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México.- En el sismo del pasado 19 de septiembre, la mayoría de la población percibió el movimiento, que para muchos esos segundos se convirtieron en minutos de angustia, desesperación y miedo, pero su duración varía de un lugar a otro.

Para determinar la duración de un temblor se toman en cuenta tres factores: la distancia al epicentro, el tipo de terreno y el tipo de construcción en donde nos encontramos en ese momento; sin embargo, esos datos no los reporta el Servicio Sismológico Nacional (SSN).

De acuerdo con el organismo, cuando se habla del tiempo, se establecen varios conceptos diferentes, como la duración del movimiento percibida por el ser humano, y la duración del registro instrumental, el cual puede ser de varios minutos.

Otro es el tiempo que duró el movimiento de la falla que originó el sismo, que puede ser de unos cuantos segundos.

Para ello, se utilizan los sismómetros, que son instrumentos altamente sensibles al movimiento del suelo, esto les permite detectar con precisión el instante mismo del inicio de un temblor, así como su terminación.

Destaca que el ser humano, a diferencia de ese aparato, no tiene una percepción tan desarrollada en ese sentido, porque sólo es capaz de percibir la parte más intensa del movimiento provocado por un terremoto.

Esto es, explica, si se ponen juntas a una persona y a un sismómetro a medir la duración de un sismo, la persona reportará un tiempo de movimiento menor al del sismómetro.

Ello, debido a que la persona sólo siente la parte más intensa del movimiento del suelo, mientras que el sismómetro percibe hasta la más mínima vibración que ocurre cuando inicia y cuando termina, por lo que se puede decir que es considerable la diferencia entre lo que siente el ser humano y lo que reporta el instrumento.

Además, varía de un lugar a otro, porque cuando ocurre un sismo, las personas que viven en diferentes lugares no perciben la misma duración y aquellas que están en un mismo sitio pueden experimentar tiempos diferentes, aclara el Servicio Sismológico Nacional.

Cuando ocurre un movimiento telúrico de magnitud considerable, como el del 19 de septiembre, las rocas que se encuentran cerca de la zona de ruptura están sujetas a un reacomodo.

Durante ese proceso, resalta, se genera una serie de temblores en la zona conocidos como réplicas, que son de menor magnitud y aclara que pueden ocurrir minutos, días y hasta años después del evento principal.