, que esa creencia llega hasta nuestros días cuando recientemente vino al mundo un niño al que su madre- ya muy adulta- puso “Precioso Regalo”, nacido en La Venta Tabasco, lo nombró así porque recibió de la naturaleza un niño distinto con los elementos del Síndrome de Down.
A esos niños pequeños también se les honró con esculturas de cerámica en cuerpo completo, generalmente de 25 a 35 cm, brillantes, de color blanco o de color crema, con la cabeza grande. Igual tienen ojos almendrados muy estrechos, las extremidades cortas y gruesas, y todas son diferentes, estos personajes están desnudos y recuerdan a niños sentados o gateando. Los olmecas también los tallaron en piedra, las más pequeñas fueron en jade, algunas con fuertes rasgos de jaguares, que pueden representar el mito olmeca acerca de la interacción del jaguar o del espíritu jaguar con los seres humanos. En este mito, se dice que un jaguar copuló con una hembra humana y así dio nacimiento a estos “hombres-jaguar”, representados como niños y jóvenes masculinos.

Entre los olmecas, el espíritu de la lluvia aparece en su mitología en un ser masculino, que se representa como un niño, o joven, o como un enano.  Este mito se enfoca en los “niños de la lluvia”, espíritus como duendes o “gente pequeña”. En el Estado de Chiapas, entre la comunidad zoque perteneciente a los mixes, asentada en el Istmo de Tehuantepec, a la fecha trasciende que los espíritus de la lluvia son muy viejos, pero que lucen como niños.

P.D. Hasta la próxima

Por: Carlos Lavín Figueroa / [email protected]

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