Con la presencia de la Embajadora de la UNESCO en México, el día de ayer se le rindió homenaje al maestro Víctor Manuel Contreras por su extraordinario trabajo que se encuentra en diferentes lugares del mundo.
El maestro Víctor Manuel Contreras ha vivido en Cuernavaca por más de cuarenta años y es uno de los iconos importantes de esta ciudad, a la que ha donado obras tan trascendentes como La Paloma de la Paz, que recibe a todos los visitantes que llegan a nuestra ciudad. En la ceremonia, donde estuvo acompañado del Embajador de Hungría en México, de un representante del Embajador de Rusia en México y de su madrina Socorrito Cortes Mayorga, recibió los galardones otorgados por esa asociación de las Naciones Unidas ante un sin número de miembros de la sociedad morelense que aplaudieron al maestro emocionados.
La obra de Contreras ha recorrido el mundo, ya que ha recibido una gran cantidad de premios internacionales como escultor y pintor de fama mundial. Es hijo de la pintora y extraordinario ser humano, la siempre querida María Trinidad Contreras.
Sus primeros pasos dentro del arte fueron en la Academia de San Carlos de la Ciudad de México, bajo la dirección del maestro Ignacio Asúnsolo (1956). A los 15 años su inclinación por el arte lo llevó a Nueva York y, un año después, a Europa, en donde hizo estudios en Munich, Alemania, en la Academia Derkunst. Se traslada a Italia luego, donde, para sostener sus estudios, trabaja en el Consulado Mexicano en Milán; tomó cursos de Psicología, Filosofía e Historia del Arte en la Universidad Bocconni y también estudió Dibujo, Pintura, Escultura y Modelado en la Academia de Arte de Brera (Milán, Italia).
En 1961 ingresa a la Escuela Superior de Bellas Artes de París. Asiste a La Sorbona, donde hizo cursos de Filosofía del Arte, Historia y Civilización Francesa.
En esos años conoce al pintor y crítico francés Olivier Picard, que habría de tener sobre él una gran influencia, sobre todo en la actitud hacia la pintura, y el gran fondo humanístico de su obra habría de ser determinante en la actividad de su joven discípulo.
Su actividad creadora incluye la pintura y la escultura, y aun cuando en 1963 obtuvo el primer lugar en escultura en la Escuela Superior de Bellas Artes, en París, se inclinó más hacia la pintura. Algunos críticos dicen que su pintura es casi escultural.
De regresó a México, en 1965, es nombrado Director de Difusión Cultural en la Universidad Autónoma de Morelos y en la Universidad Autónoma de Guerrero, donde impartió Historia del Arte en la Facultad de Humanidades. En estas dos universidades organizó siete festivales culturales internacionales, presentados en Cuernavaca, Chilpancingo, Taxco y Acapulco. En la UAG estableció el Museo de Pintura Contemporánea donde reunió, a través de donativos de los mismos artistas, una interesante colección.
En 1970, en París, hizo la primera exposición individual en la Maison de L´Amerique Latine; y, en ese mismo año, otra exposición individual en el Instituto Ítalo Latino Americano de Cultura, en Roma. Participa en una exposición colectiva de varios artistas en Londres y Bruselas. Ha realizado obras escultóricas en todo el mundo, así como el conjunto escultórico La Inmolación de Quetzalcóatl.
El crítico de arte A. M. de Módico, en su artículo publicado el 25 de noviembre de 1970 en la Libera Stampa de Lugano, Suiza, dice: “Cósmica es la pintura de Contreras, podría decirse que lo es también geológica, arcaica, de una época en que la vida fisiológica no aparecía todavía. Nos lo dicen sus óleos, sus acuarelas y sus cuadros en blancos y negros espectrales.
El maestro Contreras es un artista uno de los revolucionarios de la pintura. Si quisiéramos clasificar su obra, podríamos decir que es un expresionista técnicamente. Pero su obra se fuga a toda clasificación dentro de la plástica, así como también a las expresiones reflexionadas de un arte figurativo o menor. El menor también es como escultor, esto lo podemos ver en los efectos estereoscópicos tridimensionales que logra en su obra, en la que se sugieren figuras, plantas y lagos, seres humanos que aparecen de entre la tierra y el agua. Con esto el artista nos dice: “Todo ello ha sido concebido en las entrañas mismas de la Tierra prebiológica”, expresándose con elementos como las rocas, el agua en los infinitos e inimaginables lagos, los que evaporándose se van mezclando con la luz, en efectos trascendentemente físicos -Sí, existe en la obra de Contreras, una trascendencia de lo físico a lo geológico, de lo cósmico del átomo a las moléculas-. Los que posteriormente se elevan creando por sí mismos mágicos paisajes, paisajes de climas exaltando catedrales, con rocas cuspídeas, cristalinas, dolomíticas, como si fueran suspendidas y excluidas en la gravitación”.
El crítico de arte francés Yves Guillén, en un artículo publicado en el diario Combat del 3 y 4 de octubre de 1970, escribió: “Esta semana he descubierto un pintor: Víctor Manuel Contreras, un pintor que pinta los sueños, los suyos y a veces los de los demás. Él pinta en colores, pero en la obscuridad de un sótano, bajo la tierra. Pinta los colores que están más allá de su cabeza, los pinta de memoria.”. ¿No cree usted?

 

Por: Teodoro Lavín León // [email protected] // Twitter: @teolavin

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