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El 2016 está por terminar y nada ha cambiado… la violencia derivada del crimen organizado sigue azotando cada rincón de México, la pobreza va en aumento, igual que el desempleo y la falta de atención en los servicios de salud y educación, la mala impartición de justicia sigue al amparo de la corrupción. No hay avance. No hay nada bueno que contar mucho. Bueno, no hay que ser tan pesimistas, el salario aumentó siete pesotes y los diputados, entre bonos, aguinaldo y un sinfín de chácharas, recibirán alrededor de un milloncito de pesos para pasar una feliz Navidad y Año Nuevo. Así de injustos son nuestros legisladores y, en general, los  partidos políticos obvios candidatos a culpables en el subdesarrollo de México, por supuesto  ellos no  aceptan que mantienen  en la pobreza a la mayoría de los mexicanos. Ni rectificaran sus “errores”, eso no está permitido en  política porque la pobreza del pueblo los engrandece, los hace sentirse  poderosos. La cultura política de nuestro país no conoce la palabra responsabilidad. Brasil, España y Corea del Sur estaban rezagados económicamente en relación con México, hoy estas naciones dejaron atrás a nuestro país. Es cierto que en los países mencionados hubo políticos que se dedicaron a ver su bienestar personal y  olvidaron de los ciudadanos, también es cierto que nadie ha dicho “yo soy el culpable”, pero rectificaron y poco a poco la economía avanzó. Aquí el 90 por ciento de los mexicanos sigue en espera de la rectificación, de la distribución equitativa de riqueza. ¿Cuánto más habrá que esperar? Eso sólo lo pueden contestar todos y cada uno de los gobernantes, sin importar el color de su partido.  Los priìstas creen que la gente ya olvidó que  gobernaron durante 71 años y sienten que con el hecho de haber dejado la casa de Los Pinos durante dos sexenios  su deuda quedó saldada, mientras que los panistas se zafan  diciendo que los problemas son la herencia que les dejó el PRI, y tienen razón, aunque deben reconocer que en doce años la política económica debió abrir una nueva brecha en la que pudieran caminar todos los mexicanos, no sólo la clase política y los empresarios de primer nivel. EL PRD, Morena, etc., etc., viviendo del discurso de la honradez y la preocupación por los pobres. Una justa distribución de la riqueza es la  verdadera  democracia. Seguimos viendo como la injusticia laboral prevalece, pues mientras en las dependencias de gobierno, por ejemplo, un subdirector de dependencias de Gobierno gana casi 100 mil pesos mensuales, más sus bonos, que no aparecen en el portal denominado “transparencia”,  en las “ofertas” de empleo que podemos ver en los diarios los empresarios de la iniciativa privada ofrecen salarios de tres o cuatro mil pesos mensuales. Eso aquí, en China o en la galaxia más lejana, se llama injusticia. ¡Ah!, pero cuando hay campañas electorales prometen empleos y buenos salarios. Si hubiera una ley para castigar a los candidatos que no cumplen sus promesas las cárceles estarían  llenas de estas personas que defraudan a quienes les dan su voto. Si tomamos esa rancia costumbre mexicana de ponernos en los zapatos de otros para entender sus errores o defectos, entendemos la actitud de los partidos porque en términos políticos es difícil reconocer los fracasos y no precisamente por su calidad humana, sino por temor a ser castigados en las urnas. Qué difícil es para muchos políticos mostrar un rasgo de humildad; algunos ya olvidaron que también pasaron penurias y muchos más, no reconocen sus fallas ni al pensar en el castigo electoral pues están convencidos con sus propios discursos, con sus propias mentiras; no se consideran ni tantito culpables del retraso económico, social y cultural de los mexicanos, y en cuanto a la cultura hay que hacer hincapié en que el deterioro de la misma ha afectado incluso a los ricos… ahí tenemos el caso de nuestro  presidente de la Repùblica, Enrique Peña Nieto, de quien no podemos olvidar que no supo decir que libros ha leído, lo que  dejó en claro que no era afecto a “ler”, como dice el secretario de Educación Aurelio Nuño, por eso, como dicen los chistes que aun circulan en la red, debió cuando menos leer Harry Potter, Cañitas o la zaga de Crepúsculo, aunque también puede ser que Paulina le aconsejó que no leyera los libros que lee la prole, esa prole que para comprar un libro tiene que sacrificar su presupuesto para enriquecer su intelecto.  Y como dicen que es de sabios rectificar, el jefe del Ejecutivo federal está ahora preocupado por la educación, la cultura y la ciencia. Ahora le falta  echarle ganas a la creación de empleos bien remunerados porque cuando comiencen a salir de las aulas los jóvenes bien preparados, que saben “ler” muy bien, necesitarán que su esfuerzo sea recompensado para no tener que recurrir al programa Sin hambre. Los políticos se creen libres de culpa cuando abusan del poder, lo peor que les puede pasar es enfrentarse a un juicio político que les hace lo que el viento a Juárez. Hay otros que se unen a este estilo de vida, los patrones de la iniciativa privada que existen gracias a la mano de obra barata.  Decían los astrólogos que el cambio del fin de siglo sería mental y vemos que la predicción fallò porque el pueblo sigue viviendo con  la esperanza de que los políticos y los empresarios rectifiquen para evitar  “errores” futuros. Dice un adagio popular que el éxito tiene muchos padres y que el fracaso es huérfano.  

Por: Helena Cárdenas / [email protected]