La fórmula no es nueva. A lo largo de la historia siempre ha sido útil para los mandatarios en crisis culpar a un enemigo extranjero de todas las calamidades.
Fidel Castro, el recién fallecido líder cubano, es quizá el ejemplo más acabado de ello. Durante cinco décadas se colgó de fustigar al imperialismo yanqui para responsabilizarlo de atrocidades propias. No se diga Hugo Chávez o Nicolás Maduro en Venezuela. En la otra esquina, Estados Unidos y sus aliados históricamente echaron mano del fantasma comunista, sus espías, sus misiles nucleares, para generar unidad entre la gente en torno a su gobierno y su modelo de desarrollo.
Sin afán de comparar el caso mexicano con el de esas naciones y mandatarios porque las circunstancias son muy distintas, parece que el presidente Enrique Peña Nieto ya se dio cuenta de que Donald Trump es el salvavidas que le puede permitir relanzar su gobierno y terminar el sexenio con mejor perspectiva.
Trump es ese enemigo extranjero. Y como encima de todo es estadounidense, pues cuaja mejor entre un público mexicano que mira con recelo lo que se trama más al norte de nuestra frontera.
La popularidad de Enrique Peña Nieto está por los suelos: no alcanza más de 12% en las encuestas más optimistas. El gobierno está en crisis y desde que en el otoño de 2014 se juntaron Ayotzinapa y la “Casa Blanca”, la administración federal no ha sabido encontrar una narrativa para salir de un bache en el que permanece desde entonces.

Pero llegó Donald Trump.
Y entonces, el México dividido y polarizado empezó a voltear a Los Pinos para pedir algunos, exigir otros, al presidente de México que lidere la defensa del país y sus ciudadanos.
Sin ir más lejos, incluso Andrés Manuel López Obrador, instalado en este escenario de la amenaza extranjera, convocó a la unidad nacional, pidió fortalecer a Peña Nieto y hasta se dijo dispuesto a trabajar con él hombro con hombro ante cualquier embate de Trump.

De bote pronto, parece que en la administración federal leyeron bien la jugada. Así suena el acto de ayer, en el que el presidente y su poderoso canciller, Luis Videgaray, convocaron a la clase política, empresarial y sindical del país para mostrarse unidos de cara a la negociación de una nueva relación con Estados Unidos. Los primeros rounds incian esta misma semana con las visitas a Washington D.C. de los secretarios de Relaciones Exteriores y Economía para reunirse con sus homólogos estadounidenses e ir preparando la visita que hará el propio Enrique Peña Nieto a Donald Trump el 31 de enero.

Si el presidente logra la mitad de lo que se planteó en el discurso en ese acto –en términos de recuperación de la dignidad y contención del golpe económico– seguramente podrá dar la vuelta al estancamiento de su mandato.

SACIAMORBOS
Estamos en tiempos de futbol americano. Trump es quizá el pase de “Ave María” que lanza Peña Nieto. A ver si logra que alguno de sus receptores brinque en la zona de anotación y atrape el balón.

Por: Carlos Loret de Mola A. /  [email protected]

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