Ayer El Universal divulgó un video en el que la diputada veracruzana de Morena Eva Cadena recibe de una mano anónima medio millón de pesos en efectivo –hasta pide una bolsita para llevárselos– que dijo entregaría a Andrés Manuel López Obrador.
Luego, en el mismo video que al parecer fue grabado hace dos semanas, se ve a López Obrador haciendo una enfática defensa de Cadena en un mitin en Las Choapas y negando que se trate de una mujer corrupta.
Los tres minutos de video dejan el inequívoco sabor de que alguien emboscó a esta operadora electoral de Morena: la mujer que desde el anonimato ofrece los 500 mil pesos repite que el dinero es para Andrés Manuel, como sabiendo que el objetivo final es vincular los recursos presuntamente ilícitos con el tres veces aspirante presidencial.
Es cierto que a Eva Cadena le pusieron un cuatro. Es cierto que ella no es del primer círculo de López Obrador. Es cierto que medio millón de pesos no alcanzan ni para las tortas del mitin en Las Choapas. Es cierto que el video está editado y no se conoce la conversación completa.
Es cierto que no hay nada que pruebe que el dinero llegó a Andrés Manuel. Es cierto que lo único que prueba el video es que una diputada local de Morena recibe dinero a nombre de López Obrador. Es cierto que es guerra sucia.
Sin embargo, lo que me parece más revelador es que frente a un ataque al que debería estar acostumbrado porque se trata de una especie de secuela de los videoescándalos Ahumada-Bejarano-Imaz-Sosamontes del 2006, el experimentado aspirante presidencial reacciona con los mismos errores de hace una década:
En respuesta a la publicación, Andrés Manuel López Obrador subió un video a sus redes sociales. Duró 5 minutos con 29 segundos. En ese tiempo, despotricó contra la “mafia del poder”, Salinas, Peña, Calderón, Fox, Josefina, Duarte, Yunes, Osorio Chong y hasta los medios de comunicación. Pero no tuvo una palabra de condena a la diputada Eva Candela. Ni regaño ni reproche ni deslinde ni disculpa. Nada. Y deja, en todo caso, que su partido se ocupe.
Así fue su reacción inicial con René Bejarano cuando fue captado recibiendo billetes y pidiendo las ligas para llevárselos en fajos, y hoy Bejarano sigue operando políticamente para que la izquierda se una en torno a un solo candidato para el 2018.
Estoy seguro que este video no minará la imagen de político no-corrupto que tiene el tabasqueño. Pero me parece que sí logra tres cosas:

1.- Eva Cadena es en Morena-Veracruz lo que Delfina Gómez era hasta hace unas semanas para Morena-Estado de México. Y en ese sentido, siembra la duda sobre qué hay detrás de la candidata de López Obrador para la elección más importante de este año.

2.- Demuestra que en Morena hay corruptos como en todos los partidos. Y desvíos de recursos públicos y enriquecimientos inexplicables y efectivo por debajo del agua. El de Eva Cadena no es el único escándalo. Ha habido de personajes más cercanos a Andrés Manuel.

3.- Oponiéndose al Sistema Nacional Anticorrupción, mofándose de la 3de3 y otras iniciativas ciudadanas, López Obrador ha enarbolado el discurso de que la solución es él, sólo él, él mismo. Que su mera llegada a Los Pinos resuelve la corrupción.

Casos como el de Eva Cadena demuestran, por lo menos, que el juicio de AMLO falla. Y por eso importa tejer redes institucionales desde la sociedad civil organizada, más que encomendarse al ejemplo de un solo hombre.

En esto último radica la mayor vulnerabilidad del aspirante presidencial de Morena: esas constantes exhibiciones de autoritarismo que tanto han devastado a varios países. Esa sí que es una cadena de la que le cuesta mucho trabajo zafarse. Le ha restado votos en el pasado y se los puede seguir restando.

Por: Carlos Loret de Mola A. /  [email protected]

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