Nunca había moderado una mesa de discusión en la que los rivales se saludaran con tanta sonrisa. Y lo que es más difícil, se despidieran igual.
Hasta carcajadas hubo cuando el perredista Juan Zepeda pasó a maquillaje y dijo a su rival Delfina Gómez, que venía acompañada del también morenista Mario Delgado: “todo lo que tapa, ayuda”. Antiguos compañeros de partido, los tres se habían dado un fuerte abrazo de buenos días.

Luego se incorporó Alfredo del Mazo. Hay una foto de los tres candidatos al gobierno mexiquense –PRI, PRD, Morena– conversando tranquilamente minutos antes de entrar al aire ayer en Despierta, en Televisa.

¿De qué hablaban? ¡De Isidro Pastor! ¿Por qué? Porque hubo un primer tiempo de la mesa entre candidatos, donde estuvieron Pastor y Teresa Castell, aspirantes sin partido, y Óscar González, del PT. Y ahí, Pastor, de larga trayectoria priista, se lanzó a descalificar a todos los políticos de todos los partidos. Así que Zepeda ironizó con Del Mazo que Pastor hoy se vende como independiente. Del Mazo concedió lamentándose.
En ese momento llegó al estudio Josefina Vázquez Mota, del PAN. En la misma sala de espera, ella prefirió no ir hacia donde se encontraban sus rivales para saludarlos. Esperó con su asesor de prensa, Herminio Rebollo.

Ya estaban listos los cuatro. Delfina, discretamente, había chocado y entrelazado las dos manos con las de Delgado: “Ahí vamos, ahí vamos”, le dijo. Josefina se enfiló a su silla armada con documentos y cartulinas con fotos y recortes de periódicos. Zepeda con encabezados y gráficas para exhibir. Del Mazo con una carpeta de apuntes.

Ya en el set de televisión, a segundos de iniciar, seguían dialogando Josefina con Del Mazo, y Zepeda con Delfina. Aquello parecía de plena cordialidad. Pero bastó el conteo regresivo –“¡al aire en 5, 4, 3, 2…!”– para que el ambiente se transformara a uno de críticas, contrastes, ataques, cuestionamientos a trayectorias y gestiones (los cuatro han tenido experiencia de gobierno), defensas, y también propuestas, convocatorias, planteamientos, retos.
Una hora. Sin un formato acartonado. Con mucha flexibilidad. Procurando la discusión. Con reglas mínimas. Un voto de confianza de los candidatos –que agradezco– que ya entendieron que deben buscar nuevas formas de acercar la política al público. Todos dijeron lo que quisieron y hablaron por aproximadamente el mismo tiempo-aire. Y al final, saludos muy cordiales entre los cuatro, breve plática y hasta foto conmemorativa con muy buen talante.
La mesa fue un ejemplo de lo que creo que México debe tener para el contraste de ideas y personalidades entre aspirantes a cargos de elección popular. Ojalá los políticos de todos los niveles, de todos los estados, de todos los partidos, se animen a más diálogos de este tipo.

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