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El Jardín Borda fue ordenado por el minero don José de la Borda quien por su deseo está sepultado en la Capilla Abierta de san José dentro del conjunto catedralicio que se encuentra enfrente. Se construyó en lo que había sido una huerta prehispánica de plantas alimentarias y medicinales. Data del siglo XVIII. Para 1783 se ya se estaba construyendo su estanque mayor que se inauguró el día de san Carlos en honor del entonces rey Carlos III de España. Los jardines recibieron invitados destacados, como el virrey de Nueva España don Matías Gálvez. 
Son jardines afrancesados, están construidos en desniveles entre rampas, elevados corredores, escalinatas, miradores y puentes. Sus jardineras forman una retícula cuadrangular entre pasillos con canaletas laterales, estas son de origen mudéjar en las que corría agua de manera constante cuyo murmullo daba un tranquilo remanso al estilo de la Alhambra de Granada en su Patio de los Leones y en sus jardines de la Generalife. Se construyeron estanques y fuentes en plazoletas con juegos de agua al estilo francés que brotaban por presión desde el gran estanque ubicado a mayor altura. En sus inicios se destinó al estudio de la botánica y la horticultura, ahí se reunieron plantas nativas ornamentales y frutales, y para su aclimatación el níspero europeo, el japonés, y otras asiáticas como el mango de Manila Filipinas.    
La casa con sus jardines fueron seleccionados por Maximiliano y Carlota para su descanso, para lo que se hicieron algunas adecuaciones donde los emperadores pasaban semanas enteras.
En el lugar se han ofrecido banquetes para presidentes como don Porfirio, Lerdo de Tejada, y el candidato Madero.
Solo sesenta años después en la década de los ‘70 donde ahora se encuentra la Sala Manuel M. Ponce, se instaló una exclusiva discoteca de nombre de Mama Carlota -a la que yo era asiduo- lugar preferido de famosos nacionales e internacionales, su propietario era Carlos Hemmer -yerno del gobernador Felipe Rivera Crespo-. En la segunda mitad de esa década fue cerrada para dar lugar la Delegación de la Secretaria de Turismo Federal cuyo delegado era el arquitecto Felipe Jardel; donde tuve mis oficinas como Director de Servicios Turísticos, y cuando el lugar se repartió con la Dirección de Cultura del Estado, me mudé al lado norte junto a la iglesia de Guadalupe, ambas con vista a la Avenida Morelos.  
Fue en el ’84 cuando se entrega al gobierno del estado, se hacen reparaciones y construye el teatro del lago, dirigió las obras el destacado ingeniero Jesús Sánchez quien logró recuperar lo más importante del sitio. 

Actualmente se lleva a cabo una minuciosa restauración por encargo de la Dirección de Cultura del gobierno estatal con la asesoría y supervisión de la Delegación del Instituto Nacional de Antropología e Historia que dignamente representa el antropólogo Víctor Hugo Valencia con especialistas en flora, ingenieros y arquitectos expertos en restauración de monumentos coloniales, obra que con decenas de trabajadores se encuentra en apogeo, consiste en arreglos de su deteriorada fachada a punto de derrumbe en sus alturas, y de sus jardineras, que eran ya una lóbrega selva sin ton ni son invadidas por distintas variedades de plantas y árboles que ahí fueron brotando y creciendo de manera anárquica imposibilitando apreciar el conjunto de manera integral. Sus corredores y arriates que circundan esas jardineras, así como sus fuentes se están restaurando sin perder su originalidad. 

Quedé sorprendido en el recorrido al que fuimos invitados los cronistas de Cuernavaca por la secretaria de cultura Cristina Feasler quien nos recibió junto con los especialistas que participan en estos trabajos, desde albañiles y maestros de obra hasta técnicos y ejecutivos encargados de los diversos espacios, quienes nos explicaban detalles, obra de tal importancia como no se había realizado antes particularmente en el área de jardines. 
Todo su conjunto ya se aprecia de manera espectacular, se ha recuperado el paisaje original que se había perdido por tanto follaje desordenado; árboles y plantas que se estorbaban unos con otros en sus raíces y ramaje han sido banqueados para ubicarlos en otros lugares públicos. 
Sirva de recordatorio que he insistido en la recuperación de esas canaletas para que, como en su origen, corra agua en ellas de manera permanente –lo que no está contemplado en el proyecto- pero que le aportaría un gran valor agregado a esos únicos jardines históricos del virreinato aun conservados, rescatando así esa mágica atmosfera de remanso y tranquilidad que antaño proveían. Así, sería posible reciclar el agua de esos canales, lo que servirá para oxigenar la del estanque y quitarle lo verde que actualmente presenta. 
De los sondeos o calas arqueológicas se han encontrado piezas prehispánicas, coloniales, y esqueletos de animales endémicos que ya son parte de un museo de sitio. 
En breve se iniciara una segunda etapa que consiste en iluminar estos centenarios jardines, que también visitaremos para aportar nuestros comentarios. 
Con estas obras tendremos Borda para cien años más.
P.D. Hasta el otro sábado.

 

Por:  Carlos Lavín Figueroa  /  [email protected]