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Bogotá.- El joven cineasta holandés, Van der Meer, dejó que le robarán su celular, espió al ladrón y al final logró realizar el filme “Find my phone”, que hoy tiene más de seis millones de visitas en la red social YouTube.

El joven cineasta contó al diario El Tiempo, que la historia surgió de una pregunta que se hizo: ¿Qué pasaría si pudiera saber qué sucede con el teléfono cuando es robado?, partiendo que su móvil contenía información sobre su vida.

El joven para lograr el objetivo de contar una historia, se ideó todo un plan: dejó que le robaran otro celular, al que le instaló un programa espía, y luego grabó un documental en el que registró todo lo que hacía el ladrón y el camino que tomaba el teléfono.

“Cuando me hurtaron el celular, no tenía ninguna clave de seguridad, así que la persona tenía acceso a todo. Eso me hizo preguntarme dónde terminan los teléfonos robados”, dijo Van der Meer en la entrevista con El Tiempo..

Para hacer la historia el joven compró un celular Android e instaló la aplicación Cerberus en el sistema. Así podía acceder remotamente a la cámara del celular, tomar fotos y videos, grabar audios, ver la ubicación y los mensajes y prácticamente tener control total del smartphone.

El joven dejó el celular en un sitio público en Amsterdan hasta que un hombre de unos 40 años de nacionalidad egipcia, lo tomó y desde ese momento empezó la producción de la película.

El cineasta relató que empezó a tomar varias imágenes y grabaciones diariamente en diferentes momentos del día, hizo copias de sus contactos y guardó los lugares que el hombre visitaba.

Durante la producción del material, descubrió que “el ladrón era un hombre de bajos recursos que pasaba sus noches en albergues. Soledad, tristeza, necesidad”.

Dijo que él empezó a experimentar junto con el ladrón “los sentimientos que invadían a este hombre. Estaba logrando lo imaginable: sentía empatía y compasión por la persona que lo robó”.

“Vi muchas cosas sobre él y al final me sentía triste porque, por ejemplo, leía mensajes en los que decía que no tenía dinero para el tiquete del bus”, afirmó.

Luego “llegué al punto en que me sentí mal porque cada vez que lo rastreaba le gastaba su plan de datos y terminé recargándole, sin que supiera, su teléfono”.

“Pensé que era un viejo solitario, pero cuando lo vi de frente lucía bastante agresivo y olía a drogas. Era totalmente diferente (...) Fue una situación muy estresante porque él tuvo mis fotos en el celular por varios días, así que me podía reconocer”.

Antony logró después de varias semanas: rastrear el celular y conocer la historia del ladrón.

“Los datos no dicen nada sobre la persona hasta que realmente los interpretas. Quizá yo quería verlo como alguien amable, pero si yo hubiera querido que fuera un criminal, la información que obtuve también hubiera podido soportar esa teoría”, concluyó.