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En una muestra más de deficiencias en su gestión, el Inegi puso ayer la mesa para debilitarse como institución y meterse por tercera vez en un conflicto político que sólo mina su credibilidad.
El primero fue cuando el Coneval le pidió hacer una encuesta extraordinaria para cumplir con su objetivo de medir de manera anual la pobreza, en lugar de bianual. La hizo, pero resultó dinero tirado a la basura porque los resultados que ofreció no eran comparables con los de años anteriores: decidieron cambiar la metodología, sin coordinarse con el Coneval. Lograron medir mejor los ingresos de la gente, eso sí, pero de nada sirvió.
El segundo fue cuando desde las altas esferas del gobierno federal se impuso a Paloma Merodio como vicepresidenta del Inegi. La votación del Congreso para avalarla se volvió un escándalo pues se cuestionó severamente, desde la oposición y la sociedad civil, que no cumplía con los requisitos de ley para ocupar ese lugar.
El tercero se dio ayer, que el Inegi anunció los resultados de la Encuesta Nacional Ingreso-Gasto de los Hogares (ENIGH) y encendió el fuego de uno de los temas más sensibles políticamente hablando en el país: el número de pobres. 
La historia es bastante simple. 
Cada tres meses, el Inegi da a conocer la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Con esa, organismos públicos y privados van calculando cómo va el combate a la pobreza a nivel estatal y nacional. Si seguimos la ruta de la ENOE, se nota una ligera mejoría en el ingreso. Con las condiciones actuales, eso debería significar que la pobreza ha ido disminuyendo. Por eso no es tema en medio de tantas campañas políticas.
Pero si nos atenemos a los resultados en bruto de la ENIGH presentada ayer, la pobreza aumentó. Escándalo para Peña Nieto. Encima de todo, más pobres. Y escándalo para el Inegi: su ENIGH contradice a su ENOE. 
Ante esto, el Inegi ha dado a conocer que, científicamente, no es correcto atenerse a los resultados de la ENIGH en bruto… ¡¡¡porque cambió la metodología otra vez!!!
Y para solucionar el escollo en el que nos metió, el Inegi ha determinado que a la ENIGH no le va a llamar ENIGH, y entonces lanza un modelo estadístico creado por el propio Instituto para reflejar los datos de la ENIGH si no le hubieran hecho los cambios metodológicos. De esta manera, los especialistas no deben usar la ENIGH sino un modelo estadístico que se aplica a la nueva ENIGH para ajustarla. ¿Y qué dice ese modelo estadístico? ¡Que hay menos pobres!
Todos los indicadores paralelos (consumo, empleo, crecimiento, etc.) apuntan a que tendría que haber menos pobres en los últimos dos años (aunque no nos hemos recuperado de la crisis de 2008), pero este cambio de metodología despierta un mal ánimo político.
Puede ser otro escándalo.
Desde luego es deseable que las encuestas midan mejor los ingresos de la gente, que se profesionalicen. Los cambios metodológicos aplicados en el Inegi van en esa dirección, pero su pésima gestión, su falta de tacto y olfato político, su decisión de realizarlos sin avisar con anticipación, sin el concurso y aval de los actores políticos, analistas, organizaciones y consultorías, abre la puerta para el golpeteo. 

Por Carlos Loret de Mola A.

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