“El trabajo infantil es ilegal… contribuye a erradicarlo y denúncialo”.  En la página electrónica de la Secretaría del Trabajo y Previsión social apareció este mensaje el año pasado, para reforzar la campaña, iniciada en 1015, en la que, mediante spots de televisión, aseguraban, oficialmente, que de cada 100 niños que entran a la escuela primaria únicamente 15 terminan una carrera profesional, con esta cifra queda entendido que los otros 85 o se vuelven “ninis” o, como se dice en términos coloquiales, se ponen a “chambear”, con todo y que la Constitución garantiza el derecho a la educación gratuita, aunque como la palabra gratuita fue sustituida por tres terribles palabras: cuotas escolares voluntarias, la educación resulta sumamente cara para muchos padres de familia quienes no pueden pagar cuotas de inscripción que oscilan entre 200 y 400 pesos para preescolar, primarias y secundarias . En las preparatorias y bachilleratos técnicos las cuotas  no pueden evadirse de ninguna manera ya que se pagan directamente en los bancos y son de mil pesos para arriba por semestre.  De acuerdo con  las estadísticas, en el mundo existen alrededor de 168 millones de niños en condición de trabajo infantil, por supuesto, México no está al margen de este problema que habla de la falta de atención social y gubernamental hacia los pequeños quienes, dicen, son el futuro de nuestra Nación, niños que no están gozando de sus vacaciones porque tienen que trabajar para poder comer.  De acuerdo con cifras proporcionadas por el Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática  (INEGI), hay dos millones 500 mil niños trabajando, unos son  explotados por su familia, otros por personas que los secuestran para obtener dinero. El tema familiar tiene dos vertientes, la primera es la ya mencionada: obligar a los niños a trabajar, la segunda se refiere a los niños y jóvenes, menores de 18 años que ante la grave situación económica de sus hogares deciden,  ponerse a trabajar para ayudar con los gastos familiares o para solventar sus estudios de secundaria o preparatoria. La crisis económica doméstica obliga a muchos  jovencitos a trabajar como empacadores para ayudarse a pagar su transporte e insumos educativos, que sangran el bolsillo de los padres de familia y ahora el de los jovencitos que forman ya parte de la fuerza laboral del país para poder salir adelante ante la apatía del gobierno que dice preocuparse por el acceso a la educación en lugar de ocuparse realmente para terminar con este problema social.  La secretaría del Trabajo y Previsión Social, asegura que a pesar de que en México hay inversiones,  no se han visto cambios sustantivos durante los últimos 30 años, por lo que se necesitan tasas de crecimiento sólidas y permanentes del cinco por ciento. Las reformas lograron incrementar la recaudación, no la competitividad. Y como  los flagelos sociales son el pretexto perfecto para que se legisle, dicen que “el único camino” para combatir el trabajo infantil y aumentar el crecimiento en México, son “el esfuerzo y las reformas”. Mas claro ni el agua… los niños, jóvenes y todos los pobres deben seguir esforzándose para sobrevivir mientras las reformas sirven para una mayor recaudación y mayores ingresos para la clase política de alto nivel. El dinero del erario nunca llega al pueblo; se queda en las cuentas bancarias de los funcionarios, no en sus bolsillos, porque ahí no cabe. La Secretaría del Trabajo considera que la tasa de crecimiento del dos por ciento no es suficiente para  incorporar al mercado laboral 800 mil jóvenes anualmente. Sólo 400 mil obtienen empleo, mal pagados, por supuesto. Como la reforma educativa no fue aceptada por los maestros que integran la Coordinadora, oficialmente, se dice que su éxito depende de un frente común constituido por autoridades, maestros, padres de familia y sociedad civil (en ese orden), para consolidar un sistema de mayor calidad. Y como la reforma educativa no está exenta de errores y contradicciones,  ya se ha manejado el tema de que México  requiere una reforma social. La valoración intelectual de la propuesta puede evita el riesgo de querer quedar bien con todos y no quedar bien con nadie, lo que la hace  vacía. Una vez mas los niños son usados para fines gubernamentales, para que esa piedra que lanzó al aire la Secretaría de Educación caiga en el lugar preciso; sirva como cimiento para construir leyes que regulen a la sociedad. Eso es lo que entendemos como reforma social. ¿No son suficientes tantas leyes,  reformas y leyes secundarias? Para que la educación sea optima se requiere retomar dos aspectos, que sea realmente gratuita y que los maestros retomen la vocación de servicio. Esto quiere decir que el Estado destine el presupuesto necesario para que cada escuela funcione y que los maestros enseñen y eduquen porque algunos dicen que ellos enseñan y que la educación se da en las casas, por eso la violencia esta presente hasta en los planteles de preescolar. ¿Una  reforma social sacará de la pobreza a 60 millones de mexicanos? ¿Los niños que trabajan tendrán garantizada una mejor vida o todo seguirá como hasta ahora? que para tener una mejor vida hay que arriesgarla cruzando la frontera o sufriendo por la discriminación en un país donde llegará el día en que haya  más migrantes que personas nacidas en Estados Unidos.   

A fondo
Helena Cárdenas
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