Cuernavaca, MORELOS.- Jorge González Rosas, un comerciante dedicado a la venta de mariscos dentro del Mercado “Adolfo López Mateos”, comenta que ha pasado toda su vida dentro del comercio, pues su padre desde pequeño le inculcó lo bonito de las ventas y el puesto donde actualmente atiende un negocio degeneraciones.
     Su progenitor empezó vendiendo en el mercadito del reloj, entre las calles de No Relección, Matamoros y Guerrero, después llegó como fundador en esta gran nave del ALM.
Jorge recuerda: “Al principio, la pescadería, al frente de mi padre, estuvo dedicada a venta del pollo, también incursionó en frutas, verduras, legumbres y hasta una huevería, pero con el tiempo mi papá lo convirtió en marisquería y la denomino como ‘Playa Azul’, en la conocida zona húmeda que se ubica al sur de la nave casi a la salida hacia los paraderos de este gran centro Comercial, así pasaron los años y son muy bonitos recuerdos de mi infancia”, dijo.
“De adolecente recuerdo que iba a pasarla chido y echar el cotorreo cuando venía el circo, ahora es la zona comercial tianguis circo, allí acudíamos en grupo de chicos y chicas, hijos de otros comerciantes y otras veces visitábamos lo que ahora es el parque Cri-Cri, antes era una bodega donde guardaba su material Caminos y Puentes, así lleguéa la adolescencia y finalmente a madurar, pero siempre vi a la gente del mercado como una gran familia, todos nos conocíamos y es más, aquí conocí a varios artistas y periodistas”, añade.
“Este centro comercial ha resistido a muchos accidentes terribles e intransigencias de algunos, pero ha logrado salir adelante, aquí habemos seis mil establecidos y ya juntos con los flotantes somos unas vente mil almas dedicadas al comercio”, comenta.
“De mi marisquería, he sacado adelante a mis grandes amores, mi esposa Giselle y mis tres hijos, Karen, Carmen y Alexis de 20, 26, y 23 años, respectivamente, gracias a Dios mi hijo está por terminar la carrera de Medicina, la mayor tienen también su negocio y la menor ya me convirtió  en abuelo”, concluye.

Noble labor. Jorge González Rosas sostiene un cazón. Asegura que no le importa oler todo tiempo a pescado, porque esta profesión le permite vivir dignamente.

Por: Luis Flores Escobedo /  [email protected]