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José Alfredo quizá nunca imaginó que algún día, en su querido Guanajuato, la vida realmente no valiera nada.
2016 ha sido uno de los peores años en seguridad para ese estado y las cosas continúan complicándose. En el primer semestre del año hubo 439 asesinatos reportados, 16 por ciento más que en el mismo periodo del año anterior, según cifras de la PGR.
Asusta todavía más cuando uno voltea y encuentra que Guanajuato, bajo el mando del panista Miguel Márquez, superó en homicidios en ese mismo lapso al Veracruz del priista Javier Duarte y al Tamaulipas del también priista Egidio Torre.
¿Por qué está sucediendo esto en la perla del bajío mexicano?
Detecto tres factores:
Primero. Guanajuato es víctima de su propio éxito. Es un estado que por momentos dejó de parecer México: desarrollo, empleo, crecimiento económico, seguridad, festivales de cultura, edificios modernos, exposiciones industriales, parecían ponerlo en la ruta de paliar la pobreza y dejar de ser un exportador natural de migrantes ilegales hacia Estados Unidos (de hecho, en los últimos años, el número de mexicanos que se va al norte es igual al de quienes regresan; es decir, el saldo migratorio es más o menos cero). Guanajuato, pues, parecía marchar y había dinero que se generaba ahí y remesas que históricamente han llegado. Nada más atractivo para los grupos delictivos dedicados al secuestro y la extorsión.
Segundo. Guanajuato es víctima de Michoacán. La limpieza que realizó el gobierno federal en este último estado derivó en la muerte y encarcelamiento de los principales líderes de Los Caballeros Templarios, pero al mismo tiempo provocó el conocido “efecto cucaracha”: miles de delincuentes huyeron a los estados vecinos (uno de ellos, Guanajuato) para tratar de mantener sus actividades ilegales con menos presión gubernamental.
Tercero. Guanajuato es la gallina de los huevos de oro del PAN, pero el partido decidió dejar de darle de comer. El estado ha sido una reserva de votos para el panismo. Fue clave para que México conociera la primera alternancia en su historia con la llegada de Vicente Fox a la Presidencia de la República y también para la continuación de Felipe Calderón Hinojosa. Sin embargo, estos dos personajes no correspondieron en el tema clave para evitar la violencia: la educación. En ninguno de los dos sexenios panistas, ni siquiera en el de Fox que es local, se registró una decidida inversión en infraestructura y calidad educativas. Hoy, Guanajuato es de los que tienen menos cobertura en educación básica, pero sobre todo en media superior. En otras palabras, los niños y jóvenes de Guanajuato son de los que enfrentan más dificultades para ir a un salón de clases. Una generación vuelta vulnerable a las tentaciones del crimen.

Con estos factores, ¿qué esperaban? La perla está ensangrentada y el gobierno de Márquez luce rebasado. Que nadie se espante porque José Alfredo entre a la lista de profetas.