Por intercambio de información con el historiador-investigador argentino Ricardo Koon, ha sido posible revivir este suceso, que complementé con periódicos de la época, libros y cartas, aquí un resumen.
El miércoles 31 de diciembre de 1941 una columna del diario “El Popular” aparece el título “¿Cuernavaca o Berlín?”. El texto da cuenta de la agresión que había sufrido el poeta chileno de 37 años Pablo Neruda el domingo 28 anterior, por parte de supuestos agentes nazis en el Restaurante-Hotel Parque Amatlán -realmente búngalos- en Avenida Cuauhtémoc, del barrio de Amatitlán límites con Acapantzingo, en la capital morelense, y propiedad del alemán Roberto Kabler. Neruda -cónsul en México- había viajado de la Ciudad de México a Cuernavaca el sábado 27 de diciembre a hospedarse en ese Restaurante-Hotel -que, por datos recabados, probablemente pudo operar de manera efímera en la esquina nororiente de Avenida Cuauhtémoc con Calle del Arco, hoy en ruinas-. Neruda venía junto con la familia de Luis Enrique Délano y varios amigos más, algunos de ellos también representantes de Chile en México. […] el domingo, durante la sobremesa, a las 7.30 más o menos, hablaban sobre la guerra, abordaban las últimas batallas del conflicto y se centraron en el ataque a Pearl Harbor sucedido tres semanas antes, y que había sido la razón por la que Estados Unidos entraba a la Segunda Guerra Mundial, sumándose México contra el Eje Berlín-Roma-Tokio. Así, Neruda y sus amigos brindaban por los presidentes Roosevelt y Ávila Camacho, sin saber que a su alrededor se gestaba el ataque en su contra por parte de agentes de la Gestapo.
En carta a Diego Muñoz y Alberto Romero, Neruda describe: “[…] de pronto estos bandidos se levantan y se precipitan sobre nosotros, formados más o menos militarmente, armados de sillas y unos laques -una especio de boleadoras- que fueron a buscar a sus automóviles. […] Haciendo el saludo nazi se lanzaron contra nosotros que naturalmente nos defendimos, a silletazos, bofetadas, etc. Pero eran muchos y, como os digo estaban armados. Yo recibí un lacazo que me partió la cabeza, no sin haber pegado algunos silletazos, pero os digo que tengo la cabeza dura. Algunos eran derribados y se levantaban felina y gimnásticamente”.
En Pablo Neruda: “Los caminos de América” Edmundo Olivares Briones recoge la mirada de Poli Délano, hijo de Luis Enrique un niño en ese entonces, la cual es la más acogedora: “…el domingo fuimos a almorzar en una especie de patio techado con arcos en los muros… reverberaba el follaje exuberante de la Ciudad de la Eterna Primavera. De pronto sobrevino el caos. Gritos, carreras y golpes. Mi padre me había empujado debajo de la mesa y desde allí retuve algunas imágenes: a Lola, mi madre, como una hormiguita combatiendo mano a mano junto a sus hombres contra otros tipos que parecían, pienso ahora, bastante mejor preparados. Vi a mi madre reventar en la cabeza de uno de ellos una gran caja de fósforos de chimenea, gigantes; a mi padre defendiéndose, y a Neruda con la cabeza partida y la sangre corriendo a raudales”.
Cuando los nazis ven al poeta con el cráneo deshecho salen huyendo. Creen que lo han matado. Neruda fue llevado a un consultorio donde es atendido por médicos que habían llegado de España con el exilio republicano. Por la tarde, y ya con una nueva anécdota que contar, la comitiva chilena tiene que pasar también por una tienda de guayaberas donde compran una nueva camisa para Neruda. La que llevaba puesta había quedado tapizada de sangre durante la gresca.
Heinz Wobeser, Von Teodhos, Von Warner, Rudolf Richard Korkowski, Alfred Streu, Guillermo Wolf, Guillermo Dohle y Fritz Hemminger fueron señalados como los agresores. Éste último fue apresado horas después, en el restaurante “Charlie Place” -en Cuernavaca- donde había buscado refugio. Al ser acusado por un semanario de atacar comunistas, había comentado: “ahora todos saben que soy un buen nazi”.
La prensa nacional condenó el ataque, y en el texto de “El Popular” se denunciaba el hecho, no como una riña entre simpatizantes de lados opuestos de la guerra, sino como una agresión por la llamada “Quinta Columna Nazi” formada  por un conjunto de personas potencialmente desleales a la comunidad en la que viven, en este caso a México, y susceptibles de colaborar de distintas formas con los nazis; esta vez dirigida en contra de los partidarios comunistas dentro de los que estaba Neruda. El periódico, llamaba a las autoridades a actuar en contra de todos los agentes nazis radicados en México que se había convertido en centro de espionaje por su frontera con los EEUU. Y sobre todo pedía investigar a esos alemanes en Cuernavaca, que hacían, a la pequeña ciudad, el nido preferido de los espías de Hitler en nuestro país.
A partir de esa agresión, el hotel, fue clausurado y Cuernavaca estuvo en la mira del FBI.
P.D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa / [email protected]


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