compartir en:

Querétaro.- Actividad solar como una tormenta geomagnética podría estar activando el campo magnético terrestre y éste, a su vez, generaría el movimiento de las placas tectónicas, produciendo así los sismos, revela un estudio de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Omar Chávez Alegría, coordinador de la carrera de Ingeniería Civil de la UAQ, indicó que esta investigación dista de la teoría en la que se afirma que es el movimiento mecánico de las placas en el manto superior de la Tierra lo que provoca la fricción en la corteza y la consecuente liberación de energía en un movimiento telúrico.

No obstante, Chávez Alegría señaló que los sismos podrían ser ocasionados por un elemento electromagnético antes que uno mecánico, debido a que se puede medir el campo magnético con una brújula de manera permanente, además de que la magnetósfera es el campo protector más importante de frente a las tormentas solares.

De acuerdo con las investigaciones se ha encontrado una relación entre la actividad solar y los sismos, por lo que el fenómeno tendría lugar como consecuencia de una influencia externa al globo terráqueo que puede activar su campo magnético, y no interna como que sea ha especulado.

Como muestra de esta afirmación, indicó el académico, es que precisamente el sismo del pasado 7 de septiembre coincidió con una tormenta geomagnética solar clase G3, lo que pudo haber ocasionado también la ionización de la atmósfera terrestre.

“Realmente no sabemos mucho de lo que tenemos debajo de nuestros pies, hacemos suposiciones de cómo es la corteza terrestre, nosotros suponíamos que era rígida pero las últimas excavaciones han determinado que es más bien fluida de manera muy superficial en distintos puntos de la corteza terrestre, por lo cual, es imposible la realización de la excavación debido a que el metal de la perforadora comienza a fundirse”, detalló.

Puntualizó que los movimientos telúricos se componen principalmente de dos tipos de ondas: de compresión y de corte.

Las ondas de compresión viajan en una misma dirección, sin llegar a generar daños y es posible detectarlas con sismógrafos, en tanto que las de corte llegan posteriormente y son las responsables de los sacudimientos que provocan percances en las construcciones.

En la Ciudad de México se cuenta con un sistema de alerta sísmica temprana desarrollado a partir del terremoto de 1985 y con base en esta tecnología, el conocimiento de este tipo de ondas y si la distancia entre el epicentro y los sensores es suficientemente importante se podrá tener una alerta de varios minutos; pero de no ser así, como en el temblor de este martes 19 de septiembre, la alerta sísmica no se activará con antelación suficiente para desalojar los edificios con seguridad.

Lamentablemente, los estados de Guerrero, Oaxaca y Chiapas no cuentan actualmente con ese sistema de alerta temprana, debido a que en esos lugares las ondas de compresión y de corte llegan al mismo tiempo. De tal modo que si el sismo del pasado 7 de septiembre hubiera sucedido en la madrugada habrían fallecido un mayor número de personas en dichas zonas.

Por otro lado, uno de los casos que más llamó la atención fue el efecto luminoso en la atmósfera que se pudo apreciar en la Ciudad de México durante el temblor del 7 de septiembre, que de acuerdo con las evidencias recolectadas por los testigos se pudieron distinguir diferentes tonalidades de color como azul, verde o rojo.

Este acontecimiento no tiene aún una explicación concreta, debido a que pudo haberse ocasionado por uno de los múltiples fenómenos eléctricos del cielo.

Uno de ellos, explicó Chávez Alegría, tiene que ver con la ionización de la atmósfera, es decir, el proceso de producción de átomos o moléculas cargadas con electricidad. Esto pudo ocasionarse por el campo magnético terrestre o por la misma tormenta geomagnética solar.