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Desaparecidos, ejecutados, secuestrados, narcotráfico, violaciones, extorsiones, robos, muestran el clima de inseguridad producto de un actuar apático de la administración pública. La violencia, va de la mano con la inseguridad y, como si fuera un fenómeno meteorológico inunda todo el territorio nacional mostrando ante la comunidad nacional e internacional que existe un vacío de poder.  Hay un abandono por parte del poder público en asuntos en los que es necesario sostener el engranaje, donde hay que “apretar” porque es la única forma de frenar a quienes se van por el camino del menor esfuerzo para conseguir lo que a la mayoría de los mexicanos les cuesta mucho trabajo y muchos sacrificios. Ante la falta de empleos y de salarios bien remunerados muchos hay visto en la delincuencia organizada “la oportunidad” de tener dinero aunque en su actuar se  llevan entre las patas el porvenir de millones de mexicanos, el futuro de millones de niños, la integridad de una nación; lo mismo están haciendo los gobernantes quienes no quieren enderezar el barco aplicando políticas económicas justas a sabiendas de que unos por hartazgo, otros por flojera y unos más por necesidad han pasado a formar parte de esa lista que azota a todo el país e hizo de los ciudadanos inocentes sus presas. El clima de violencia que se vive en México no es producto de los hechos violentos suscitados en los últimos años; los sociólogos consideran que el detonante fue los hechos políticos como  los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y el Cardenal Posadas Ocampo, aunados a las restricciones económicas a que sujetaron al pueblo desde la administraciòn de Carlos Salinas de Gortari. Las medidas de solución han sido equivocadas, el diagnóstico  erróneo y ha resultado peligrosa la estrategia de la lucha contra la delincuencia organizada, parece que no hay para donde jalar esa cuerda que cada día es más resistente porque no hay un cambio real, porque los focos de infección que han dado lugar a las explosiones proceden de una degradación de la moral pùblica. Los hechos insólitos que vivimos no nacieron de la nada, no surgieron por lo que los biólogos llaman generación espontánea, sino que obedecen a altos niveles de descomposición, de cinismo, de falta de honestidad, de ineficiencia y corrupción en el desempeño de las funciones públicas y el liderazgo social. Los humanos tenemos una condición que nos hace débiles por naturaleza, tendemos  a imitar conductas negativas, porque hay una misteriosa atracción hacia la maldad y rechazo a la bondad, es una dura verdad, y también lo es que cuando una sociedad jerarquiza sus valores y busca premiar las virtudes y censurar los vicios, la honradez, la vocación social, los patrones, los arquetipos sociales se viven sin soberbia, no dando cabida al narcisismo y las perversiones, así comienza a florecer una mejor raza humana, hay mejores épocas para los pueblos, mejores días para quienes recién llegaron a esta tierra de penurias, los niños. La democracia no se refiere únicamente al respeto al sufragio sino que debe aplicarse al cumplimiento de la palabra empeñada, porque los ciudadanos están atentos a las virtudes de sus gobernantes, al correcto ejercicio de las funciones públicas, quieren que las buenas acciones de los funcionarios públicos permeen a toda la sociedad para  afianzar los valores y llegar a la superación en comunidad y en el aspecto familiar. Hay quienes respingan cuando se habla de que la política tiene mucho que ver con la ética y la moral, porque para ellos el robo o la alteración de un resultado electoral se hace aplicando el dicho de que el fin justifica los medios y no se ponen a pensar que están privando al pueblo de su soberanía, que están mutilando sus ideas, su libertad de elegir, su derecho a hacer la historia del país. EL poder está sujeto a reglas poco rectas,  ese es el ejemplo que se da a los ciudadanos a quienes se les pide respetar las reglas. Es como si un padre alcohólico le exige a su hijo que no tome… la respuesta del hijo es siempre “con que calidad moral me exiges eso”. Los que creen que el poder es para poder hacer lo que les da la gana (valga la redundancia), los que viven así y lo practican deben estar felices de ver a México enfermo por tanta violencia, por una total carencia de democracia real, porque los verdaderos valores no son promovidos públicamente, porque prevalece el desorden y la falta de respeto a la vida. Esta es la realidad mexicana con su persistente inmoralidad, esto es lo que los niños están aprendiendo, pues ellos ven como se trastocan los valores en lugar de reconocerse y premiar las conductas positivas, la vocación de servicio, el altruismo porque quienes dirigen al país son presas del egoísmo y no dejan que los demás progresen a la par de ellos y sus familias y amigos. Los malos ejemplos orillan a la deformación en el concepto de la vida, así se pierde el respeto y la dimensión de las acciones y se atreven a disponer del prójimo sin miramientos. El presidente Enrique Peña Nieto manifestó que desea que “todos jalen” para que pasado mañana se reanuden las clases en todo el país, deseo al que se unen millones de mexicanos que quisieran, de igual manera, que todos los gobernantes  jalen parejo para que el pueblo no siga rezagado… olvidado.