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Debe estar agobiado, desesperado. Debe sentir que el tiempo se le agota y no ha dejado huella. Las encuestas que le llegan a su escritorio deben estar subrayadas con alarma. Ese contexto, y un pobre, muy pobre juicio sobre lo que se debe y no hacer en política, llevaron al gobernador de Tamaulipas, el priista Egidio Torre Cantú a una de las exhibiciones de debilidad y fracaso más rotundas de las que un servidor tenga registro:
El gobernador que nunca da la cara, el que no contesta entrevistas, el que sólo acepta rutinas cómodas, el que no comparece con balaceras, extorsiones, asesinatos, secuestros, cobros de piso, el gobernador más ausente, el que no se acerca a una familia de víctimas, el que ha sido consistentemente pusilánime frente al dominio del crimen organizado en su territorio decidió improvisar una conferencia de prensa para anunciar que el popular futbolista Alan Pulido había sido liberado del secuestro que sufrió un día antes.
El tono de festejo, el de “historia con final feliz”, refrenda lo patético: a una semana de las elecciones, cuando se sabe que el PRI la tiene muy difícil para mantener Tamaulipas, el gobernador trata de usar el secuestro de una figura pública para la promoción política.
El plagio y liberación del también seleccionado nacional exhibe los peores horrores de Tamaulipas: ahí los narcos operan en coordinación con las autoridades estatales, posiblemente incluso sometiéndolas. Y la presencia de las fuerzas federales, que han ido rotando desde finales del sexenio de Vicente Fox, han fracasado exhibiendo la falta de estrategia. 

Quien pueda que se pare en Tamaulipas, que abra ojos y orejas al azar y que le cuenten lo que viven (los que todavía viven) ahí. Los comerciantes que pagan dobles impuestos por la extorsión, los empresarios que tienen a la familia viviendo en el extranjero, los que de plano cambiaron de estado, los que tan pronto sintieron tantita prosperidad les cayó un secuestro, los doctores que son “levantados” para curar a la fuerza y gratis a los heridos del narco, los periodistas que son censurados por las violentas amenazas del crimen, los estudiantes que no saben si mañana suspenderán clases por una balacera, las mamás que temen llevar a sus hijos al cine, no les vaya a tocar en el camino.

El secuestro y la sorprendentemente expedita liberación del delantero Alan Pulido han desatado toda suerte de teorías y dudas sobre las versiones oficiales. Se fundan en la descomposición de un estado –que hace tiempo califica como estado fallido– y la sucesión de sospechosos personajes que han despachado como gobernadores.
Este domingo hay elecciones para renovar al mandatario estatal. Se ve que están desesperados. El secuestro de Pulido los exhibió así. Pero ellos están en la conservación del poder. No tenerlo les desespera. Hay una ciudadanía que también está desesperada, desde hace mucho más tiempo. Pero eso les importa poco.

SACIAMORBOS
Un cacique, un narco, un lavadólares y un inepto. ¿Quién sigue?

 

Por: Carlos loret de mola a. / [email protected]