La impunidad en que vivimos todos los días es cada día más grave, les puedo decir que no es posible que a diario tengamos entre los amigos cercanos y parientes algún ejemplo más de la impunidad que prevalece. El jueves, adelante de mí y otras personas, una moto con dos individuos se atravesó frente a un motociclista, al que bajaron a punta de pistola y lo dejaron a media calle al robarle la motocicleta de manera impresionante.
El sábado fui con unas amigas a una reunión, para la que contrataron a un cantante que animara la fiesta, el pobre hombre salió de su casa en la moto con el amplificador y los aparatos para ganarse unos pesos como animador y cantante en la avenida Ávila Camacho y, a las cinco de la tarde, se le atravesaron dos tipos en una moto y, a punta de pistola, lo dejaron sin moto y sin amplificador, sin micrófonos, celular y cartera, a media calle, sin que nadie hiciera nada por ayudarlo.
El pasado domingo, viniendo de desayunar con un grupo de amigos, llegamos a una heladería en Paseo del Conquistador, a las 11 de la mañana. Una de nuestras amigas se quedó probando los helados mientras los demás nos sentamos en la mesa de la terraza a la calle; en eso llegó una camioneta gris sin placas con dos individuos, uno de ellos se bajó y le dijo a la rezagada de nuestras amigas: “Oiga usted, somos de recuperación de vehículos y necesitamos revisar la camioneta”; nuestra amiga no entendió y no le contestó, pero bajó a sentarse con nosotros y, cuando estábamos allí, el sujeto vino a decir que nos necesitaban, porque eran dos para revisar la camioneta; nos enseñaron dos oficios viejos -ya desbaratándose- de recuperación de un trascabo y una camioneta Mazda; les dijimos que estos papeles no tenían valor y les pedimos una identificación; el segundo señaló que la había dejado en su casa, pero el otro buscó en una bolsa de esas para llevar pistola y sacó una credencial de la Dirección de Seguridad Pública, vieja y manchada. Le dijimos: “Sí, con gusto, nada más déjenos tomarle una foto a su credencial”. En ese momento se hicieron los dos para atrás y salieron prácticamente huyendo. ¿Cómo es posible que traten de buscar vehículos robados y exclusivamente a bordo de una camioneta sin placas y sin identificación? Imaginamos que pensaron que nuestra amiga, por ser bella joven y distinguida y creyendo que iba sola podían extorsionarla; pero, como todo mundo se dio cuenta, tuvieron que seguir con el cuento al percatarse de que no estaba sola, pero el problema acabó en el momento en que una de las amigas les pidió dejar tomarle una foto a su credencial. Con una desfachatez y una prepotencia que no tienen nombre, antes de marcharse apresuradamente nos amenazaron con que llegaría la policía y desde luego no llegó nada. La verdad, nos sabemos si son verdaderamente gente de recuperación de vehículos o son rateros disfrazados y uno de ellos trabajó alguna vez en la Coordinación de Seguridad Pública del Estado porque la credencial la tuve en mis manos y era real.
Que eso pase a las once de la mañana de un domingo en una avenida principal es ya el colmo.
Y así sigue la mata dando. Un amigo fue al médico y, por ser una persona joven, el doctor trató de abusar de él, pero este conocido mío se enfureció y le pegó al médico. Con el escándalo, los colegas del galeno llamaron a la policía y en media hora llegó una patrulla y los tripulantes amenazaron con llevarse a todos a la cárcel; así que el galeno agresor tuvo que darles 15 mil pesos para que no se lo llevaran y cinco mil al agredido. Y son tan rateros, tontos y cínicos que firmaron un convenio que los impunes policías firmaron y que obra en mi poder. Es una historia real; el colmo de la impunidad y la corrupción.
Esta misma semana, el “tamarindo” de la moto número 40 paró a una amiga, acusándola de ir hablando por teléfono en su vehículo; ella le dijo, comedidamente, que eso no era cierto porque el vehículo tiene un sistema de manos libres, por lo que no podría haberla visto hablando por teléfono. El majadero oficial le dijo que la tenía grabada y ella le contestó: “Si usted me tiene grabada hablando por teléfono, con mucho gusto levánteme la infracción, pero enséñeme el video”, a lo que, con majaderías y como todo un patán el tamarindo 40 no le enseñó nada y exigió que le mostrara su licencia. Ella respondió: “Si no veo el video, no le enseño nada”, y sacó la credencial de su trabajo de periodista. El 40 la insultó, dijo que los miembros de la prensa eran unos hampones que no respetaban la ley. Ella le dijo de nuevo que le enseñara el video y que con gusto le daría su licencia. El tipo la amenazó con quitarle el automóvil, pero al ver que no la podía “morder”, la insultó y se fue furioso. Esa es nuestra policía, viendo a quien extorsiona y dándole cancha libre a la delincuencia y afirmando que es una falsa percepción, no inseguridad, lo que priva.
El domingo asaltan un restaurante de mariscos, se llevan carteras, celulares y vehículos de los comensales, pero dicen las autoridades que no pasa nada. La impunidad de la delincuencia se concatena con la corrupción de autoridades. ¿No cree usted?

 

Por Teodoro Lavín León

[email protected] / Twitter: @teolavin

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