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Dicen en su pueblo que su cuadra hacía parecer a don Vicente Fernández un sencillo aficionado. Amante de los caballos finos, charro de hecho, político-empresario vuelto multimillonario, que inauguraba obras lo mismo financiadas con el presupuesto público que con su dinero privado.
Así describen a Juan Carlos Arreygue, presidente municipal de Álvaro Obregón, Michoacán, hoy detenido bajo la acusación de haber ordenado detener y calcinar a diez hombres que aparecieron en Cuitzeo el sábado por la mañana. 
Desde los años de los disfuncionales gobiernos del perredista Leonel Godoy y el priista Fausto Vallejo, Arreygue –tarjeta de presentación de empresario ganadero– ha estado en la mira de la autoridad por sus supuestos vínculos con el crimen organizado, concretamente con los cárteles de “La Familia Michoacana” que derivó en “Los Caballeros Templarios”. 
¿Nunca hubo pruebas suficientes en su contra? ¿Supo blindarse? ¿No fue prioritario? Lo cierto es que ningún gobierno le echó mano.  Lo único que la autoridad detectó, según mis fuentes, fueron constantes “desapariciones” de Arreygue por largos periodos sin que nadie supiera de su paradero. 
Con la incursión del gobierno federal en Michoacán, como parte del plan de rescate, esos grandes líderes del narcotráfico con los que se relacionaba a Arreygue fueron cayendo. Murieron a manos de la autoridad el fundador de la organización, Nazario Moreno “El Chayo”, y uno de sus altos directivos, Enrique “Kike” Plancarte. Cayeron presos Dionisio Loya Plancarte “El Tío”, y el más conocido de todos, Servando Gómez Martínez “La Tuta”, por citar sólo a los mediáticamente más relevantes.
Arreygue, entonces –detectó la autoridad– dejó de “desaparecer” y regresó a escena buscando la candidatura del PRD a la presidencia municipal de Álvaro Obregón. Pero el PRD no quiso: las autoridades avisaron a este partido de la presunta relación de Arreygue con el narco. No faltó quién le abriera las puertas: el Partido del Trabajo. 
Urgido de votos por supervivencia política, el PT desdeñó el peligro y aprovechó que el individuo siempre ha sido muy querido por su pueblo: incluso cuando no ocupaba cargos públicos pavimentaba calles y hasta daba dinero a quien se le acercara con un problema. Su triunfo electoral estaba cantado. Y triunfó. Su aprehensión también. Y lo aprehendieron: 
El sábado pasado, Arreygue cayó preso porque, según el gobernador del estado, el perredista Silvano Aureoles, los policías del municipio lo señalaron como el autor intelectual de la quema de diez personas en Cuitzeo. Más tarde, Aureoles me dijo en Primero Noticias, de Televisa, que la relación del alcalde con los líderes Templarios estaba confirmada. 
¿Por qué no se actuó antes si el vínculo era un hecho? ¿Es fruto de algún rompimiento entre un gobernador y un alcalde que compartieron partido en la boleta, o se trata de simple y llana aplicación de la ley? ¿Debido proceso, o con el tiempo resultará que queda libre en otra suerte de “Michoacanazo”? ¿Y los que despacharon más arriba y siguen libres y hasta haciendo política, cuándo?
Michoacán sigue quemando.

SACIAMORBOS
Se cocina película sobre “El Bronco”. Manufactura de simpatizantes del gobernador sin partido. 2018.
(Mañana, la que debo del Inegi).

Historias de reportero
Carlos Loret de Mola A.
[email protected]