Escapa a mi entendimiento cómo es posible que la Liga Mx se tome el atrevimiento de utilizar a un niño en el protocolo previo al inicio de los partidos, para que pronuncie las falsases palabras: “juega limpio; siente tu liga”, para que, una vez iniciado el encuentro los futbolistas se dediquen a cometer una serie de tropelías que, en muchos casos, denotan la más ínfima de las calidades humanas.

Conductas aberrantes que van desde: faltarse al respeto, provocarse o insultarse, hasta: fingir faltas, engañar al árbitro o agredirse.

Lo más grave de esta situación es que, en algunas ocasiones, no solamente es solapada por el público en general y hasta por algunos comentaristas “especialistas” en balompié; sino que, llega al absurdo extremo de ser aplaudida, afirmando que determinado jugador que logró su insano objetivo: “es muy vivo” o “tiene mucho oficio”.

Pero cuando ya no sé si reír, llorar o materialmente ponerme a rezar, es cuando se culpa al juez de todo lo malo que puede ocurrir en el terreno de juego.

Por ejemplo, cuando un delantero se tira “un clavado” en el área enemiga y logra que el nazareno “muerda el anzuelo” decretando la pena máxima, todos, absolutamente todos hacen cera y pabilo del silbante tachándolo de incompetente, en el mejor de los casos o de tendenciosos y otras linduras, en el peor de los casos; pero nadie califica al “clavadista” de tramposo.

Toda esta problemática no me parece un asunto menor, porque no sé en dónde vamos a parar. Fue de pena ajena ver cómo Pedro Caixinha y Nahuel Guzmán se faltaban al respeto públicamente, intercambiando burlas y descalificaciones durante la rueda de prensa, demostrando de qué están hechos.

Del mismo modo fue lamentable atestiguar el grotesco espectáculo brindado por los futbolistas del Toluca y de las Chivas el pasado domingo en La Bombonera. Alfredo Talavera haciéndose expulsar por insultar al colegiado, tardándose más de cinco minutos en abandonar por fin la cancha, para luego pretextar: “solamente le dije cabrón” ¡No!, pues felicitaciones.

O a Rubens Sambueza exagerando de manera vergonzosa las provocaciones y acometidas de los elementos del rebaño sagrado ¿No les dará vergüenza que sus hijos los vean protagonizando tan tristes incidentes?

Ya no apelo a la educación que deberían de mostrar como ejemplares deportistas, les reclamo por lo menos el profesionalismo que le deben al público que paga su boleto no para verlos reñir; sino, para verlos jugar al futbol.

Yo pensaba que nuestro querido deporte podría ser, con su ejemplo, el crisol en donde se forjarán los jóvenes mexicanos; sin embargo, dicha posibilidad se antoja cada vez más lejana; toda vez que, el balompié se ha convertido en… un juego de tramposos.

Reglas y reglazos
Eduardo Brizio
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