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Uno de los tangos más conocidos de Carlos Gardel, “Por una cabeza”, habla de un final de fotografía en una carrera de caballos. Cuántas veces lo habrá escuchado en Buenos Aires el embajador de México en Argentina, el priista Fernando Castro Trenti. Y cuánto le habrá dolido –tango, al fin– recordar que se quedó a dos puntos porcentuales de arrebatarle al PAN la gubernatura en su bastión Baja California, en julio de 2013.
En el mundo de la política permeó la lectura de que perdió porque lo dejaron solo. Porque nada más lo apoyó su mentor Manlio Fabio Beltrones, cuando casi no tenía poder ni acceso a recursos. Mientras el gobierno del presidente Peña Nieto lo abandonó, mitad por celos de su beltronismo, mitad porque el PAN mandó un mensaje claro: si el PRI ganaba Baja California, el PAN se desinteresaba del Pacto por México, en el que el tenían puestas todas sus esperanzas.
Tres meses después de las elecciones, políticamente solo, Castro Trenti, otrora poderoso negociador en el Senado cuando el PRI era oposición al panista Felipe Calderón, se fue al tradicional exilio de lujo para los políticos mexicanos: una embajada. Y además, una casi sin margen de maniobra: en Argentina el gobierno de la entonces presidenta izquierdista Cristina Fernández veía a México con la desconfianza de los bolivarianos hacia una administración cercana a Estados Unidos y duramente cuestionada por la izquierda local. 
Castro Trenti estudió en ese lapso dos maestrías: en Política Económica Internacional y en Relaciones Internacionales. Las cursó en la Universidad de Belgrano, especializada en enseñar a diplomáticos.
Cuando Beltrones fue nombrado al frente del PRI, su escudero no regresó de Buenos Aires para sumarse a la campaña de 2016. Beltrones ya renunció a la dirigencia nacional de ese partido y Castro Trenti está por recibir al presidente Peña Nieto, quien llegará en visita de Estado a Argentina el 29 de este mes.
Pero aquella embajada arrinconada por el desdén de Cristina Fernández viuda de Kirchner ya baila a otro ritmo. El nuevo presidente, el derechista Mauricio Macri, se ha reunido ya dos veces con su homólogo mexicano y tanto el gobierno como la iniciativa privada tienen ganas de estar cerca de México.
Hay identificación ideológica, les gustan las reformas Peña Nieto, los temas de corrupción y derechos humanos no les escandalizan, y consideran a nuestro país un socio comercial idóneo para competir en un terreno más parejo que abrirse de golpe a Estados Unidos y otras potencias interesadas. No hay que olvidar que entre los estragos de la apertura con Carlos Saúl Menem y el proteccionismo de la pareja Kirchner, los empresarios argentinos tienen sus dudas sobre el libre comercio internacional.
Gardel cantaba: “Basta de carreras, se acabó la timba. ¡Un final reñido yo no vuelvo a ver! Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo, yo me juego entero, ¡qué le voy a hacer!”. 
Ya veremos qué tangos bailan.