Apenas hace unas semanas -a finales de abril- mientras el antropólogo cuernavacense Rafael Rodríguez Brito caminaba en la campiña de Buena Vista del Monte, se encontró con un lugareño con el que se puso a platicar de su profesión y aficiones. De la plática surgió que lejos del pueblo había -por lo que entendió- una cueva con algunas pinturas rupestres, básicamente de manos. Dos semanas después, hace unos días, junto con su esposa y su hermano Ricardo, se dieron a la tarea se buscarla.
Y la encontramos –nos dice el antropólogo- incluyendo algo de cerámica y restos de minúsculas mazorcas de maíz primigenio. Al día siguiente la reporté al INAH porque parecía muy relevante, sobre todo por las mazorquitas primitivas que vimos dentro de la cueva, estas son pruebas irrefutables de que el maíz se empezó a cultivar en el Valle de Chalco pero también en el Valle de Cuernavaca dato que se desconocía.
Es indudable que son pinturas prehistóricas, anteriores al periodo Olmeca Preclásico que es la cultura más antigua de todas las culturas mesoamericanas. Incluso son anteriores a la Cueva de las Pinturas de Ticumán. El descubrimiento es sumamente importante.
Hace unos días me contactó Ricardo Rodríguez Brito, para comentarme que su hermano el antropólogo Rafael, había encontrado esa cueva con pinturas rupestres, concretamente de manos, misma que de inmediato reportó al Instituto Nacional de Antropología e Historia –INAH- y me invitaba a conocerlas, por lo que quedamos de vernos el pasado sábado 13 de mayo por la mañana en la iglesia del lugar para de ahí hacer la caminata al sitio. Y después de un largo recorrido por el lecho abrupto y rocoso de una barranca, por fin llegamos a la cueva. Fue impactante estar frente a ellas, en realidad son varias, en una, están plasmadas docenas de huellas de manos, inclusive de niños –de lo que tampoco se tiene precedente.     
Los antropólogos que fueron con nosotros a conocerlas e inspeccionarlas de manera oficial quedaron impactados. En el lugar se sentía una vibra mágica, mística... las huellas de las manos de infantes son únicas, me imagino a sus padres pidiéndoles que pusieran su manitas en la pared rocosa y ellos plasmarlas para la posteridad. La necesidad de dejar una huella de nuestra temporalidad en el mundo es profunda en el ser humano y emociona.
El grupo de siete personas que realizamos la visita lo conformamos el antropólogo descubridor Rafael Rodríguez Brito; su hermano Ricardo; el arqueólogo de origen peruano Pavel Carlos Leiva García quien realizo la inspección oficial por parte del INAH; la arqueóloga también peruana Judith García; nuestro camarógrafo y editor de los videos “A la vuelta de la esquina” Jonathan Melgro; mi hijo Carlos, y el que esto les escribe.
Todo apunta a que las pinturas son aún mucho más importantes de lo que inicialmente pensábamos todos... los arqueólogos estimaron que por la técnica usada tengan una antigüedad entre 10 mil y 15 mil año, por lo que estaríamos hablando de uno de los registros humanos más antiguos de América. El asunto es de tal relevancia que van a impulsar una investigación muy seria.
Al ingresar a la cueva que servía de dormitorio y resguardo del frio y de los animales, descubrimos restos de su piso de barro muy liviano, al parecer mezclado con material vegetal, junto a una de las paredes algo que parecía una especie de alacena para colocar utensilios o herramientas.  En su interior, la cueva de origen natural tiene poco más de un metro de alto, en las paredes hay huellas de herramientas muy marcadas y juntas lo que indica que se agrandó excavando a los lados. Tiene unas escaleras labradas en la piedra que sirven de acceso; dos ventanas un tanto cubiertas de piedras encimadas, y otras en el exterior que sirven de muro.
También hay restos de cerámicas que los arqueólogos identifican de la época prehispánica, por lo que se entiende que esas cuevas fueron usadas por varias tribus a través de miles de años.
Todo lo dejamos intacto, pero no podemos revelar su ubicación hasta en tanto no sean resguardadas por las autoridades para evitar sean depredadas.
La conversación, muy profesional por parte de los antropólogos, fue más que interesante y se extendió largo rato en el sitio mismo de las cuevas, y continuó toda la tarde después la comida que nos ofreció la mama de los Rodríguez en su cabaña de madera de Buena Vista del Monte.
En la Argentina existe una cueva con pinturas de manos con la misma técnica que datan de 10 mil años de antigüedad, por lo que se presume que siendo la misma técnica sean contemporáneas o incluso más antiguas.
Grabamos un video para la serie “A la vuelta de la esquina” que se puede ver partir de este fin de semana en mis páginas de Facebook, “Carlos Lavin Figueroa” y “Cronista Carlos Lavin”, donde se aprecia parte del recorrido para llegar al lugar, la cueva dormitorio con sus detalles, y otra con las pinturas rupestres de manos que requieren restauración para mejor apreciarse.
Fue un gran día para la prehistoria de Cuernavaca.
P.D. Hasta el próximo sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa /  [email protected]

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