El patrón” había convocado a una fiesta. A otra más. Los secretarios, porque se rodeaba de jóvenes y elegantes secretarios más que de sicarios, ya sabían qué hacer: ir de compras al Carnevino de San Miguel de Allende, sacar el arsenal de botellas de tequila Casa Dragones de las que cuestan casi 4 mil pesos cada una, dotarse de kilos de carne para asar, organizar los traslados desde el aeropuerto de Querétaro para invitadas e invitados… y bañar al perro en la estética-veterinaria de la localidad.

Héctor Beltrán Leyva, alias El H, era uno de los objetivos prioritarios del gobierno federal. Se había quedado al mando del cartel de su familia tras la neutralización de sus hermanos. Sus secretarios fueron pieza clave para dar con su paradero.

El seguimiento que le hizo la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, bajo el mando de Tomás Zerón, le detectó casas en Juriquilla, Querétaro capital y San Miguel de Allende.

Su base era Juriquilla. La PGR logró ubicar su domicilio personal cuando interceptó las conversaciones telefónicas de un sujeto que acababa de adquirir dos lujosos automóviles Lincoln pero se negaba a prestarle 5 mil pesos a su mamá. Esto les hizo deducir que los coches no eran de él.

Cuando la autoridad llegó a la casa de Juriquilla, El H no estaba ahí. Según testimonios recabados en averiguación previa, había matado al vigilante de su fraccionamiento por considerarlo cómplice de un extraño robo que sufrió dentro de la vivienda, y luego se dio a la fuga.

Se mudó a San Miguel de Allende, Guanajuato, donde las autoridades lo fueron cercando. En el Hotel Spa Matilda lograron identificar a uno de sus secretarios. Lo siguieron hasta su casa en una calle poco transitada. Manejaba un Altima y administraba una oficina de bienes raíces en la que  Beltrán Leyva recibía paquetes y correspondencia. Poco tiempo tomó a los oficiales descubrir que este secretario no tenía contacto directo con el capo mayor, sino con otro secretario que cambiaba constantemente de aparato celular.

Con ambos en la mira, detectaron que un buen día “el patrón” quería comer mariscos. Como son poquitas las marisquerías en San Miguel, pudieron dar rápido con él y un grupo de marinos camuflados como comensales lo sometió sin disparar una bala. 

El H fue detenido en octubre de 2014. Su esposa, Clara Elena Laborín Archuleta se quedó al frente de la organización criminal, según la Policía Federal que la capturó esta semana. A ella la secuestró y luego liberó presuntamente el narcotraficante Ignacio “Nacho” Coronel en una especie de represalia-lección porque supuestamente Beltrán le mato un hijo, violando el código criminal de respetar a las familias.

Y Tomás Zerón, el que encabezó la indagatoria contra El H, renunció ayer al cargo de Director en Jefe de la Agencia de Investigación Criminal. Su salida fue a consecuencia de otro de los casos que lideró: el de los 43 de Ayotzinapa. 

SACIAMORBOS

Si le interesan más detalles puede consultar “El narco que cayó por antojadizo” que publiqué en estas Historias de Reportero hace dos meses.

Historias de reportero
Carlos Loret de Mola A.
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