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El programa denominado Ampliación de la Acción Diferida (DACA) por sus siglas en inglés, entró en vigor en agosto de 2012, siendo Barak Obama el presidente de Estados Unidos. La medida migratoria se implementó para evitar la deportación de más 580 mil jóvenes indocumentados que llegaron a los Estados Unidos siendo niños; son los llamados “dreamers”; jóvenes que, por ser menores de 16 años, cubren los requisitos para estar en dicho programa y que entraron al vecino país del norte durante el 2007 teniendo menos de 31 años al momento de ser aprobada la ley. Para los latinoamericanos y, sobre todo, para México que ve a los connacionales que viven del otro lado de la frontera norte con signos de pesos, por aquello de las divisas que obtiene a través de los envíos de dinero a sus familiares (remesas), la noticia fue más que alentadora. Barack Obama, dio a conocer el paquete de medidas ejecutivas sobre migración que permitiría la suspensión de millones de deportaciones, entre ellos los menores de 16 años que hayan entrado al país en el 2010, que son alrededor de 300 mil. De acuerdo con fuentes de la Casa Blanca, el entonces presidente, planeó, en 2014, la ampliación del programa DACA a los padres indocumentados que tienen hijos con residencia permanente o son ciudadanos norteamericanos, de esta manera aproximadamente 4.5 millones de personas se quedarían en territorio norteamericano. Pero no todo salió a pedir de boca, pues el ex presidente no recibió las recomendaciones finales del Departamento de Seguridad Nacional ya que se atravesaron las elecciones legislativas, el anuncio programado para finales del verano de ese año, se postergó para diciembre con el fin de no perjudicar a los candidatos demócratas pues las medidas que emanarían del poder ejecutivo serían rechazadas por los republicanos aunque aún no las conocieran detalladamente. Ya en junio, el Senado estadounidense, de mayoría demócrata, aprobó un proyecto de reforma migratoria, pero la Cámara Baja, cuya mayoría era republicana, prefirió aumentar los recursos para blindar la frontera. El proyecto migratorio de Obama fue detenido. Las organizaciones pro inmigrantes en Estados Unidos comenzaron una serie de protestas, que iban desde manifestaciones en las calles hasta cortes de tráfico y acciones pro migratorias en el Día de Acción de Gracias. La comunidad latina mostró una enorme fuerza en momentos electorales presionando al presidente Obama para que anunciara su decreto migratorio sin esperar el aval del Congreso a cambio le prometieron que no sólo lo recordarían como el presidente que les dio esperanzas sino que dejará un legado en la Casa Blanca. Habían pasado cinco años y medio del gobierno encabezado por Obama y la promesa de una reforma migratoria que los latinos escucharan tanto de los demócratas como de los republicanos no se cumplió. Los republicanos se mostraron un tanto temerosos porque el presidente pudo haber tomado acción ejecutiva para proteger a millones de inmigrantes lo que hubiera representado por el senador republicano de Texas, Ted Cruz, se va volviera loco y reaccionara de una manera que redefiniría a los dos partidos por una generación, consideró Frank Sharry, director de America’s Voice. En Estados Unidos viven alrededor de 12.5 millones de indocumentados y como la medida ejecutiva de Obama se frenó en dos ocasiones, desconocían si todos serán beneficiados cuando se dé a conocer. La estrategia electoral de los demócratas falló, pues los republicanos arrasaron obteniendo la mayoría del Congreso. Las organizaciones exigieron el cese a las deportaciones que, durante esa administración llegó a más de tres millones de personas. Los indocumentados vieron las medidas migratorias como un derecho humano, no como un asunto político, mientras que los lìderes del Senado y de la Asamblea de Representantes, advirtieron que usarían la mayoría republicana de ambas cámaras para terminar con la reforma al sistema de salud, conocida como “Obamacare”, considerado el mayor logro de Obama aunque en realidad los costos por ese rubro aumentaron y dañaron el mercado de trabajo y la salud de los estadounidenses, según los republicanos. Obama dijo que los republicanos tuvieron “una buena noche”, al referirse a su triunfo electoral y declaró que estaba dispuesto a colaborar con los republicanos que tomaron el control del Congreso, al que hizo un llamado para la aprobación de una reforma migratoria advirtiendo que, de no hacerlo, comenzaría a actuar en el tema migratorio mediante decretos. Los indocumentados, con todo y sus medidas de presión, esperaron que la moneda cayera para ver si ganaba Obama y los demócratas o los republicanos. Hoy los republicanos, por supuesto, por órdenes de Trump, están por acabar con los sueños de los jóvenes mexicanos que viven del otro lado de la frontera. De este lado no hay “dreamers”, la política económica no les permite ni soñar.

Por: Helena Cárdenas /  [email protected]