Esto no es una narración que pudiera referir al abuso del puro de tabaco, sino al purismo del idioma español, al lingüístico, una actitud que rechaza el uso de palabras que no son propias de lo que se dice o que no son de nuestro idioma, como los extranjerismos, además de vulgarismos, coloquialismos, dialectismos aunque esten incluidos en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Pero nuestro idioma está vivo, crece porque va aceptando algunas de esas propuestas de sus hablantes, siempre que sean de uso generalizado y permanente; de no haber sido incluidas, seguiríamos hablando el español castizo –puro de casta- del Siglo de Oro de hace 500 años que tenía menos de la mitad de palabras que ahora.
Los ismos tienen varios sentidos, como los de doctrina o sistema, escuela o movimiento; actividad o afición, actitud y condición.
El purismo en su sentido de actitud o conducta como el fanatismo y el egoísmo representa excesos. Como había comentado en anterior artículo, en España se está empezando a usar en política la palabra “buenismo” que significa algo así como disimular que algo es bueno pero que no lo es, o que no lo es tanto.

La Real Academia de la Lengua tuvo –ya no es posible- como segundo cometido un intento purista de rechazar las todas las “influencias”, principalmente del francés y del inglés que empezaban a invadir nuestro idioma desde el siglo XVII, al no lograrlo debido a su uso cotidiano ahora las selecciona y registra en su diccionario. Se diría –y con razón- que en ese sentido “influencia” es incorrecto porque esas palabras extranjeras no influyen en las españolas, no las modifica; sino que más bien es un “influjo” que viene de “flujo”, una corriente de palabras que invaden nuestra lengua y que –al contrario- se españolizan; pero caray, no importa tanto la pureza con que se diga sino que se entienda lo que se diga y más que se haga sentir lo que se diga.

Considero que la defendida pureza del idioma debería llamarse pobreza; para aceptar un neologismo o nueva palabra no requiere forzosamente que falte su sinónimo en el español, basta que la nueva tenga, o más propiedad, o más energía o más contundencia o sonoridad para ser aceptada.
Se dice que los puristas son fríos, secos y descarnados, pues igual resultan sus trabajos. José Reinoso, de la Academia de Letras Humanas de Sevilla, en 1798, reconoce él derecho que tiene toda persona instruida, a innovar con tiento. Lo humanitario, lo fraternal, lo contundente sea del idioma que sea anula barreras entre pueblos y lenguas, sería un error querer que cada lengua se limite a sí misma.
Simón Bolívar también fue culto políglota, innovó muchos vocablos que después registraría nuestro diccionario. Emplea por primera vez “patriota” en 1812, utiliza en 1813 “terrorismo”, usa “liberticida”, y “constituyentes” en 1826, unos tardarían pocos y otros más de cien años en ser registrados por la Academia.
Por tanto; los que escribimos no solo podemos innovar palabras, sino también jugar con la gramática para dar énfasis o un sentido distinto o adicional al texto, incluso con palabras fuertes o contundentes para hacer sentir lo que queremos comunicar, pero hay posturas puristas que ven esto como error, no lo captan y no lo aceptan y lo critican, pero ni muy muy ni tan tan. La gramática, debido a su uso cotidiano y popular, se modifica constantemente, cada vez es menos rigurosa, y somos los hablantes los que la vamos modificando.  
El idioma evoluciona; por ejemplo “nacer” hoy, no se usa como antes solo para salir del vientre o del huevo o de una semilla, hoy, está bien dicho que nace un país, una constitución, un rio; y que el sol nace todos los días aunque tenga miles de millones de años de existir, en estos sentidos nacer es una palabra apropiada.  Cuate, en el sentido de amigo, es una palabra que atacaban los puristas porque argumentaban era un error emplearla de esa manera ya que estaba registrada en el diccionario únicamente como un mexicanismo de gemelo. Hoy; cuate, debido a su uso cotidiano principalmente en México es ya una palabra apropiada que registrada por el Diccionario de la Real Academia Española como amigo íntimo, es un dialectismo que viene del náhuatl cóatl que significa mellizo, o víbora (así).
Ya en este tema, y porque los eventos socioculturales se han convertido en intercambio de reconocimientos personales, salir en la foto, alagarse de halagos; y aunque es imposible registrar todos los “ismos” puesto que se duplicaría el diccionario, en los de actitud, propongo aquí la palabra “reconocimientismo” para llamar así a esa actitud personal de anhelar ser reconocido, y “reconocimientitis” cuando es ya una enfermedad.   
El futuro del español está más en Estados Unidos que en los países hispanohablantes, cuenta ya con su Academia de la Lengua Española, es allí donde se está “cocinando” –palabra apropiada- el español internacional.      
Pero debemos tomar en cuenta que el diccionario registra palabras propias y apropiadas en el sentido de raptadas para uso distinto al original, y otras “erróneas” pero solo para que podamos entender lo que escuchamos y leemos, y por el hecho de estar en el diccionario no significa que sean las propias o correctas.
P.D. Hasta el otro sábado      

Por: Carlos Lavín Figueroa /  [email protected]