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Expuestas las investigaciones, soltadas las declaraciones, la de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, como muchas otras tragedias en México, alcanza para que cada parte interesada tenga los suficientes argumentos para defender su posición, su punto de vista e intentar incidir en la opinión pública para que la lectura de los hechos tenga el giro –spin, que le dicen los comunicólogos gringos– más a su favor.
Entre hoy y mañana, en esta columna, expondré cómo, sin mentir, se puede tener en torno a la triste desaparición un discurso u otro, defender una posición o la opuesta. 
Para los opositores al gobierno de Peña, este es el discurso sostenible:
El gobierno mexicano manipuló evidencias, armó una “verdad histórica” basada en declaraciones obtenidas por tortura y obstaculizó sistemáticamente al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para sostener su teoría y mantener un pacto de silencio institucional sobre ese crimen de Estado.
Con evidencias científicas, el GIEI demostró que es imposible que los estudiantes hayan sido incinerados en el basurero de Cocula. Para minimizar ese hecho, el gobierno mandó hacer un peritaje a modo –con cláusula de confidencialidad perpetua para los que lo hicieron– que arrojó conclusiones vagas a partir de las cuales el Estado se aferra a su versión original. Encima de todo, violó los acuerdos y dio a conocer los resultados de este peritaje sin el consenso del Grupo.
El GIEI aportó líneas de investigación que el gobierno quería mantener ocultas: el quinto autobús, la diligencia ministerial secreta en el río San Juan que alerta sobre la siembra de pruebas y sobre todo la participación del Ejército y la Policía Federal en los hechos. El régimen se opuso de principio a fin que se tomara declaración a soldados desplegados en Iguala la noche de los hechos.
Cuando el gobierno se dio cuenta de que los expertos del GIEI no se prestarían a legitimar su indagatoria, orquestó una campaña de desprestigio contra ellos. 
Tras más de un año de investigación, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes se va expulsado del país porque el grupo gobernante no toleró más que lo siguieran exhibiendo. 

Con la expulsión del GIEI queda el camino despejado para el carpetazo de facto, para mantener las responsabilidades en el ámbito municipal y transitar de cara al proceso electoral de 2018 con el proyecto de mantener al partido en el poder, pese a la incredulidad nacional e internacional en la investigación de la barbarie del 26 de septiembre de 2014.

SACIAMORBOS
Mañana, en estas Historias de Reportero, el ejercicio inverso. Cómo se puede defender exactamente lo contrario y hacerlo con los argumentos disponibles y expuestos públicamente. 

Por: Carlos Loret de Mola A.   /  [email protected]