El líder del grupo delictivo de ‘Los Zetas’, Moisés Escamilla May, falleció dentro del Penal Federal de Puente Grande en Jalisco a consecuencia del coronavirus.

Personal médico adscrito al Centro Federal de Reinserción Social, (CEFERESO) número 02, ubicado en el municipio de El Salto, solicitó la presencia de peritos del Servicio Médico Forense debido a que el reo, apodado “el Gordo May”, convalecía en el hospital penitenciario, y se constató su deceso por COVID-19, enfermedad por la que era atendido desde el pasado 6 de mayo, día en el que comenzó con problemas respiratorios.

Cabe señalar que en 11 años y 5 meses de reclusión, nunca presentó ningún problema de salud, ni padecía ninguna enfermedad.

Su deceso se notificó junto a otros dos, ocurridos en clínicas del IMSS, y se suma a las muertes por la enfermedad, que ascienden a 48 en la entidad.

El hecho ocurre en el momento en que el reclusorio vecino, administrado por el gobierno de Jalisco, atiende a 74 reos contagiados por coronavirus.

En Jalisco, se registran 829 casos confirmados de la enfermedad, aunque el Gobierno Federal sólo reconoce 592. El resto de positivos son aludidos en la estadística como ‘vigilancia comunitaria’, al ser detectados en el operativo Radar Jalisco, de aplicación masiva de pruebas PCR.

Moisés Escamilla era ‘pesado’

Moises Escamilla era un interno considerado como ‘de alta peligrosidad’; el juez Tercero de Distrito en Materia Penal de Jalisco, le dictó una condena de 37 años por delincuencia organizada, portación de armas de fuego de uso exclusivo del ejército, y por su responsabilidad en la decapitación de 12 personas en Yucatán.

Fue detenido el 28 de agosto del 2008, en el fraccionamiento El Azul, de Cancún, Quintana Roo, por la Policía Federal, al ser jefe de una célula del grupo delictivo de Los Zetas, denominada ‘Zetas Vieja Escuela’.

Se le aprehendió junto a ocho subalternos, y se les incautaron dos armas largas marca Bushmaster; un fusil AK-47; un arma corta marca Pietro Beretta, calibre 9mm; dos granadas de fragmentación Hank Frak; 18 cargadores de diversos calibres; tres fornituras para uso en operaciones tácticas; además de códigos-torretas para vehículos policiales y seis rollos de hologramas con distintivos de la organización criminal. También se les decomisaron 10 celulares, seis radios, 52 mil 100 pesos en diferentes denominaciones, una bolsa de plástico en cuyo interior había pastillas con droga sintética, 50 paquetes y una bolsa de plástico con mariguana, así como dos vehículos: un auto Armada blanco y un Chevy Monza azul.

‘El Gordo May’ era el encargado de la distribución de cocaína, en Cancún, y contaba con un grupo de informantes, integrado por policías municipales y civiles que le reportaban todos los movimientos de las corporaciones en la ciudad.

Al momento de su detención, llevaba cuatro años operando en Cancún, su grupo era considerado el más fuerte en la zona y se apoderó de la plaza para el tráfico de cocaína vía marítima, procedente de Centroamérica.

Según informes judiciales, entre los años 2012 y 2014 Los Zetas fueron desarticulados en su mayoría en Cancún y Playa del Carmen.