“En primera plana” (Spotlight) no arrebata por su belleza ni impacta por su violencia como lo hace “El Renacido” (The Revenant). No tiene la espectacularidad de “Mad Max, Fury Road” ni sus alardes técnicos. Quizá por eso algunos la han tachado de mediocre, porque no aspira a escudriñar el alma humana, a inscribirse como obra inmortal de la cinematografía ni a poner a prueba los límites de la técnica fílmica.

Su fuerza es más discreta. Radica precisamente en la sobriedad con que desarrolla su tema  y en su decisión de alejarse de la estridencia.

Debido al complicado mecanismo de votación de la Academia para la repartición de los premios Oscar y a la circunstancia de que fue la película que “le quitó” a la de Alejandro González Iñárritu el premio principal, se le ha llegado a presentar como la villana protagonista de una presunta injusticia.

Me hubiera encantado que El Renacido se llevara el Oscar a mejor película. Pero no me molesta en absoluto el triunfo de “En primera plana”.

Como no soy crítico de cine sino simple aficionado y dado que el tema de la cinta es el periodismo, me atrevo a decir por qué me gustó tanto:

-A diferencia de la gran mayoría de las películas sobre periodistas, “En primera plana” no cae en la tentación de presentar a los reporteros (y editores) como unos personajes moralmente superiores, con certezas absolutas, valentía inquebrantable y agudeza sin límite que les sirven para enfrentar y humillar a los malvados, al mal en general y a todas sus manifestaciones.

--Su retrato de la vida de una redacción de periódico es de lo más creíble que recuerde yo en el cine. Lo que vemos en la pantalla es una redacción y no, como generalmente ocurre en el cine, el cuartel general de los ejércitos celestiales desde donde se planea la estrategia para la batalla contra las huestes del infierno.

--Vemos a reporteros y editores de carne y hueso, metidos en su trabajo, con dudas, con paciencia, sin desplantes heroicos, con emociones y frustraciones, que avanzan a veces a ciegas, que dudan de sí mismos, de sus fuentes y de su investigación y que para resolver sus dilemas no recurren a la iluminación de la santidad sino a las herramientas de su oficio.

 

 

--También los vemos discutir, regresar sobre sus pasos, sorprenderse de que la nota los lleve a donde ni se imaginaban y trabajar en equipo, no como héroes solitarios, para terminar de amarrar sus datos. Los abusos que investigan les provocan indignación pero no les cruza por la mente dejar la grabadora a un lado y salir corriendo a formar una ONG sino seguir buscando el dato, la confirmación, el testimonio, el hecho verificable.

 

 

--No hay alguna escena que vaya a pasar a la historia de las imágenes más bellas del cine. Pero sí hay algunas que a mí me parecieron poderosísimas, por su sencillez y verosimilitud. Sólo como ejemplos: El editor en jefe, armado con un lápiz, tachando los adjetivos en el borrador en papel del primer reportaje, o el reportero queriendo soltar la nota que le quema las manos porque la competencia se las puede ganar y el editor diciéndole que le busque más para amarrar el dato. 

“En primera plana” es la historia de los reporteros de The Boston Globe que investigaron y destaparon uno de los escándalos más grandes de pederastia dentro de la Iglesia católica. Y se avoca de principio a fin a contarla. Y al hacerlo, casi sin darnos cuenta nos muestra la monstruosidad de los abusos y el encubrimiento institucional. Para ello, no necesita ponerle cola y cuernos a los de sotana ni hacer primeros planos de curas relamiéndose los bigotes.

 

Por Carlos Loret de Mola a.