En el discurso que el Papa Francisco  pronunciara en la sede de la Organización de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York,   aseguró que existe un “irresponsable desgobierno de la economía mundial, guiado sólo por la ambición de lucro y de poder, advirtiendo que estas acciones deben llevar a una “severa reflexión sobre el hombre”. Ante los hechos violentos, producto del descontento de la población por el alza de las gasolinas, el diésel y el gas de uso doméstico, además de las tarifas eléctricas, etc., etc., que representará un retroceso económico de dimensiones descomunales para la mayoría de los mexicanos, recordamos estas palabras, porque la reforma energética, que en primer instancia prometió que sus productos no incrementarían de precio, fue creada sólo para satisfacer la ambición y el poder de quienes ya tienen las puertas abiertas para participar del botín que emana del sector energético, inversionistas que saben que los precios del petróleo se manejan de manera internacional, por eso le entraron al negocio, porque para ellos es redituable, no para el pueblo mexicano. Habló también de lo que denomina falsos derechos que no es otra cosa que la “distribución fáctica del poder entre una pluralidad de sujetos”, lo que hace que el poder esté limitado y resulte contrario a los ideales de todos los ciudadanos de un país ya que, como todos vemos, se concentra en grupos que son los que determinan quién puede entrar al monopolio político y quién no, de ahí que, como ocurre en México los gobernantes pertenecen a las mismas familias, al mismo grupo de amigos, sin importar el partido al que pertenezcan porque, cuando se vuelven “incómodos” en un partido, cómodamente se colocan en la cima de otro para disputarse el poder entre amigos y cerrar el paso a las bases que son quienes en verdad trabajan, sobre  todo durante las campañas.  Sus  pleitos son meramente estrategias para blindar el poder, para hacer un cerco que impida la entrada de quienes no son amigos, compadres o familiares de los aspirantes a los puestos de elección, por ello en una misma dependencia trabajan,  los amigos, compadres y familiares de los altos  jefes y de uno que otro que, bien relacionado, puede conseguir chamba para los suyos.  Las plazas gubernamentales deberían estar abiertas a toda la población, algo así como lo que se hizo en la SEP, para que pueda haber una auténtica democracia. En la visita que realizara a los Estados Unidos, el Papa Francisco hizo un llamado a la acción global por la justicia social, la calidad de la vida, la dignidad para todos y la lucha contra el cambio climático.  En el Congreso de los Estados Unidos,  indicó que: “Cada hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad personal y social. La de ustedes como miembros del Congreso, por medio de la actividad legislativa, consiste en hacer que este  país crezca como nación. Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes y están llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda constante y exigente del bien común, pues éste es el principal desvelo de la política. La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo.  A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas”. Y agregó: “Aquí, junto con sus representantes, quisiera tener la oportunidad de dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y, poco a poco, conseguir una vida mejor para los suyos. Que no se resignan solamente a pagar sus impuestos, sino que, con su servicio silencioso, sostienen la convivencia. Que crean lazos de solidaridad por medio de iniciativas espontáneas, pero también a través de organizaciones que buscan paliar el dolor de los más necesitados”. De este lado de la frontera, el discurso del Papa  llegó a oídos sordos; nuestros legisladores no entienden que deben defender la dignidad de todos los mexicanos, porque ellos no son el rostro de este pueblo; ellos no tienen en sus rostros el sufrimiento que provocan las carencias económicas, producto de la injusticia social ocasionada por los legisladores y políticos de alto nivel. Los poderes Ejecutivo y Legislativo mintieron una vez más al prometer no más alzas en los energéticos. Sabían que los precios de las gasolinas y el diésel se tendrían que ajustar este año a los precios internacionales;  saben que esto encarecerá miles de productos, sobre todo los de la canasta básica, que el transporte colectivo pedirá incrementar sus tarifas y que los flamantes siete pesos de incremento al salario mínimo no alcanzarán para solventar la vida familiar. Y ahí los tenemos, ganando más que bien, sin cumplir con su responsabilidad social.

Por: Helena Cárdenas / [email protected]

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